El arquitecto que le cambió la cara a Guayaquil, ahora habla de Cali

Abril 10, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
El arquitecto que le cambió la cara a Guayaquil, ahora habla de Cali

El arquitecto ecuatoriano Douglas Dreher.

Douglas Dreher, arquitecto especialista en regeneración urbana, habla sobre cómo Guayaquil recuperó su centro, proceso similar al que adelanta hoy en día Cali.

Guayaquileño de padre italiano, veloz de palabra y apasionado cuando habla sobre cómo crecen y se transforman las ciudades. Es Douglas Dreher, arquitecto de 39 años, quien hizo parte del proceso de recuperación urbanística del centro de Guayaquil (Ecuador) y hoy cuenta que sus habitantes pasaron de la vergüenza al orgullo en lo que tiene que ver con su ciudad. Se trata de una de las experiencias de renovación urbana más exitosas de latinoamérica, con la revitalización del entorno del río Guayas a lo largo de un corredor de casi cuatro kilómetros, pasando de ser un escenario deprimido a motor del turismo de esta región. En momentos en los que Cali también pasa por una etapa de cambio y le apunta a recuperar su zona céntrica, El País habló con este especialista en regeneración urbana, quien enfatiza en la necesidad de volver a habitar estas áreas, “alma” de las ciudades. El corazón de Guayaquil era, hace más de una década, caótico y gris. Hoy atrae a cientos de turistas y es no solo usado sino disfrutado por sus habitantes. ¿Qué pasó en esta ciudad para que se diera el cambio?Hasta 1994 la ciudad había sufrido unas devastadoras consecuencias de improvisados y demagógicos gobiernos locales. Llega una oportunidad luego de ser elegido como alcalde el ex presidente (ingeniero) León Febres Cordero. Lo primero, entonces, fue un giro político...Total. Para mediados de su primer mandato surge la iniciativa de un grupo privado que está interesado en la regeneración de un sector importante de la ciudad, que es el borde fluvial del río Guayas, que da hacia la zona céntrica, donde había muchos elementos históricos y patrimoniales importantes. Pero había una situación: edificaciones de gran inversión de hasta 41 pisos, que daban hacia un espacio público degradado, inseguro en las noches y feo. Desde los años 60 el centro se fue especializando en oferta de servicios, lo que hacía que funcionara de 9:00 a.m. a 6:00 p.m. y que después todo el mundo lo abandonara, eso trae como consecuencias inseguridad y descuido. Algo similar a lo que se está viendo en Cali, donde el centro se ha ido deshabitando. Justamente lo que se busca con el nuevo POT es lograr redensificar esta zona, traer de nuevo a la gente...La teoría de la regeneración urbana dice que no debemos causar más presiones a las periferias de nuestras ciudades porque estamos causando presión también a lo que nos está sosteniendo ecológicamente (de donde sacamos la comida y están nuestros árboles). Pero en las ciudades modernas lo que pasa es que estamos migrando para esas periferias, intentando huir de la inseguridad. La degradación de los centros urbanos justamente viene por su alta especialización en comercio y servicios, lo que hace que funcionen en determinadas horas y sean abandonados en las noches. Lo que se pretende es apuntar al uso mixto del centro urbano, es decir, al revitalizarlo con una regeneración en la que debe primar la revalorización del capital arquitectónico, ambiental, cultural y atraer nuevamente a la gente a vivir en estos centros. Es posible habitar arriba y tener el negocio abajo, eso hace que las personas estén cerca de su trabajo, no tengan que movilizarse y que la contaminación sea menor.