“El desarme parcial es una limosna”: Monseñor Darío de Jesús Monsalve

“El desarme parcial es una limosna”: Monseñor Darío de Jesús Monsalve

Abril 20, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapié | Reportera de El País
“El desarme parcial es una limosna”: Monseñor Darío de Jesús Monsalve

Monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali.

El arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve, denuncia sin miedo pero aclara que no se cree el más valiente. Dice que a la mesa de La Habana “le faltan patas”. Diálogo con un hombre de Dios.

Monseñor Darío de Jesús Monsalve conoce el miedo. En sus 32 años como sacerdote y 21 como obispo lo ha tenido al frente. Sabe que hay quienes utilizan las manos para matar. Entonces él los esquiva. Pero no lo hace con guardaespaldas ni con carros blindados. El arzobispo de Cali, ese enemigo de las armas por convicción, se aferra solo a la protección de Dios. Por eso él habla así, tan firme, tan vehemente, de temas en los que muchos prefieren callar: la corrupción en el manejo de las armas, los vacíos del proceso de paz, las fallas de las medidas contra la violencia en Cali. Pero monseñor no solo vigila a las autoridades, él también se evalúa a sí mismo: todos los días el religioso antioqueño, que se ha convertido en la voz de esa Cali cansada de callar, le pide perdón a Dios. “Porque quizá yo soy el más pecador de todos”. Monseñor, ¿en Semana Santa por qué debemos pedir perdón los caleños?Su pregunta es clave porque el perdón es la cultura que hay que generar en la sociedad y yo estoy relacionando ese perdón con dimensiones concretas. Si hablamos de las siete palabras, yo diría que la primera es la del perdón, que implica el desarme de los espíritus, pero también la desmilitarización del Estado colombiano. Hemos utilizado las manos para matar y hay demasiadas armas y manos disponibles a usarlas.Usted ha tocado un tema en el que ha sido muy crítico: el desarme. La Tercera Brigada aceptó extender la restricción al porte legal de armas hasta el próximo mes, pero solo en 16 comunas de la ciudad, ¿cree que eso fue un contentillo?Sí, esas limosnas de desarmes parciales no tienen mayor impacto, aunque pueden producir resultados transitorios. En Colombia el tema de las armas se maneja con un sentido equivocado: se permite que el Ejército las ampare, cuando se supone que este fue creado para desarmar a los civiles. Allí hay una gran contradicción.Los militares y el propio Ministro de Defensa siempre justifican la no aplicación del Plan Desarme con la misma frase: “las personas de bien merecen tener cómo defenderse”. ¿Usted sí logra entender qué es eso de “personas de bien”? Eso es lo más absurdo que he escuchado y, con todo respeto, lo he corregido cuando las autoridades usan esa expresión porque indica ese carácter clasista que divide a los ciudadanos entre buenos y malos, y que cree que aquel que tiene plata para comprar un arma y ampararla, entonces es una persona buena. ¿No será que detrás de esas “personas de bien” están unos gremios de Cali que presionan para que no haya un Plan Desarme? Sí, pero más que presiones, hay propinas y eso es lo que tenemos que evitar porque en el manejo de las armas la corrupción es letal, es muy grave. Usted ha sido tan activo con los temas que afectan a Cali, que hay quienes dicen que lo ven y escuchan más a usted que al mismo Alcalde...Es que el Alcalde solo dura cuatro años, pero los obispos a veces duramos más de la cuenta (risas). Yo lo que he buscado es generar una mayor participación de la Iglesia y la sociedad caleña en los propósitos del Evangelio, por eso estamos impulsando el Observatorio Social, los Rosarios al Sitio y muchas experiencias para que la población católica y no católica tenga nuevos espacios para interactuar. >Eso pasa también en Buenaventura con el obispo Héctor Epalza, quien ha sido uno de los pocos que ha denunciado los hechos atroces que ocurren en el Puerto, ¿acaso el silencio de los gobernantes y las autoridades ha convertido a algunos religiosos en la única voz del pueblo?Yo creo que la ciudadanía debe tener un vocero, porque yo no anhelo ser una voz sino un vocero. Pero es cierto que el vacío de organizaciones sociales y la crisis de los sindicatos y partidos políticos ha dejado a la gente en manos de los armados y por eso la Iglesia Católica ha permanecido como el único tejido para muchas personas. Monseñor, ¿usted cree que Cali se acostumbró a la violencia?Cali no se acostumbró a la violencia, sino a la indiferencia, porque tomar cartas en el asunto se ha vuelto muy peligroso. Si usted auxilia a alguien, lo involucran en problemas, entonces hay que generar una cultura ciudadana que haga grata y viable la solidaridad.¿Está satisfecho con lo que está haciendo el Gobierno local para atacar la violencia en Cali?Qué le digo yo. Yo admiro la disponibilidad de nuestras autoridades, los esfuerzos de la Policía y el deseo del Alcalde de hacer las cosas bien. Pero ese deseo no es suficiente y usted mismo ha reconocido que ve muchos “gestos” en la Alcaldía, pero pocos “procesos” para una ciudad tan crítica como Cali... El problema de Cali ha tomado mucha ventaja y no sé si la envergadura de las acciones políticas y de Policía esté a la altura de esa realidad. Los hechos son preocupantes, pero indican que la población no es violenta sino que carece de una guía de convivencia. Por eso hay que hacer una mayor intervención en el tema psicosocial. Hace poco se conocieron amenazas a unas monjas que trabajan en el oriente de Cali, ¿hay una persecución contra los religiosos en