Después de dos años de clausurado, el Jardín Botánico de Cali vuelve a florecer

Septiembre 01, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Un grupo de entusiastas apuesta por un plan de salvamento. Mientras estuvo cerrado, los vándalos se llevaron los baños y hasta las orquídeas.

Quizás muchos lo hayan olvidado: Cali también tiene un Jardín Botánico. Queda al Oeste, pasando el zoológico; son catorce hectáreas de bosque tropical seco donde crecen guácimos, guayacanes, chiminangos, caracolíes, samanes, carboneros, acacias, orquídeas. Entre los árboles majestuosos, 100 especies de mariposas revolotean y 120 clases distintas de aves y pájaros anidan. Con cuidado, es posible avistar loros, colibríes, barranqueros, pavas de monte, guacharacas, carpinteros. Y con más cuidado, pueden verse otros animales que, en la ciudad, solo aparecen en las laminitas de las chocolatinas Jet: armadillos, micos nocturnos, guatines.Por un lado del jardín baja el río Cali. Allá arriba su agua es cristalina, limpia; las piedras del fondo alcanzan a verse desde la orilla. Detrás de todo, la cordillera. Por las tardes el aire baja en corrientes que se enredan entre las ramas, levantan las hojas, hacen volar las mariposas. La escena podría servir para inspirar poesía. El Jardín Botánico tiene un poco más de un kilómetro de ecosendero para caminar o trotar. Un domingo ese podría ser un gran plan familiar: subir con los niños, tenderse en el pasto, tomar el sol, detenerse a contemplar aquel cielo limpio de humo. ¿Lo ha hecho alguna vez? Probablemente no. Durante los dos últimos años el jardín estuvo clausurado. Y en ese tiempo no hubo mucha poesía: aprovechando el cierre, ladrones y vándalos entraron a hacer de las suyas; se llevaron el cableado eléctrico, la grifería de los baños, los sanitarios, incendiaron un kiosko. Incluso se llevaron las orquídeas. Sin que muchos lo supieran, el jardín estaba convirtiéndose en un cementerio.Pero en esta ciudad acosada por la muerte hay quienes insisten en la vida. Hace un tiempo las arquitectas María Clara Buendía y Gloria Arboleda, que habían regresado a Cali después de vivir en Barcelona y Buenos Aires, empezaron a preguntarse lo que pasaba allí. Y un día, conversando con Óscar Javier Peláez, miembro en ese momento de la junta directiva del Jardín, se dieron a la tarea de trazar un plan de rescate. Si ese bosque fuera un hombre, lo que ellos planean va más allá de una asistencia con respiración boca a boca. Lo que pretenden es más bien un transplante de corazón. Si todo sale como esperan, pronto habrá que celebrar un renacimiento. Ojalá.El proyecto comenzó a andar en forma el 21 de mayo con una reestructuración administrativa que también tiene un componente técnico y científico. Peláez, que es ahora su director, dice que la idea de la recuperación va más allá de lo elemental: “No solo se trata de salvar el espacio. Esto tiene que ver con el futuro: el bosque tropical seco es uno de los dos ecosistemas más devastados del planeta. En Colombia queda el 2% de lo que antes había y Cali tiene uno a cinco minutos. Allí están la mayoría de especies autóctonas de la región. Conservarlas para que la gente puede aprender de ellas, es otra manera de invertir en la ciudad”.En Colombia hay 23 jardines botánicos. Los de Bogotá y Medellín son los más cuidados. En este último, la administración del exalcalde Sergio Fajardo invirtió cerca de cincuenta mil millones de pesos; hoy, la entrada a ese jardín gratuita. Y adentro no solo es posible aprender de conservación ambiental: allí hay cuatro salones (uno de ellos con capacidad para 180 asistentes) acondicionados para realizar eventos sociales que pueden ir desde conferencias hasta una boda. Y también hay un teatro en el que pueden caber 400 personas, donde se realizan conciertos y muestras artísticas. De esta manera, los paisas han desarrollado un sentido de pertenencia por su jardín mucho mayor al que inspiran flores y árboles.Algo parecido quieren hacer en Cali. Para empezar, explica la arquitecta Gloria Arboleda, subdirectora de Planeación y Desarrollo del Jardín, proyectan cambiar las estaciones de observación que hay en la actualidad por plazas versátiles: “Lo que queremos es que cuando el visitante empiece a hacer el recorrido, el guía que lo esté llevando se convierta en un intérprete de lo que esté pasando en ese momento en la naturaleza, en vez de llegar a leer un letrero con especificaciones científicas. La idea es generar experiencias para la gente. Por ejemplo, junto a un sitio donde hay guásimos y guayacanes, queremos hacer una plaza de observación donde la gente se pueda acostar para contemplar lo que pasa arriba, no solo en el suelo. En los próximos seis meses se empezará a desarrollar el plan maestro donde se priorizarán las áreas que se van desarrollar y los tiempos para ello”.Gloria dice que dentro de los planes también está la construcción de un humedal artificial, que es otro de los ecosistemas más amenazados del planeta. Para ello, ya están trabajando con biólogos, educadores, tres científicos y ocho guías que conocen el jardín palmo a palmo. El esfuerzo está respaldado por un equipo interdisciplinario e institucional del que hacen parte las universidades Autónoma de Occidente, Icesi, del Valle y el Ciat, entre otros. En un tiempo, sueñan los rescatistas del jardín, la idea es que allí haya salones para conferencias, teatros para proyectar películas, espacios para realizar conciertos y muestras culturales, un restaurante, más espacio para hacer ecosenderismo. Su plan también comprende la construcción de un gran vivero. La idea es que en algún momento el jardín botánico sea la despensa de las zonas verdes de la ciudad, asumiendo su manejo, tal como sucede en Bogotá. Además de garantizar la calidad de las especies con las que serían dotados esos espacios, de esta manera se aseguraría un entrada de recursos fija que es más que necesaria. Todo este proyecto fue socializado el pasado viernes con un grupo de empresarios de la ciudad. Para poner en marcha el plan de salvamento ya hay algunas iniciativas andando: por ejemplo, si alguien quiere hacer un aporte, están disponibles bonos entre $25.000 y $50.000 para adoptar un árbol. Ese dinero se invertirá en la conservación del bosque y en el cambio de toda su señalización interna. De igual manera, en los próximos seis meses estarán a disposición del público otros bonos que llevarán el nombre de Bosques de Vida. Con ellos, lo que buscan es que la gente en vez de enviar una corona de flores a un funeral o un ramo a un cumpleaños, de un regalo que va a germinar a cambio de marchitarse. Esos bonos tendrán valores entre los $20.000 y los $500.000.Aunque es necesaria mucha ayuda, María Clara Buendía, subdirectora administrativa del Jardín, está optimista. Desde que empezaron la reestructuración ya han llegado donaciones de empresas privadas y particulares; de esta manera ha sido posible empezar el enlucimiento de los baños, ya tienen algunas puertas, material de construcción, un sistema de alarma para la puerta principal. Para el 2014, a través de convenios con el Dagma, la CVC y la Secretaría de Educación de Cali, se estima que cerca de 6000 niños de diferentes colegios de la ciudad llegarán al jardín para hacer ecojornadas complementarias. La entrada de los estudiantes, y el pago de los guías que los llevarán en un recorrido que puede extenderse entre una y tres horas, serían asumidos por el Municipio.María Clara dice que también ha tenido acercamientos con la Secretaría de Cultura y Turismo de Cali. Ahora, mientras recorre el jardín en recuperación, ella sueña con un concierto allí; quizás con un evento del Petronio Álvarez o una jornada de la Feria de Cali. El viento baja desde la montaña. Su pelo se mueve. El jardín empieza a respirar.Para tener en cuentaActualmente, es posible entrar al Jardín Botánico con una cita previa. La entrada, por persona, tiene un costo de $5000. El acompañamiento del guía $30.000.El Jardín Botánico empezó a funcionar hace diez años. Cali fue una de las últimas ciudades de Colombia en implementar este espacio de conservación y educación.

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