¿Además de recuperar urbanísticamente el espacio público, de qué otras herramientas se puede valer una ciudad para volver a poblar su centros?Mucho depende de la regulación de los municipios para favorecer estas acciones. Se puede estimular a los promotores inmobiliarios con ciertos beneficios, se tienen que regular y crear nuevas ordenanzas para categorizar estas zonas, cambiar usos del suelo cuando sea necesario, exonerar de impuestos. Cuando una zona se revitaliza, por poner un ejemplo, el caso del Malecón de Guayaquil, la visitan millones de personas al año, lo que convierte esos esfuerzos en un beneficio importantísimo para todas las manzanas que estaban atrás de este borde fluvial. Hubo mucha gente que deseó volver a vivir ahí y ahora hay un gran desarrollo inmobiliario. Entonces, en cada ciudad, como en Cali, hay que analizar las fortalezas, debilidades y oportunidades de estos centros urbanos y qué podemos rescatar. Si yo quiero revitalizar el centro de Cali tengo que crear unas ordenanzas para repoblarlo.En el caso de Guayaquil uno de los puntos clave fue la participación de la gente, ¿cómo se dio esto?Había un gran interés del sector privado, que confluyó con ese momento político especial. Se diseñó una estrategia por etapas para ir generando credibilidad entre la población, dado que se generó un plan de donaciones, según el cual los ciudadanos podían dirigir el 25 % de sus impuestos a esta obra en particular. El día que se inauguró la primera etapa del Malecón (1999) y la gente vio el proyecto hecho realidad, el incremento de las donaciones fue impresionante. ¿Cómo funcionaban las donaciones?Era simplemente que de lo que usted tenía que pagar del impuesto a la renta, el 25% lo podía dirigir a la obra. Era voluntario. El 80 % de los ciudadanos de Guayaquil fueron donantes, eso es hacer participar a la sociedad. Se hizo un monumento a los donantes y la gente se sentía orgullosa de hacer parte de esta obra, que vieron traducida en realidad, en cosas concretas. Los latinoamericanos estamos cansados de los políticos que prometen y no cumplen, acá había mucha incredulidad. Usted dice que más allá de la transformación física, esto derivó en un cambio del espíritu de la ciudad....El cambio fundamental en Guayaquil no es el hecho de que el Malecón quedó de degenerado a regenerado, sino que la sociedad entera haya cambiado, nos reeditamos como guayaquileños, porque se restituyó una identidad y se restableció esa pertenencia de ciudadano. Lo que se fue dando fue recuperación del orgullo de quien se sentía avergonzado de ser guayaquileño. Entonces la gente comenzó a no botar la basura a la calle, a conservar el orden. Es un proceso de años, en el que a través de obras que incluyen a la gente se recupera el autoestima de una sociedad.Otra lucha fue contra la apatía y la desconfianza en el sector público en cuanto al uso de los recursos... La credibilidad y la transparencia son muy importantes, eso es un problema a nivel de toda Latinoamérica, donde estamos acostumbrados a que nos roben. Justamente el modelo de gestión acá, que fue el crear una institución especialmente dedicada a la planificación, a la construcción y al mantenimiento de este paso público, como una fundación: ‘Malecón 2000’, que era sujeto de vigilancia del Estado y tenía los ojos de todos los entes de control. En el proyecto de Guayaquil limitaron la altura de los edificios, privilegiando los árboles antes que el cemento...Nosotros teníamos una gran masa arbórea que fue respetada al 100%, el diseño se tuvo que forjar en función de la vegetación existente. La condición número uno era que los árboles y la vegetación tenían que ser respetados. Por ejemplo, si había edificios alrededor del Malecón nuestra normativa específica era que no fueran más altos que los árboles existentes. Además, lo que hicimos fue crear destinos turísticos justamente en las zonas más marginales, que no es ninguna receta novedosa. Cuando pienso en ello me viene a la mente la biblioteca que hicieron en esa comuna deprimida de Medellín, yo iría a visitarla solamente por ver la obra arquitectónica, que es premiada y alabada en todas las revistas especializadas. Todo esto dio como resultado en Guayaquil que de un día para otro tuviéramos a 20.000 personas recorriendo la zona haciendo turismo, lo que generó fuentes de ingresos para muchas personas, que se vieron beneficiadas con la obra al menos poniendo en su propia casa una venta de gaseosas.

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