'El Bosque de Niebla de San Antonio', obra que recupera el tesoro hídrico de los caleños

Diciembre 09, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País.

El Bosque de Niebla, una Historia Centenaria, es una obra bilingüe, escrita en inglés y español y tendrá 2200 ejemplares en su primer tiraje. Hoy, a las 6:30 p.m., será presentada en el Zoológico de Cali.

[[nid:489316;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/12/ep001062056.jpg;left;{Lucía Salazar y la portada del libro El Bosque de NIebla de San Antonio Una Historia Centenaria, que presenta hoy.Jorge Orozco | El País.}]]Hasta hace dos años  Lucía Salazar Cardona sabía que  San Antonio, zona rural de Cali por la vía al mar, era conocido por sus lindos paisajes, su delicioso clima frío y   como sitio ideal para el avistamiento de aves.

Cuando Cali fue escenario de la Feria de las Aves, se dio cuenta que la zona albergaba  más que un bosque verde o la montaña que todos los caleños contemplamos desde la vía al mar. Fue cuando supo que San Antonio y el Kilómetro 18,   eran un  punto caliente. Esa expresión,   en términos de ecosistema, significa que  es un lugar privilegiado del planeta donde se concentran todas las bondades de la biodiversidad que encierra  en sus entrañas un bosque de niebla.

Como directora editorial del Grupo Áureo Editores, firma dedicada a la recuperación de  memoria a través de libros de gran formato, sintió que este  lugar emblemático de Cali merecía una publicación que estuviera a la  altura de este bosque de niebla que se erige entre los 1700 hasta los 3000 metros sobre el nivel del mar.

Conformó un equipo de investigadores, liderado por Gustavo Kattán, biólogo de la Universidad del Valle, doctor en conservación de bosques y en ornitología, como director científico de la obra, entre otros expertos, y  se adentraron  como Arturo Cova,  vorágine adentro en busca de un tesoro que a medida que ascendían les develaba mayores  riquezas.

Lucía, comunicadora social egresada de la Universidad del Valle, cual bióloga estuvo en varias expediciones que sumaron cuatro meses y  una investigación que demoró 20 meses y en la que el fotógrafo Juan Diego Castillo tomó 5900 imágenes.

Y el libro comenzó a tomar forma, porque en el camino desenterró varios hallazgos que brillaron ante sus ojos como oro verde:  primero que en 1911, se había cumplido la primera expedición científica a este bosque, realizada por un equipo de investigadores del Museo de Historia Natural de Nueva York, liderada por Frank M. Chapman. Como dato curioso, halló  que en 2011 se reunieron 400 científicos provenientes de diversos lugares del planeta, en la Universidad Javeriana de Cali, para celebrar los 100 años de la llamada  Expedición Chapman.

 Ese descubrimiento le fue confirmando la importancia de este bosque de niebla,  que está a solo 20 minutos de Cali, ciudad que  está sobre un valle tipo  bosque tropical seco,  entorno natural  disímil al bosque nublado, cuya característica principal es ser una fábrica de agua.

“Eso significa que es un lugar mágico,  donde convergen una fauna y una flora especiales porque está ubicado en el filo de la Cordillera Occidental de los Andes,  rico en diversidad de una  vegetación especial que la convierten en una  máquina hídrica natural, que irriga hacia un costado el río Dagua y hacia el otro,  los ríos Felidia y Pichindé, que conforman el río Cali y al final  desembocan en el  río Cauca”, explica Lucía.

 

El bosque se fue abriendo a sus ojos con su universo de animales, insectos multiformes, aves variopintas y una infinita  variedad de especies vegetales:  desde los árboles más altos y de amplio follaje y hojas de gran formato  hasta las flores de formas y colores exquisitos.

 Y los más importantes, los diminutos hongos y musgos que actúan como esponjas que recogen y  sostienen las gotitas de agua de la niebla, las van decantando y  dejándolas caer sobre la tierra, en lo que se conoce como el sistema de lluvia horizontal que convierte el bosque en una verdadera mina de agua.

 “Somos muy ricos en agua, pero la falta de cuidado, la deforestación, la tala de árboles, la contaminación de las minas, la  ganadería, la agricultura y la siembra de especies no nativas y el creciente número de  habitantes,   amenazan el área”, denuncia.

