Crónica: Historias felices y pasados tortuosos de los hijos del ICBF en Cali

Febrero 05, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos I Redacción de El País
Crónica: Historias felices y pasados tortuosos de los hijos del ICBF en Cali

Marcela Hurtado, administradora del Restaurante Pulcinella, estuvo en el programa de protección del Icbf y en Formación D’ Futuros. Es un referente.

¿Qué pasa con los muchachos que egresan del Icbf y no tienen una familia dónde llegar?

La casa es antigua, de esas de corredores largos, techos altísimos, patios en los que se podría jugar un partido de microfútbol. Está ubicada en un barrio céntrico de Cali: Bretaña. Sus cinco ocupantes son muchachos de entre los 18 y los 20 años de edad. Aquí vive Jonathan Unda, islero en una estación de gasolina Terpel; Mónica Loaiza, manicurista; Jennifer Soto, estudiante de operaciones comerciales; Luis Alberto Miranda, estudiante de bachillerato; Farex Rodallega, también estudiante de bachillerato.A esta hora, casi las 8:00 de la noche, los muchachos apenas llegan de sus jornadas. Se prende la estufa, se abre la ducha de un baño, se encienden bombillos. Pareciera el movimiento de una familia cualquiera aunque nadie en la casa, claro, comparte la misma sangre.Existe una historia en común, sin embargo, que les selló un vínculo definitivo: alguna vez, bien sea por abandono de sus padres o maltrato, llegaron al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, la entidad encargada de garantizar los derechos de los niños en Colombia. Por años permanecieron en su programa de protección. Tenían un techo, alimentación, el estudio. Después de un pasado de carencias, aquellos eran años casi felices. Todo mientras alguna familia se interesaba en adoptarlos. Pero pasó el tiempo y nadie se interesó.Entonces cumplieron la mayoría de edad y debieron egresar del Instituto. Ninguno tenía un hogar estable, ni siquiera un familiar, dónde retornar. Estaban a punto de quedarse solos, sin mucha idea de cómo diablos seguir viviendo de manera independiente. Fue cuando una fundación, Formación D’ Futuros, los recibió con un objetivo: prepararlos, durante dos años, para que se puedan encargar de sí mismos allá afuera, la sociedad; intentar que la vida para estos jóvenes sin familia sea un poco más sencilla, tranquila, quizá más justa.La casa en la que viven funciona como base principal de ese entrenamiento. Una base en la que sólo podrán estar estos cinco adolescentes. No hay recursos para más cupos. ¿Qué pasa con el resto de egresados del Icbf que no tienen un hogar dónde volver?IINatalia Pérez es psicóloga de Formación D’ Futuros. Ahora está sentada en un pupitre de la sede administrativa, ubicada a un par de cuadras de la galería Alameda. Natalia narra la historia de cómo nació la fundación y el trabajo con los egresados del Instituto de Bienestar Familiar.Todo empezó en 1998. En ese año llegó a Cali Tanya Manuell, una británica, profesora de arte, para realizar un trabajo social en la zona donde habitaban las personas en condición de indigencia: El Calvario.En esa labor se enteró de una problemática invisible en la ciudad: algunos de los jóvenes que egresaban del Icbf y que no tenían una familia que los acogiera, no estaban preparados para vivir de manera independiente.Varias razones lo explicaban: llegaron al Instituto a una edad avanzada y no alcanzaron a terminar sus estudios; permanecieron años en ambientes cerrados (los centros de protección) y desconocían la ciudad en la que vivían; presentaban dificultades de comportamiento, además. Algunos eran agresivos, otros introvertidos, temerosos de relacionarse. El perfil de los muchachos hacía improbable que consiguieran un empleo. Entonces Tanya decidió crear la Fundación con la idea de prepararlos, darles las herramientas para que lograran empezar una vida solos. También era una forma de evitar que la inversión del Estado se perdiera. Sin posibilidades de realización personal, los muchachos podrían caer en asuntos delincuenciales, prostitución, consumo de drogas. Formación D’ Futuros nació en 2003, con recursos internacionales (en Colombia no encontró benefactores). A los jóvenes se les ofrece aquella casa del barrio Bretaña para que empiecen su formación para la vida independiente. Aprenden a cocinar, a ahorrar, a moverse en la ciudad, cuidar de sí mismos. Los que no han terminado sus estudios básicos tienen la posibilidad de hacerlo. Cuando lo hagan, se les busca, gracias a convenios con instituciones educativas, la posibilidad de ingresar a una carrera que les interese. También se les acompaña en la búsqueda de una empresa donde puedan hacer prácticas y de golpe conseguir un empleo.Se pretende que los jóvenes sin familia tengan oportunidades de convertirse en los hombres, las mujeres que sueñan. En el fondo de todo en Formación D’ Futuros se está en función de una idea: construir país, democracia. IIILa defensora de familia Claudia Zape explica que por Ley, el Icbf tiene la obligación de garantizar los derechos de los niños abandonados o maltratados del país hasta los 18 años. Sin embargo, agrega, no es que los que cumplan la mayoría de edad y no tienen una familia para retornar salgan de los centros de protección a la calle, no. Aquellos que egresan sin un hogar se les denomina ‘hijos del Estado’. Los muchachos con discapacidades dependerán del Icbf de por vida. Los que no tienen discapacidad, explica el director regional del Instituto, John Arley Murillo, entran a un programa, ‘Proyecto de vida’, en el que se les ofrece oportunidades de estudio hasta los 21 años. Eso si deciden continuar viviendo en los centros de protección. No todos, sin embargo, quieren. Algunos anhelan tener una vida más autónoma, no seguir bajo ciertas reglas. Claudia Zape agrega otro dato: en el país se están implementando Casas para el Egreso en donde se trabajan los proyectos de vida de los muchachos. En el Valle del Cauca, sin embargo, aún no existen esas Casas, pero en los centros de protección también se trabajan los proyectos de vida. Es una obligación legal, incluso. Lo dice Marisol Ortegón, que labora en el centro de protección Hogar de la Luz. Hace unos cuatro, cinco años, agrega, nada de aquello sucedía. Los muchachos que cumplieran los 18 años salían del Icbf y quedaban a la deriva, dice. Lo reconoce, en parte, el director regional: “Hace tres años era muy poco lo que se hacía con los egresados. Pero desde esa época para acá estamos fortaleciendo su educación”. Natalia Pérez, la psicóloga de Formación D’ Futuros, asegura que aún hoy no todos los que salen y no tienen familia son aceptados para que sigan estudiando hasta los 21 años en el Icbf.Aquellos que presenten problemas de comportamiento y no hayan finalizado sus estudios básicos (primaria, parte del bachillerato) dice Natalia, deben egresar sí o sí. Con ellos, precisamente, trabaja la Fundación.En Formación D’ Futuros sospechan además que algo debe estar fallando en la educación que se les está brindando a los muchachos en el Icbf. La directora, Carolina Escobar, expone que en un estudio realizado en 2010 con 120 jóvenes participantes de los proyectos de Formación D’ Futuros, se evidenció que solo el 12% había terminado sus estudios secundarios, el 99% no tenía claro su perfil ocupacional, el 73% nunca había realizado ninguna actividad para generar ingresos y el 77% no identifica cuál es su proyecto de vida.“Este conjunto de características nos revela la ausencia de un modelo efectivo de preparación para la vida independiente; nos revela que este grupo de jóvenes tendría la tendencia a retornar a los entornos de violencia y pobreza de los cuales provienen. Y peor aún, nos lleva a decir que ni siquiera son visibles para los diferentes sectores de la sociedad colombiana, pues el término ‘egresado de protección’ no tiene ningún estatus social y legal, que nos permita debatir sobre la importancia de su atención”, escribe Carolina.Es decir: reclama que estos jóvenes sin familia estén entre las prioridades del Estado, de la sociedad. IVSe llama Marcela Hurtado. Ahora camina por el Parque El Peñón. En unos minutos abrirá las puertas del restaurante italiano que administra, Pulcinella. Nadie se imaginaría que Marcela, ahora toda una empresaria de la gastronomía, permaneció alguna vez en el Icbf y en Formación D’ Futuros. La historia es extensa. A los 12 años se cansó del maltrato en su casa de Guacarí, se montó a un bus que le llevó a Palmira, a los meses otro que la llevó hasta Cali sin jamás haber pisado la ciudad.El Icbf la acogió. Después Formación D’ Futuros. Alquiló un cuarto en San Antonio, trabajó en puestos de hamburguesas, en restaurantes, se enamoró del propietario de Pulcinella. Ahora ya no son novios, pero sí muy amigos. Y él, en un acto de amor generoso, le cedió la administración del restaurante, que también es fuente de empleo para los egresados del Icbf sin familia. Marcela es un referente para los muchachos, símbolo de una suerte de esperanza. Ahora en la casa de Bretaña los jóvenes se sientan en el comedor y cuentan sus historias. Hablan de pasados tortuosos y futuros prometedores, metas, sueños por cumplir, como lo hecho por Marcela. Mientras tanto, los directivos buscan el apoyo de la empresa privada para abrir más cupos en la casa. Aún no lo han conseguido. La directora insiste en que es una obligación del país brindarles oportunidades a estos jóvenes.“Nos estamos enfrentando a la tarea histórica de hacerlos visibles y acompañarlos en su proceso de transición entre las instituciones de protección y la sociedad; se lo debemos porque sus padres y sus madres somos todos”.

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