Drogas 'invisibles' amenazan a jóvenes ante desconocimiento de padres y docentes

Julio 29, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Drogas 'invisibles' amenazan a jóvenes ante desconocimiento de padres y docentes

Los drogas modernas se comen en helados, se aplican en la ropa, se ubican bajo la lengua o el globo ocular. Este desconocimiento impide que la problemática se conjure.

Le llaman micropuntos. Tienen el tamaño de la punta de un lápiz y los hay de todos los colores. Se pueden ubicar en las muñecas, en los tobillos. Los micropuntos son una manera de consumir LSD por absorción cutánea. Son casi invisibles, entonces. Es otra de las formas de drogarse de manera imperceptible en este siglo. En realidad no es nuevo. Quizá es desconocido para padres o docentes. Pero no es nuevo. Desde hace más de una década los consumidores se drogan con sustancias tan distintas o mezcladas a las tradicionales como la marihuana, el bazuco, la cocaína, el perico. El desconocimiento de aquello hace que sea imposible detectarlos. El desconocimiento hace que la problemática sea imposible de rastrear, conjurar. Julieta Riveros es psicóloga del Centro de Rehabilitación de Adicciones Fundación Sembrando Esperanza de Cali. Julieta asegura que los jóvenes en la ciudad se están drogando con productos que tienen a mano en casa y eso tampoco es reciente: disolventes, desengrasantes, aerosoles, limpiadores de computadores.Se trata de químicos que contienen cloruro de metileno, una especie de derivado, un análogo, del famoso popper. Los jóvenes le dicen ‘gap’, ‘dick’. También ‘la fragancia’. Son drogas inhalantes con las que, explica el toxicólogo Jorge Quiñones, se logran estados de alegría pasajera, sensación de bienestar y tranquilidad, embriaguez. A veces, también, se siente que el cuerpo levita. Cuando el efecto termina, aparece la tristeza. Este tipo de sustancias son depresores del sistema nervioso central. Un peligro inminente. Su uso prolongado puede hacer que el consumidor pierda el sentido. Además, si se consumen químicos muy concentrados, se podría inducir una falla cardiaca. Es lo que se conoce como muerte súbita por inhalación. Jorge Quiñones asegura que estas drogas inhalantes también pueden generar un mal extraño: la ‘enfermedad de los pitufos’ o la de los ‘hombres azules’. La piel de los que consumen puede tornarse de ese color.La psicóloga Julieta Riveros sigue hablando. Explica que los jóvenes ocultan esas drogas con facilidad. No requieren andar con un aerosol por ahí como si olieran el pegante tradicional. Simplemente impregnan la ropa con el producto para inhalar de manera constante, prolongar sus efectos. Se ponen el saco sobre la nariz, huelen las mangas del uniforme, se ponen la pañoleta sobre la cara. Los consumidores le llaman a eso ‘cometrapo’. Vamos a 'comer trapo', estás de 'cometrapo' y detectar el olor a distancia no es fácil. Los jóvenes se pueden estar drogando frente al profesor, frente a la mamá o la hermana sin que nadie lo note.Pero no solo productos caseros se utilizan como droga. La ketamina también se está utilizando en Cali como una búsqueda de nuevas experiencias alucinógenas. Se trata de un tranquilizante para animales, un producto de uso veterinario. Los consumidores le dicen simplemente ‘K’, ‘la gran K’ y hablarles de aquello es como hablarles de historia patria, de una forma de drogarse que es añeja pero igualmente desconocida por muchos padres de familia.La ketamina se puede inhalar, se puede fumar, inyectar. Genera alucinaciones, distorsión del tiempo, euforia que puede durar una hora. Como la ‘K’, otra manera de drogarse que se está utilizando es la anestesia local para deportistas. Julián Rincón es director de la IPS y Centro de Rehabilitación de Adicciones Renacer. Dice que estas otras formas de consumir distintos tipos de alucinógenos son comunes en los colegios privados y públicos de Cali. El problema es que el drama se silencia para proteger la imagen de las instituciones. El problema también es que no todos los docentes o coordinadores de disciplina tienen la capacitación necesaria para detectar, para saber, por ejemplo, que ese alumno que huele el cuello de su camisa con frecuencia o aquel que simplemente está comiéndose un helado en el recreo se podría estar drogando. Esa, precisamente, es una nueva ‘onda’ en Cali, asegura Julián. Consumir ácidos, drogas LSD, en helados, paletas, bombones. Los muchachos también están utilizando cartones diminutos empapados con LSD que se ubican debajo de la lengua o en el globo ocular para que el efecto sea más rápido.El engaño en el que caen es que el LSD no genera adicción. Es cierto. Sin embargo, puede generar dependencia psicológica, se convierte en una suerte de hábito. Alexander, un joven que se rehabilita en Renacer, explica además que estas drogas se utilizan en cadena. Puede que exista el gusto por una sola, pero se mezcla con otras para elevar el vértigo. Meto LSD pero también ‘gap’ a ver qué pasa, consumo ketamina e inhalo popper a ver cómo me siento. Eso hace que la dependencia aumente, que cada vez se requiera de drogas más fuertes para sentir experiencias intensas. Todo, dice Alexander, por la curiosidad. Es lo que mueve a los adolescentes. Y la curiosidad, se sabe, mató al gato, esclaviza a millones de jóvenes. Quizá por ello aparecen cada vez con más frecuencia extrañísimas maneras de drogarse en todo el mundo que podrían llegar a Colombia en cuestión de meses. Por ejemplo: ya es famoso drogarse a través de música digital. Le dicen ‘I-dosis’. Es un fenómeno curioso: al parecer, ciertos sonidos pueden alterar el cerebro, generar una sensación parecida a la de estar drogado. En Internet circulan videos de jóvenes que entran en trance de esa manera, se mueven de manera violenta, lucen angustiados. Y además ha surgido una droga llamada ‘Sales de baño’. Quien la consume adquiere una fuerza descomunal, acelera la frecuencia cardiaca, aumenta la presión sanguínea, genera un calor intenso. Por eso algunos se desnudan con desespero. Esta, dice entonces la psicóloga Julieta Riveros, es una sociedad trastornada, dañada. Drogarse es una manera que tienen los jóvenes para escapar de su realidad inmediata, de las familias disfuncionales. También es síntoma de que no tienen un proyecto de vida claro, no saben qué quieren ser, para dónde van, y además tienen la idea de que la juventud es eterna, tengo todo el tiempo del mundo para drogarme, después veremos qué estudio, en qué me preparo, en qué me convierto. Pero la responsabilidad de lo que sucede no es solo de ellos, los consumidores. Marta González es especialista de la Corporación Caminos. Marta también insiste en que esta problemática le exige a padres y docentes de colegios capacitarse a profundidad para entender cuáles y cómo son los nuevos métodos de consumo de drogas, ser maliciosos. Todo aquello que sea extraño en la conducta de los hijos, todo artefacto fuera de lo común que esté por ahí en el cuarto, en el maletín, debe ser objeto de análisis, una oportunidad para conversar. También para investigar. Un frasco con un olor fuerte, una camiseta desgastada solo en mangas o cuellos puede ser motivo de sospecha, así como bocas y narices enrojecidas, quemadas. Las señales hay que atenderlas. Marta conoce casos insólitos. Padres que encuentran las Biblias de la casa incompletas, con hojas rasgadas. Piensan que es cosa del demonio. En realidad son sus hijos. Con las hojas de la Biblia también se consume marihuana. A esas hojas algunos les dicen 'cueros'. Y existen otras pistas para detectar a un hijo en problemas con las otras formas de consumo de drogas. Tos persistente; pérdida repentina del apetito; movimiento ocular extraño, rápido; olor a pintura en la ropa; cambios bruscos en el comportamiento como violencia, irritabilidad; bajo rendimiento escolar. Los padres de ahora deberán hacer cursos para convertirse en investigadores infalibles. Otra vez: el problema se conjura, se rastrea, capacitándose. De lo contrario, afirma Julián Rincón, aquí no pasa nada, los muchachos se seguirán perdiendo sin que su familia lo sepa.El éxtasis, otra amenazaEl éxtasis, conocido también como MDMA, es una droga sintética psicoactiva común en Cali. Su comercialización se dispara cuando se programan fiestas trance en la ciudad o en sitios como el Lago Calima.Sus efectos para la salud también son peligrosos, e incluso podrían ser mortales. El éxtasis puede elevar drásticamente la temperatura corporal (hipertemia) lo que podría generar una falla hepática, renal y del sistema cardiovascular. También se aumenta la frecuencia cardica y la presión arterial. Su consumo es altamente riesgoso para personas con problemas circulatorios o enfermedades del corazón. Otros de sus efectos sobre la salud son la tensión muscular, el apretamiento involuntario de dientes, visión borrosa, escalofríos, sudoración excesiva, entre otros. El caso de AlexánderAlexander tiene 17 años. Su historia, dice, se divide en dos: consumo de drogas y recuperación. A los 8 años empezó a oler pegante. Todo pasó en Popayán, en el barrio Los Comuneros. Fue por curiosidad. También por no quedarse atrás con el resto de amigos, una especie de moda. Los veía a todos en el parque oliendo. ¿Por qué yo no? Lo hizo. La presión social es uno de los factores que llevan a consumir drogas a los jóvenes. A los doce años Alexander ya fumaba marihuana. Al principio era esporádico. Una vez al mes Después fue un vicio sin control, fumaba día y noche. Llegaron las pepas, el bazuco. Es la primera parte de la historia. La segunda es esta: Alexander ya lleva casi un año sin consumir. Desde su experiencia por el caos hace una advertencia para los padres: cada vez es más fácil que un joven consuma drogas sin que los demás se enteren. La marihuana, por ejemplo, ya no huele. Existe un nuevo tipo sin olor. Eso de los ojos rojos es sencillo de evadir. Están las gotas. Entonces, que nadie se entere del consumo es también un problema. En algunos casos si no hay presión social o familiar no hay conciencia necesaria para dejar la adicción. Otras drogas, otros peligros Khat: es una droga estimulante que se produce de un arbusto nativo del África oriental y del sur de Arabia. Masticar la hoja genera euforia, exaltación. Al final, sin embargo, lo que se siente es depresión, irritabilidad, pérdida de apetito y dificultad para dormir. Metanfetaminas: son una droga estimulante adictiva. En la calle es conocida como ‘ anfetas’, ‘meta’ y ‘tiza’. Podría ocasionar problemas respiratorios, arritmia cardiaca y llevar al consumidor a la anorexia e incluso, la muerte. La metanfetamina se consume por vía oral, intranasal (inhalando el polvo), intravenosa (inyectándosela) o pulmonar (fumándola). Drogas digitales: es una nueva manera de estimular el cerebro a través de audios especialmente diseñados para ello. Los audios ya se consiguen en Internet y esta es una nueva moda en el mundo. ¿Cómo ayudar a un adicto?El adicto no es consciente de su problemática hasta que no toca fondo, se mete en líos. Una manera de ayudarlo, aunque es difícil para la familia, es no excusarlo por sus actos, no rescatarlo de los problemas en que se mete, no hacerse cargo de sus daños. Hay que ponerle límites al adicto, establecer reglas de cómo vivirán en una misma casa. Si el adicto sale a la calle a consumir y llega a casa encontrando comida, techo, aceptación, será muy difícil que se recupere. Aquello de los límites no significa dejar de amar al adicto. Se trata, de enseñarle a valerse por sí mismo. Nueve mecanismos de defensa que utiliza el adicto para justificarse1. Autoengaño: el adicto está seguro que la droga no lo afecta, tampoco a los miembros de su familia. Con ese pensamiento reduce la ansiedad que le podría generar el hecho de consumir alucinógenos, crea un mecanismo de defensa.2. Minimización: muy parecida a la anterior, pero con la minimización el consumidor de drogas busca a toda costa restar importancia o significado a los eventos relacionados con las consecuencias que genera la adicción.3. Racionalización: el consumidor busca razones para explicar su adicción, le atribuye lógicas a hechos que no la tienen o que son por naturaleza irrazonable. El objetivo también es opacar las consecuencias de sus actos.4. Proyección: el adicto a las drogas ve en los demás los problemas que él mismo padece en su realidad, justifica sus actuaciones respaldado en las de los otros. Es, también, una manera de culpabilizar a otros de su consumo.5. Futurización: es una manera de escapara al hoy. El adicto se sale de la realidad presente e inmediata para recrear el futuro. Piensa entonces en acciones a tomar mañana, en un mes, en un año, jamás ya, ahora.6. Catastrofización: asignarle una categoría de catástrofe al más leve inconveniente de la vida personal es una manera de estancar el crecimiento personal con el fin, también, de justificar el uso de las sustancias, mostrarse como víctima.7. Rigidez: el adicto es incapaz de abrir la mente, considerar otros puntos de vista. Se aferra a sus percepciones, hace la comunicación muy difícil, sobre todo en el área del uso de drogas y el comportamiento adictivo.8. Blanco y negro: el consumidor de drogas es incapaz de ver los matices, los grises. O todo es blanco o todo es negro, o están conmigo o no. Esta manera de pensar dificulta la comprensión mutua entre él y sus familiares.9. Impaciencia: el adicto desarrolla una intolerancia marcada por situaciones que involucran incomodidad y más bien actúa por impulsividad siguiendo la regla de “quiero lo que quiero, cuando lo quiero y como lo quiero”.

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