¿Cree en la hipnosis?, crónica de una consulta con un especialista del campo

Febrero 18, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País
¿Cree en la hipnosis?, crónica de una consulta con un especialista del campo

Germán Pineda, especialista en hipnosis, asegura que ésta es un estado especial de conciencia entre la vigilia y el sueño. Es decir: es el paso intermedio entre estar despiertos y estar dormidos.

Germán Pineda es especialista en hipnosis. La terapia, dice, permite superar desde fobias hasta celos, la nueva causal de divorcio en Colombia.

El hipnotizador sugiere un ejercicio para probar el poder de la mente. Pide que me ponga de pie y levante el brazo derecho hacia el frente. También debo levantar el índice, como señalando. Enseguida, sin mover los pies, debo girar el brazo a la derecha hasta donde más pueda. Lo intento con fuerza. El índice alcanza a señalar una ventana del consultorio que está atrás, en diagonal a mi hombro. El hipnotizador insiste, “gira más”, pero ya duele. “Baja el brazo”.Enseguida, el hipnotizador indica que cierre mis ojos e imagine que tengo un cuerpo elástico. En mi mente soy un muñeco de goma que puede estirarse hasta donde quiera, incluso alcanzar un árbol que está muy lejos, tras un abismo. El hipnotizador solo pide que imagine un giro de por lo menos un metro más allá de la ventana de su consultorio. “Abre los ojos cuando lo hagas”.Ahora debo hacer el ejercicio de nuevo, pero digamos que en la vida real. Y extrañamente giro el brazo mucho más allá de la ventana que había señalado inicialmente. En este segundo intento señalo la pared que tengo casi detrás de mi cuello, en la que están colgados los diplomas del hipnotizador. Como si en realidad fuera ese muñeco de goma. Ante mi cara de sorpresa, la boca abierta, el hipnotizador se sonríe.IIEl hipnotizador nació en Medellín hace 49 años. Su nombre es Germán Pineda Montoya. Es el menor de seis hermanos. Y de cierta manera tuvo una juventud tranquila. Su niñez la recuerda rodeado de naturaleza, de hecho. Pero cuando cumplió 16 todo cambió drásticamente. Fue papá por primera vez. Germán tuvo que pensar como un adulto: ¿Dónde voy a trabajar?Hasta antes de la noticia de su primogénito, estaba seguro de que quería estudiar sicología. Pero supuso que aquello no era tan rentable para alguien que tiene la responsabilidad de un hijo. La sociedad de consumo nos condiciona de esa manera. Primero tener, después ser. Germán decidió estudiar ingeniería electrónica.Nunca terminó la carrera, como era de esperarse. Finalmente se convirtió en empresario, quebró en algunos negocios, otros fueron exitosos, fue papá tres veces más. Su destino comenzó a cambiar de nuevo desde que detectó que uno de sus hijos tenía problemas de aprendizaje. Un psiquiatra lo diagnosticó con Síndrome de Hiperactividad con déficit de atención y sugirió medicarlo.Germán no aceptó esa salida. No quería someter a su hijo a la rutina y los efectos colaterales de los fármacos. Investigando el problema leyó sobre la programación neurolingüística como posibilidad de tratamiento. Se interesó tanto que cursó un diplomado y comenzó a tratar a su hijo.“Logré sacarlo adelante de una manera muy rápida y eso me sorprendió”, dice sentado tras el escritorio de su consultorio, ubicado en el barrio Tequendama de Cali. El viejo sueño de ser sicólogo, terapeuta, ayudar a la gente aparecía otra vez, en un momento en que Germán no se sentía tranquilo consigo mismo.Pese al éxito de su empresa sentía como si alguna pieza le faltara. Tenía tranquilidad económica, pero padecía la frustración de no hacer lo que se quiere hacer, y eso es como traicionarse a uno mismo. Decidió emprender la búsqueda de la pieza faltante. Aunque le tenía pánico a las alturas, por ejemplo, aprendió a volar en parapente. La programación neurolingüística, dice, le ayudó a enfrentar los miedos. La aventura acabó cuando unos amigos suyos se mataron y su familia le pidió que dejara de hacerlo.Fue cuando, buscando aún esa pieza extraviada, la pieza apareció. Se le ocurrió aprender hipnosis que, combinada con la programación neurolingüística, podría ayudar a las personas a cambiar conductas, superar miedos, fobias, adicciones como la del cigarrillo, incluso los celos, algo muy cercano a la sicología. Germán se entusiasmó tanto que vendió su empresa y viajó a Argentina para estudiar hipnosis regresiva.En Brasil y Cuba, además, se especializó en hipnosis clínica, una rama de la psiquiatría. El resumen de su periplo se puede apreciar en la única pared negra de su consultorio, donde cuelgan los certificados de estudio. El resto del lugar es blanco, sobre todo.“Cuando regresé a Colombia empecé a notar resultados muy eficaces, primero conmigo mismo. Yo era una persona insegura al hablar con otros, no era capaz de hablar en público. Y todos esos temas los superé con mis terapias de auto hipnosis, a tal punto que ahora doy charlas y seminarios en distintos países”.Germán atiende un promedio de ocho pacientes al día, y muchos de quienes lo consultan son políticos o empresarios que deben, justamente, hablar en público. El miedo a hacerlo es uno de los más recurrentes en todo el mundo. También el miedo a volar.IIIEl hipnotizador dibuja ahora los dos hemisferios del cerebro. Son algo así como dos discos duros de un computador, dice. Comparten información. Con el hemisferio izquierdo manejamos la lógica, la razón, el tiempo. Es nuestra parte consiente.Con el hemisferio derecho, en