El drama que esconden las tuberías viejas en Cali

El drama que esconden las tuberías viejas en Cali

Abril 19, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Diane Palacios | Especial para El País
El drama que esconden las tuberías viejas en Cali

Calle 1A entre carreras 61 y 62. Las tuberías se dañan, son reparadas y vuelven a dañarse en cuestión de horas.

Los ductos que mayores problemas presentan son de asbesto-cemento, tienen más de cuarenta años y son el 30 % de la red de acueducto. Los afectados sufren desabastecimiento del líquido por largos periodos.

La  vida de los habitantes de algunos sectores de los barrios Pampalinda, El Refugio y Cuarto de Legua cambió radicalmente  el año pasado, cuando los cortes del servicio de agua, que antes eran esporádicos, se convirtieron en una situación de todos los días.

Hace dos años, esta zona presentaba problemas de presión baja porque era ‘cola’ de red de la planta de Puerto Mallarino. Esto significa que se encontraba en el último tramo de la red de distribución de agua, por lo que el líquido perdía  presión en el trayecto y llegaba con poca potencia a los usuarios.

Debido a los constantes llamados de atención de los vecinos a la empresa,  esta decidió cambiar el abastecimiento de la zona a la planta del río Cali, pero cuando esto sucedió, las tuberías, que tienen más de cuarenta años de antigüedad, comenzaron a romperse.   Desde entonces, largos periodos de desabastecimiento son interrumpidos por la llegada, en la noche o a la madrugada, de pequeñas cantidades de agua a muy baja presión. 

Mario Mendoza, residente de la primera etapa de la Unidad Residencial Puente Blanco,  asegura que el desabastecimiento que sufren hace seis meses “ha deteriorado  la salud de todos”.

Mario tiene una limitación visual que le impide llevar el  agua, por lo que su esposa, una persona de la tercera edad, como muchos de los moradores del sector, tiene que hacer el trabajo pesado: cargar baldes llenos de agua varias veces al día, desde un depósito artesanal adquirido por la unidad, hasta su apartamento, en un tercer piso. 

“Nos ayudan los aseadores, pero ellos tampoco  tienen por qué estar en esa situación, ni mi esposa. Beber agua guardada de un día para otro no es lo mismo, se calienta, coge un sabor amargo... como a tierra”.

El depósito artesanal de la unidad se encuentra al lado de la portería y consta de seis tanques de almacenamiento, que los residentes compraron con el pago de cuotas extraordinarias. Esta   solución es recurrente en las residencias y locales comerciales afectados.

Augusto Arias, quien vive  sobre la Calle 1A entre carreras 61 y 62, también compró tanques y la solución que ha encontrado para poder bañarse es hacerlo en el gimnasio.

“Voy allá aunque quede retirado. Me levanto a las cuatro y media de la   mañana  y el  fin de semana, como no voy al gimnasio, me tengo que levantar a la madrugada para ver si alcanzo. Eso no es calidad de vida”, cuenta.

Los ciudadanos dicen no saber qué es disfrutar de una ducha hace meses, pues todos los días deben utilizar ‘totumas’ y baldes; además, no tienen agua para cocinar, asear a los niños, limpiar sus viviendas o refrescarse cuando tienen sed. A esto se suman  las complicaciones de enfermedades óseas y musculares, que según los vecinos, se agravan por el acarreo de agua. 

“Yo tuve que hacer terapias en un brazo porque el peso de los baldes me afectó”, cuenta Rosalba, la esposa de Augusto.

Diego Hernán Bolaños, jefe del Departamento de Distribución de Agua Potable de Emcali, señala que las causas son muchas, pero que en este caso todas tienen el común denominador  de la edad de las tuberías y el material del que están hechas. 

“Son tuberías  de asbesto-cemento con más de cuarenta años. No aguantan las modulaciones  que hemos hecho en las válvulas para tratar de garantizar una buena presión. El 30 % de las redes de la ciudad es de este tipo”, explica. 

El funcionario agrega que antes de ser implementadas, las modulaciones se simulan en el Centro de Control Maestro de Emcali, pero que los programas utilizados no tienen en cuenta  la edad o el material de las tuberías, por lo que preveer el daño “se hace más complejo”.

Además de la  rotura de las tuberías, el desabastecimiento en muchas zonas de la ciudad se debe, según el funcionario, al mal tiempo que afectó obras como la instalación de una zaranda (rejilla) en la planta del río Cauca y los efectos de los temblores presentados en marzo, que dispararon los daños. “En un día el promedio es de  ocho a diez y el 17 de marzo tuvimos 48”, dice.

Para atender las emergencias Emcali cuenta con 6 operarios, 2 retroexcavadoras y 2  volquetas  y un tiempo de atención que no debe ser mayor a las diez horas y media, pero según los afectados sobrepasa las doce  y el arreglo del hueco que queda en la calzada tarda días o semanas en solucionarse. 

Según Bolaños, esto se debe a la lejanía de la escombrera autorizada por el Dagma, ubicada en la vía a Candelaria.   

Para la ingeniera Verónica Manzi, docente de la Universidad Autónoma, la situación descrita en el caso  de  Pampalinda puede deberse a un error operativo por parte de la empresa o  a circunstancias adversas como los temblores, las raíces de los árboles que rompen los tubos, las conexiones que otras empresas hacen mal o porque el daño no se había evidenciado antes.     

Por otro lado, aclara que el que una tubería tenga muchos años no quiere decir que deba remplazarse, pero  su mal estado     afecta incluso  la  reparación de las vías. 

“El problema es la desconexión institucional. Los planes de inversión no se hacen en conjunto, como ocurrió con la construcción de  los corredores del MÍO”, comenta. 

El secretario de Infraestructura,  Miguel Meléndez, explicó recientemente que gran parte de los daños en las  calles de Cali se debe a las filtraciones, que en buena medida se originan por las raíces de los árboles que rompen tuberías. Por lo tanto, como advierte el subsecretario Carlos Hurtado “es necesario intervenir  las redes de acueducto   antes que las vías porque de lo contrario es plata perdida”.   

El  panorama del daño, al menos en Pampalinda, es para Verónica Manzi, “irreversible” y recomienda evaluar la posibilidad de incluir el sector como una prioridad en el plan de inversiones.   Pero, Eduardo Arbeláez, director de Planeación de Emcali, dice que dicho plan “para este año está  copado y para priorizar se necesitan unos diseños que todavía no hay”.

Recursos para reposiciónGermán Marín Zafra, gerente encargado de Emcali,  explicó que durante la intervención  por parte de la  Superintendencia de Servicios Públicos, la  infraestructura no  tuvo inversión porque la prioridad era el pago de deudas.         El presupuesto que Emcali va a invertir este año   en el acueducto es de $230.000 millones, además de los recursos que se gestionan con el gobierno de $220.000 millones, dice el funcionario. Aún así, los daños, al ser estructura-les, tardarán en repararse. 
Las soluciones y sus perosLos planes de inversión son controlados por   la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA), que vigila su estricto cumplimiento, pues eso influye en las tarifas cobradas a los usuarios. Sin embargo, se pueden hacer modificaciones cuando el caso pasa a prioridad. Para un plan de inversiones entre el 2016 y el 2024,  el Estado entregará a Emcali $1,1 billones, pero  estos dineros no pueden usarse en reposición de redes porque así lo señala la ley.  El pasado jueves, delegados de Emcali se reunieron  con la comunidad y se acordó que la empresa se comprometía a iniciar diagnósticos y diseños en la zona  y a agilizar la atención de los daños, hasta tanto se puedan reponer las redes.

 

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad