Crónica: los caleños hicieron de todo para mitigar el corte de agua por obras

Enero 26, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Unos usaron desechables para no lavar, otros fueron a centros comerciales o, incluso, se fueron de Cali.

“Es que uno puede vivir sin energía, pero sin agua no, y menos cinco días seguidos”, dice Yolanda Bueno, una mujer de Nápoles que buscaba el viernes la manguera de un carrotanque para calmar la sed de su hogar. Ya no tenía agua. La que recogió el miércoles se le acabó el jueves y el viernes ya no había agua para descargar los baños, ni siquiera para preparar el almuerzo.En la Calle 3 con 77 encontró el carrotanque, llenó tres baldes con el líquido vital y resolvió las necesidades del día. Su esposo Heriberto se fue para el trabajo a medio bañar. José Mosquera, un jubilado del barrio Francisco Heladio Ramírez andaba en camisilla por la calle y también había aplazado el baño matinal por la escasez de agua. Apenas tuvo agua para preparar el tinto y sacudía un balde vacío de pintura en busca del carrotanque.A ellos y a casi 200.000 caleños más les ha tocado bañarse con totuma por estos días ya que por sus grifos no sale agua. Una sequía de cinco días, sin precedentes en la historia reciente de Cali y obligada por el reemplazo de unas válvulas y redes que utilizan tubos de 12 toneladas. Se trata de un complejo trabajo de empalme en la autopista Simón Bolívar, justo debajo de la estación intermedia Julio Rincón, del MÍO, que construye Metrocali. Maritza Martínez, habitante de un conjunto residencial del Limonar, no sabía cómo afrontar la falta del líquido. Utilizó cuanto recipiente había para recoger agua, porque, según dijo, “cinco días es mucho tiempo para estar sin agua”. Sacó las ollas de la alacena, los recipientes plásticos y los llenó de agua. También embotelló el líquido en una decena de envases de gaseosa de esos que quedan por allí (botellas de dos y tres litros), y llenó la nevera de termos y tarros de agua.El tanque del lavadero también lo aprovisionó para surtir los sanitarios y tener con qué lavar los platos, utensilios cuyo uso redujo al mínimo, eliminando algunas veces la sopa del almuerzo para no ensuciar tanta loza. También apagó la lavadora y colgó el trapeador.Por fortuna, el conjunto residencial tiene sus reservas de agua. Un tanque en la azotea de cada uno de los ocho bloques de la Unidad, que la administración determinó usar de manera racional para mitigar la emergencia. Gracias a ese plan de contingencia, Maritza y sus vecinos podían bañarse de 5:00 a 7:00 de la mañana con agua del chorro, tenían una hora de agua al mediodía y otra hora en la noche. La piscina del conjunto residencial fue cerrada por estos días.Maribel, su vecina, decidió no recoger tanta agua y más bien optó por comprar varios botellones de agua purificada para el consumo y la preparación de los alimentos. Compró platos desechables para no lavar loza y apeló varias veces a los domicilios. Un gasto extra con el que no contaba este mes. En el barrio Ciudad Capri, Carmen Elena Ramírez preparó viaje para la casa materna en Tuluá durante el fin de semana, porque no soportaba pasar sábado y domingo en su vivienda sin el líquido. El aseo de la casa aplazado, los servicios sanitarios sin lavar, el baño con totuma... Además, aprovechó la circunstancia para pasear y compartir en familia. “Se puede vivir sin cualquier cosa, menos sin agua”, sentenció.Otras familias decidieron refugiarse por ratos en los centros comerciales. Buscaron agua, comida preparada y servicios sanitarios. Así lo advirtió Álvaro Betancur, jefe de Seguridad de Unicentro, un centro comercial adonde van 130.000 personas cada día.Esta vez, muchos de sus restaurantes no vendieron gaseosa en dispensador porque no había agua y volvieron a la gaseosa tradicional en botella. Algunos también sirvieron en platos desechables.El centro comercial limitó el uso de las baterías sanitarias, cerró sus fuentes luminosas para usar esa agua en el aseo y racionalizó el líquido de sus tanques dotados para abastecer 24 horas full ese complejo. Esta vez Unicentro dividió esa reserva entre cinco días para locales y restaurantes, usó agua de pozo profundo para baños y aseo y se apoyó en los carrotanques dispuestos por Emcali. En otros centros comerciales como Jardín Plaza, Holguines Trade Center, La 14 de Pasoancho y Sanandresito de la 80 se tomaron medidas similares. Por ser grandes clientes, Emcali mantuvo 15 carrotanques con agua en las afueras de estos sitios para atender sus necesidades, confirmó Javier Mauricio Pachón, alcalde (e) de Cali. En clínicas como Valle del Lili y Farallones las cirugías programadas se hicieron sin contratiempo. Incluso la atención a pacientes se realizó normalmente. Pero se restringió la visita de familiares (hasta tres al día por paciente en Valle del Lili) y uno por paciente en Farallones, para evitar mayores consumos de agua, según José Ramón Burgos, director médico de Farallones. La Universidad del Valle cerró por estos días el restaurante para miles de empleados, docentes y estudiantes y promovió la jornada de trabajo hasta el mediodía en sus oficinas administrativas. Por fortuna las clases aún no se han iniciado.Pero otros centros educativos sí están trabajando al 100 % como la Universidad Icesi. Sin embargo, no tuvo problema. El centro universitario informó que tiene su propio sistema de tratamiento de agua potable y suministra el líquido a su población. Lo mismo ocurrió con varios colegios de Pance.Muchos caleños se prepararon para vivir sin el agua del grifo durante estos días. Pero, pese a las advertencias, la suspensión cogió desprevenidos a algunos. A los vecinos de Ulpiano Lloreda, Nueva Floresta y un sector del barrio Alameda, que no estaban en la lista de afectados. Pero lo cierto es que el agua no volvió por sus tuberías.La razón, según Emcali, es que por prevención mucha gente recogió agua el miércoles aunque no estaba en la lista de damnificados. Por eso, pese a que la planta de Puerto Mallarino trabajó a toda su capacidad el jueves, no dio abasto y la red se descompensó. Cada día la planta trata 7 metros cúbicos de agua por segundo, pero ese día batió el récord de 9,7 m3 y esa agua se consumió toda. La gente exprimió los grifos y recogió agua ‘por si las moscas’.

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