Educreando, la segunda oportunidad de niños y jóvenes en El Calvario

Julio 31, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Silvana Vargas y Juliana Bastidas, semillero UAO - El País
Educreando

Danny Posso, profesor de teatro de Educreando, estimula en los muchachos de El Calvario asuntos como el trabajo en equipo, el respeto hacia el otro, la comunicación y la participación con diferentes actividades lúdicas y deportivas.

Fotos: Bernardo Peña / El País

Mientras cientos de personas en la ciudad duermen un sábado a las 8:00 de la mañana, Angie Ruiz, una caleña de 27 años, va camino a cambiarle el día y la vida a más de 31 niños entre los 4 y 14 años de edad, que cada ocho días, al igual que ella, llegan a Educreando, una fundación que brinda educación gratuita a niños y jóvenes vulnerables del barrio El Calvario de la ciudad de Cali desde hace aproximadamente dos años.

Teatro, inglés y bordado son algunas de las clases que hacen parte del programa educativo de Educreando, que cuenta con alrededor de seis profesores, todos jóvenes profesionales y voluntarios.

Entre semana, Angie se desempeña como ingeniera química en una multinacional de Yumbo, además de ser mamá de Guadalupe, de 3 meses.

Sin embargo, cada sábado decide desplazarse al corazón de la ciudad, a un barrio vulnerable, pero donde muchos habitantes la reciben con alegría con un “¡hola profe!” y una sonrisa. Aunque para muchos caleños la esperanza no es un término que se les viene a la mente al pensar en El Calvario, Angie trabaja a la par de sus compañeros voluntarios por darle un giro a esta idea.

Educreando marca la diferencia entre las fundaciones que trabajan en el sector porque se ha levantado sin la ayuda del gobierno, las iniciativas sociales de la alcaldía de turno, las instituciones religiosas o las empresas privadas. Todo lo que han logrado se puede atribuir a ese pequeño grupo de jóvenes comprometidos, que prestan sus conocimientos sin remuneración alguna y que por amor regalan a estos niños una de las mejores herramientas para surgir en su situación: la educación.

Las clases se dictan todos los sábados de 8:00 a.m. a 12:00 p. m. Hay 12 niños inscritos en inglés, 19 en teatro y tres señoras en bordados.

La clase de inglés es muy parecida a la de las escuelas tradicionales, se dicta en un salón con pupitres, los alumnos hacen trabajos escritos y carteleras. En contraste, teatro se da al aire libre, en el patio central de la Estación de Policía Fray Damián donde hace algunas generaciones los alumnos pasaban sus recreos.

Ahí los niños tienen un espacio amplio para realizar todas las actividades que el profesor Danny Posso les asigna, que casi siempre involucra correr, realizar juegos en equipo y representaciones, además, actividades que “estimulen la creatividad”, como el mismo profesor dice.

La mayoría de niños que asisten aseguran que tienen el apoyo de sus familias y que estas esperan que en la fundación aprendan y se conviertan en personas de bien, alejados de los malos pasos.

“Esto es un llamado, una vocación”, dice Angie acerca de su motivación por ayudar a los demás, que en parte se debe también a su familia: “Desde que estaba chiquita, veía a mi papá ayudar a las personas en la calle, si podía brindarles comida lo hacía y yo crecí viendo ese ejemplo”.

Por esta razón, empezó dándole comida a los habitantes de calle en su barrio, cerca a La 14 de Calima y entabló una amistad con Don Gustavo, un habitante cuya adicción al alcohol no lo dejaba salir de la calle. “Supe que más que darles comida, lo más importante era darles herramientas para cambiarles la vida, por eso decidí enfocarme en la educación y empezar con los niños.”

Piedras en el camino

Por otro lado, el proyecto urbano de renovación del centro de Cali, conocido como Ciudad Paraíso, está generando incertidumbre en el futuro de los habitantes del sector, además de ya haber afectado a la fundación debido a que inicialmente las clases se dictaban en el antiguo centro de salud de El Calvario.

Explica Angie: “Yo sabía que iban a demoler, pero no nos informaron cuándo. Llegué un sábado y me dijeron que lo habían derrumbado el jueves anterior. Perdimos muchas cosas que habíamos recolectado con mucho esfuerzo: pupitres, asientos y otras cosas que habíamos comprado con recursos de mi novio Yeison y míos y algunos donados. Tenía 6 meses de embarazo, me dio muy duro el ver todo derrumbado y pensé en no seguir.”

El camino para formar Educreando no ha sido fácil. Hoy en día, gracias al apoyo de la Policía, las clases se dictan en la estación Fray Damián, un ambiente tranquilo y que brinda seguridad para los niños dentro del barrio. “Educreando me ayuda a no caer en la tentación de las drogas”, comenta un niño de 11 años que sueña con ser futbolista profesional y que asiste cada sábado a sus clases de teatro e inglés, materia que asegura no es su fuerte.

Stefany Correa, una de las profesoras de inglés de Educreando dice que son los niños quienes les han dado el ejemplo a los profesores de la disciplina necesaria para permanecer en el programa: “Hay niños que se vuelan de sus casas, madrugan un sábado para ir a estudiar en vez de quedarse en su casa durmiendo o viendo Tv. e incluso, desafiando a los papás que no entienden porqué vienen acá en vez de quedarse trabajando. Al ver ese esfuerzo, es imposible que uno falte o les falle.”

Ha sido un proceso complicado para aquellos que hacen parte de esta iniciativa. Angie asegura que buscar voluntarios es difícil ya que los jóvenes tienen sus ocupaciones entre semana, pero por otro lado, los niños también han sufrido casos de discriminación. Ella cuenta que una vez que llevaron a los niños a una salida recreativa, en el lugar fueron despectivos al enterarse de que eran de El Calvario: “Muchas personas dicen que allá todos son delincuentes, todos son ratas, pero hay de todo. Hay gente buena, solo que es pobre.”

Fue poder darle una segunda oportunidad a niños que tienen un entorno peligroso y que diariamente son vulnerables a situaciones de violencia, droga y delincuencia lo que animó a Angie y a sus compañeros a seguir adelante, pese a todos los inconvenientes.

Niños como Juan Sebastián, de 9 años, a quien le gustaría cambiar su barrio, “pues la gente pelea mucho y aquí suenan las balas”. Por eso su anhelo es ser policía, para llevarle a su barrio la estabilidad que le falta.

Esta admirable labor de Angie, Danny, Stephany y el resto de compañeros voluntarios, no solo permitirá desarrollo de esa comunidad en un futuro cercano, sino que son ejemplo para todos esos chicos y jóvenes que apenas están empezando a vivir, que están llenos de sueños y metas y que gracias a ellos confían en que todo es posible.

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