la ciudad?Sí, hay alguna dinámica en algunos barrios de persecución anticatólica porque les fastidia la presencia de estas comunidades o porque estas no ceden a las demandas que algunos les pueden estar haciendo. Las religiosas trajeron las copias de esos anónimos que les llegaron y me contaron que era la segunda vez que ocurría. Yo solo espero que quienes hacen eso, manden otro anónimo para retractarse. ¿Y usted, monseñor, se ha sentido perseguido? ¿Lo han amenazado?He descartado de antemano recibir amenazas, así que cualquiera que me manden es tiempo perdido porque yo no las recibo ni las leo ni las escucho. Tengo como principio eso, porque yo solo estoy para ayudar a la gente. Tampoco es que me crea el más guapo ni valiente porque conozco el miedo y no quiero desafiar a nadie que le guste utilizar la amenaza y la muerte. Usted dice que ha conocido el miedo, ¿a qué le teme el Arzobispo de Cali?A uno le asusta mucho la calumnia, la intolerancia. A veces nosotros hemos sido muy señalados por gentes que se dedican a enviar anónimos. Pero más allá de sentir incomodidad, eso no me desvela. Mi gran preocupación es responder siempre a la voluntad de Dios. Monseñor, si usted dice no creerse el más valiente, ¿por qué siempre se ha negado a tener escoltas?(Risas) Es que yo no considero un obispo con guardaespaldas, eso no me parece, respeto mucho a aquellos que los deben tener, pero creo que es un contrasentido. Los guardaespaldas nuestros son siempre el Espíritu Santo y la protección de Dios. Usted hace muchos años participa en labores humanitarias; el año pasado el ELN lo invitó a la liberación de un ingeniero canadiense, ¿ha tenido nuevos acercamientos con ese grupo?Ya he participado en tres liberaciones del ELN y también he tenido algunos encuentros en cárceles con prisioneros de esta guerrilla que están autorizados para conversar conmigo. Esto lo he hecho para construir la paz. ¿Y qué tan cerca ve un acuerdo entre el ELN y el Gobierno? ¿Hay avances? Lo veo difícil. El ELN está planteando términos muy exigentes para una agenda previa, relacionados con el tema minero-energético. Pero creo que se está avanzando, me da la impresión de que el Gobierno ya tiene un equipo trabajando en eso y el ELN también. Hay ya algunas cosas predefinidas, pero no sé si concertadas. Las Farc están sentadas en una mesa de negociación, pero siguen cometiendo atentados que afectan a la población civil, ¿usted les cree cuando dicen que quieren la paz?Dudo mucho del camino que han escogido las Farc y el Gobierno porque es muy ambiguo. Hay una mesa de diálogo en La Habana muy desconocida para la población y casi que irritante para algunos. Me parece que a esa mesa le faltan patas. Le ha faltado una convocatoria nacional hacia un proyecto de paz, porque hasta ahora la paz se ha tomado más como una bandera política y electoral que como un proceso social. Pero yo, por principio, apoyo esa negociación y estoy dispuesto a hacer lo que esté a nuestro alcance para que esa mesa no se caiga.Sus posiciones críticas al Gobierno y los militares han hecho que muchos lo califiquen como un religioso de izquierda y hasta comunista...Sí, algunos me dicen que les da susto hablar conmigo, que porque yo solo hablo de desarme. Pero creo que quienes me conocen hace 20 años saben que he sido invariable en esta línea, que no es de ofensa sino de reflexión.Pero, ¿es cierto que a usted algunos militares le producen rabia?(Risas) No, yo tengo muchos amigos en el Ejército y tengo mucho aprecio por los militares, lo que pasa es que me ha tocado denunciar cosas, como ‘falsos positivos’ o el tráfico de armas, porque alguien tiene que hacerlo. Monseñor, usted dijo alguna vez que no se debía entregar un “evangelio congelado”, pero hay quienes dicen que la Iglesia debería evolucionar porque hay un agotamiento de las normas tradicionales religiosas...Hoy hay un momento muy lindo que se llama Francisco. El Papa está marcando una era muy interesante para repensar muchos asuntos del Evangelio. Yo he dicho que no debemos dramatizar tanto el pecado, sino relativizar más el sufrimiento de la gente porque eso era lo primero que miraba Jesús.¿Y usted cree que el Papa Francisco sí traerá cambios en temas tan polémicos como el celibato, el matrimonio homosexual, el aborto?Yo creo que él va a generar actitudes más abiertas a la compresión y por qué no a la valoración. Hay temas que usted menciona, como el celibato, que hay que replantear porque la crisis de pederastia en la Iglesia es muy grave. Es decir que usted sí es flexible frente a esos temas...Yo creo que es necesario repensar algunas realidades. Yo no uso esos conceptos de homosexual o heterosexual porque la experiencia nos invita a ver las cosas de una manera distinta. Jesús nunca mencionó esos términos.Empezamos esta entrevista hablando del perdón, ¿usted, monseñor, por qué debe pedirle perdón a Dios?Tengo que pedir perdón porque a veces soy hiriente con lo que digo, porque algunas personas se han sentido excluidas de mi ministerio pastoral, porque de pronto la gente espera de mí un acompañamiento espiritual y yo soy más propenso a lo social. Y hay mucha gente que me enrostra otros pecados.¿Y para usted cuál es su mayor pecado?(Risas) No debería reirme, debería más bien llorar porque yo soy quizá el más pecador de todos. Creo que los pecados que más cometo son el egoísmo y el egocentrismo, muchas veces es el “yo” el que me guía y yo quisiera que siempre fuera el “tú”, que es Dios. Por eso todos los días le pido a él que me libere de mí mismo.

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