A lo cual propone que   el Estado ya no debería otorgar más registros de construcción, que los campesinos deben cultivar bosques sostenibles y  que la ciudad y los empresarios compensen económicamente por ello. “Buscamos mostrar esta riqueza para  motivar a promover, cuidar, conservar, restaurar, proteger y crear más bosque, eso implica más riqueza para nosotros como ciudad”, enfatiza.     

[[nid:489319;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/12/ep001062111.jpg;full;{}]]

El libro documenta cómo la Expedición Chapman salió desde Nueva York y llegó a Buenaventura en vapor. En el Puerto  se encontró con William Richardson, quien había llegado antes, y se trasladaron  en tren hasta Cisneros y desde ahí en adelante en mula. Chapman y su equipo se hospedaron  en la Hacienda Manuelita de  los Eder, y luego,  tres meses en San Antonio, en la Hacienda Apolinar, hoy conocida como finca Las Nieves.

 Lo más valioso  es que dicha expedición realizó un inventario documentado de aves y de  las especies vegetales y animales encontradas en el bosque de niebla de San Antonio, con sus respectivas ilustraciones realizadas por el dibujante Louis Agasiz Fuertes, que vino con Chapman. Documentación que reposa en la Universidad de Cornell, Estados Unidos, y en el Museo de Historia Natural de Nueva York y empezó a generar conciencia entre científicos del mundo que comenzaron a valorar la zona.

  Razón de peso para que el prólogo de esta joya editorial esté a cargo del actual director del Departamento de Ornitología del Museo de Historia Natural de Nueva York, Joel Cracaft,  quien viene a Cali para asistir al lanzamiento del libro que será hoy  9 de diciembre a  las 6:30 p.m. en el Zoológico de Cali. Y el punto final lo puso con su epílogo, Leonardo Sáenz, director de Ecohidrología de Conservación Internacional, con sede en Washington.

También desentrañaron que en 1959 hubo una segunda expedición realizada por Alder Miller, quien llegó atraído por los informes de la Expedición Chapman y se quedó un año redescubriendo a lomo de mula el tesoro nublado de San Antonio.

Y en 1989-1991,  Kattán,  Humberto Álvarez y  Manuel Giraldo, biólogos de Univalle, hicieron una tercera travesía para documentar e inventariar su biodiversidad actual. Esto permite ver cómo  cambió el bosque en un siglo. Por eso Lucía   tituló la obra: ‘El Bosque de Niebla de San Antonio Una Historia Centenaria’. 

El tercer hallazgo es que San Antonio  y sus alrededores son una zona de paz. En los cuatro meses de expediciones realizadas  para el libro –toda la fotografía es inédita, con  pocas excepciones– pudieron  hacer excursiones a las entrañas de la montaña,  mañana y tarde, al amanecer y al anochecer,  y en total tranquilidad.

    Una madrugada encontraron un camino demarcado en lo alto de la montaña y el guía, Tomás Muñoz, un profesor y  restaurador de bosques, a quien los niños llaman cariñosamente El Gato con Botas, le dijo: “No está  usted pisando solo la tierra; está pisando  la historia de nuestro país; este era el camino de los guerrilleros para ir de Cauca a Chocó; por aquí pasaron los secuestrados del Kilómetro 18, de La María y los diputados del Valle”.

 Fue cuando Lucía tuvo conciencia de otra joya invisible: que San Antonio y los Farallones son   territorios de libertad, de paz, que los caleños pueden volver a explorar, ir a recorrer y ojalá se conviertan en alternativa de ecoturismo o turismo de naturaleza. “Lo que antes era considerada una zona roja, ahora se abre ante nosotros como un territorio de paz”, concluye.

EquipoPrólogo: Joel Cracraft Ph.D.  Director de Ornitología del Museo de Historia Natural de Nueva York.Escritores científicos:  Gustavo Kattan, Ph.D. Jorge Orejuela, Ph.D.Fotografías:  Juan Diego Castillo, Christo-  pher Calonje, Francisco Piedrahíta, Sergio Bartels- man y archivo.Epílogo:  Leonardo Sáenz Ph.D.

 

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