Descubra qué película ha convertido a Cali en un escenario cinematográfico

Descubra qué película ha convertido a Cali en un escenario cinematográfico

Julio 29, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Mauricio Nieto – Especial para El País
Descubra qué película ha convertido a Cali  en un escenario cinematográfico

Por estos días varias calles de la ciudad se transforman en set, para la más reciente película que Nicolás Buenaventura rueda en la ciudad.

Por estos días varias calles de la ciudad se transforman en set, para la más reciente película que Nicolás Buenaventura rueda en la ciudad.

Cali, como se ha dicho con antelación, es una ciudad que respira cine. Y más si hay una película rodándose en sus calles. Ahora mismo eso es lo que ocurre con ‘Kairós, tiempo oportuno’, el proyecto cinematográfico de Nicolás Buenaventura que narra la historia de un hombre que se enfrenta a uno de los emporios económicos más devastadores: un banco.

La película también hace alusión a un tiempo, el que gravita entre la cotidianidad y la contemplación y que, en ocasiones, se vuelve imperceptible. ¿Cómo se ve el rodaje de esta película en las calles de la ciudad? ¿En qué tiempo se hace?

A las diez de la mañana del otro martes, un camión y unas camionetas aparecían estacionadas junto al edificio Coltabaco. A un par de cuadras, en plena calle 12 entre  tercera y cuarta, en un sendero peatonal que conecta al Teatro Jorge  Isaacs con La  Plaza  de Cayzedo, un grupo de  personas irrumpió con  cámaras, juegos de luces, todos los aparatos imaginables que se necesitan para montar una escena de cine en la calle de una ciudad: sillas, sombrillas, más luces, aunque fuera de día.

Toldos con sillas rimax se convirtieron en los camerinos donde se alistarían los actores mientras al lado del andén continuaba la vida: las panaderías, restaurantes, un puesto de jugos naturales y las ventas de minutos celular seguían como si nada. Pero la nada duró poco.

Algunos transeúntes se detienen. Un curioso atrae a otro. Son como hormigas tras la miel. Unos se atreven a preguntar  - ¿qué están haciendo?-  y al enterarse, añoran con que  la cámara les apunte con su lente. Otros por el contrario se indisponen y reprochan: ¡que la calle es un espacio público!, grita alquien con ínfulas de abogado. Pero luego continúa su camino.

Un tablero de ajedrez hace parte de una escena. Un chico de aproximadamente doce años se enfrenta a un hombre robusto de unos cuarenta. Cerca, un adolescente con uniforme de colegio observa con los brazos cruzados, mientras un joven carga  a una niña en hombros para  otorgarle mejor  visibilidad. El tiempo que no pasa, el tiempo que se aguarda en silencio, el tiempo en brazos de otros. El tiempo de las edades. El tiempo en todas partes.

Como ya se ha dicho con antelación, Nicolás Buenaventura es heredero de un torrente  cultural que lleva en la sangre. Sus papás son Enrique Buenaventura  y Jackeline Vidal, maestros de una cuantiosa  generación de actores  y gestores culturales  no solo de la ciudad  sino del país.

Lo que no quiere decir que hacer cine, incluso para un tipo como él, resulte sencillo. Como con esta película que graba ahora mismo en Cali. Hace poco se lo dijo de esta manera a la revista Gaceta: “Nunca tuvimos en Colombia apoyo, no califiqué para los Fondos Nacionales de Cinematografía.

Estoy haciendo la película solamente con premios que gané en Francia, como Cinema Du Monde (Cine del Mundo), en el que uno compite con Estados Unidos, Italia, Grecia, Japón; y el de la Fundación GAN para el Cine, en la que participan 250 proyectos y le dan el premio a tres por año”.

A medida que avanza la tarde, el sol canicular del trópico le da paso a la  brisa. Es la brisa que viene del  Pacífico y  que a veces hace bellezas y a veces hace estragos. En el rodaje, ese martes, pretende hacer  estragos. Algunos asistentes de la filmación, ayudan entonces a agarrar un parasol para que no lo arrastre el viento.

Cuando la tarde se hace menos clara y el viento ceda, los negocios empiezan a cerrar. Se oyen las puertas-reja, desenrollándose. Nicolás  decide cambiar  de locación. Se ubica al lado del Parque de los Poetas. Solo lo acompañan la Script del rodaje (la memoria del rodaje; quien está pendiente de la continuidad) y algunos asistentes. El director ubica la cámara en el trípode frente al Teatro Jorge  Isaacs. Del otro lado del lente, se observa el cansancio en los rostros de técnicos, actores, de todos. Deciden realizar unas tomas  de apoyo.

Nicolás dice que se siente orgulloso de su equipo (que puede ser de unas cuarenta personas en total). Algunos llevan un extenso kilometraje en el oficio como es el caso del sonidista César Salazar, o del director de fotografía Juan David Velásquez, solo entre algunos nombres.

Ahí está José Kattán, a cargo de la fotofija, que cuenta del sigilo que debe tener todos los días para obturar su cámara; de lo contrario se sentiría como un estorbo, dice. También están los practicantes de la facultad de cine de la Universidad Autónoma. Sobre los chicos, Buenaventura dice que se siente muy agradecido con el apoyo. A todos los trata por igual. Con el mismo respeto.

A su vez, la actriz Marleyda Soto, quien se dio a conocer ante los ojos de muchos por la película La Tierra y La Sombra, y ahora interpreta a Cecilia, esposa del mejor amigo del protagonista, dice se siente contenta de participar en el proyecto. Lo dice y se le nota. Aún después de casi doce horas de rodaje. Ese día empezaron a las cinco de la mañana y se extendieron hasta, más o menos, las cinco de la tarde. Y así es casi siempre.

El director se despide del equipo. Nicolás se aleja con paso parsimonioso, retornando al tiempo que no tiene tiempo. Se dirige hacia el norte. Quizás, camina feliz.

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