cambio, manejamos las sensaciones, la creatividad, los juegos, todo nuestro sub consiente. Allí está la información de lo que hemos visto y oído desde que estamos en el vientre de nuestra madre.Ese hemisferio derecho acepta como real todo lo que pensamos en el izquierdo, el consciente, dice Germán. El derecho es literal: no analiza, todo lo asume como cierto, y activa todos los mecanismos para que lo que pensamos sea una realidad en nuestra vida.Si pensamos que no somos buenos para las matemáticas, el hemisferio derecho instala ese ‘programa’: no somos buenos para las matemáticas. O si nos decimos que sí somos buenos, igual. El hemisferio derecho nos determina, hace que seamos como somos. La hipnosis, asegura el hipnotizador mientras deja a un lado el dibujo, es la ruta de acceso para llegar a ese lugar de nuestra mente y cambiar lo que queramos cambiar.“Hay muchos mitos erróneos sobre la hipnosis que provienen de los shows de televisión. No es que se vayan a hacer cosas ridículas o que no se tenga dominio de la voluntad, eso es falso. El paciente es consciente de lo que sucede durante la sesión. La hipnosis es un estado especial de conciencia entre la vigilia y el sueño. Es decir: es el paso intermedio entre estar despiertos y estar dormidos. En ese estado se agudizan los sentidos. Se tiene acceso a una especie de archivo de memorias, que es lo que determina nuestra conducta, nuestro sentir. Es por ello que aplicando unas técnicas, podemos reprogramar nuestra mente, modificar esos programas que están instalados en el hemisferios derecho desde hace mucho tiempo y lograr los objetivos que anhelamos”.La terapia tiene sustento científico. El psiquiatra Uriel Escobar dice que la hipnosis se fundamenta en la capacidad que tenemos los seres humanos de ser sugestionables por otro. Tal vez eso explique la historia del soldado y novelista alemán Heinrich Gerlach.En la década del 50, el soldado escribió una novela que fue incautada por tropas enemigas. Con el paso de los años, olvidó el argumento, la trama. En una terapia de hipnosis escarbó en su memoria, recordó lo que había escrito. La novela que publicó después se llama ‘El ejército traicionado’. En algunos hospitales de España ya hay especialistas que utilizan la hipnosis con sus pacientes. En Colombia aún hay pocos que se dedican a ello y algunos la critican. El psiquiatra forense Óscar Díaz asegura que los resultados no perduran en el tiempo. Germán dice en cambio que las personas están acudiendo cada vez más a consulta debido a los testimonios de gente que ha logrado los resultados que esperaba.El hipnotizador abre su portátil para enseñar el video de cómo un hombre adicto al bazuco y al licor puede llegar a detestar aquello. Durante el trance, el hipnotizador sugestiona al paciente diciéndole que el olor de la droga y el licor le es tan insoportable que le produce nauseas. Germán le acerca un trago a la nariz y el paciente siente ganas de vomitar.Margarita Báez, una odontóloga de 32 años, fue a la terapia para dejar apegos afectivos, superar una ruptura sentimental. Catalina, una periodista radial, buscó al hipnotizador para dejar de temerle a su jefe. Pese a que no era mala persona, un dictador o algo por el estilo, cada que él le decía algo en el agite de la radio ella se ponía a llorar. Ahora se ríe de ese pasado. “El porqué no podemos comportarnos como quisiéramos se debe a que obedecemos a impulsos internos dictados por las experiencias y emociones archivadas en nuestro subconsciente. Durante un estado hipnótico, sin embargo, podemos reprogramar, de manera provechosa, ese subconsciente”, dice el hipnotizador y cuenta el caso de Gabriela Guzmán, patinadora. Llegó a él por un problema extraño: en el arranque de las competencias, se caía inexplicablemente. O cuando le sacaba una ventaja tal a sus competidoras que todos la daban como ganadora, sentía tantos nervios que sucedía lo mismo. El miedo provenía de un día que efectivamente se fue al piso. Cada que iba a iniciar una competencia o estaba cerca de ganar, recordaba esa caída. Y caía.Las terapias se hicieron por Skype. Gabriela vive en Pasto. Lo que primero hacía era, por supuesto, entrar en estado hipnótico. Para hacerlo hay que relajarse. El hipnotizador te pide que cierres los ojos, respires profundo, imagines cuando eras niño o un lugar en el que te sientas tranquilo, la playa por ejemplo, un bosque. Mientras imaginas te vas desconectando poco a poco del mundo, y entras en esa fantasía. Curiosamente, todo lo que el hipnotizador pide que imagines aparece en tu mente con toda claridad. Como soñar despiertos.Germán le ordenaba a Gabriela que se visualizara arrancando la competencia segura. Que se visualizara como quería estar. También le pedía que trajera a su mente una atleta que admirara y actuara como si fuera ella. Después se creaban las anclas. Mientras Gabriela era esa atleta invencible, el hipnotizador le pedía que apretara el puño. Es como un arma. Cada que apareciera el miedo en la vida real, Gabriela apretaba el puño y recordaba cómo se quería sentir ante él. Los resultados de la terapia dependen también del trabajo del paciente. Las repeticiones son una manera de instalar nuevos programas en el hemisferio derecho del cerebro. Gabriela Guzmán clasificó a Juegos Nacionales. “Somos lo que pensamos”, dice ahora el hipnotizador y me pregunto si la hipnosis también se nutre de lo que lo hacen los libros de superación personal: escuchar lo que queremos escuchar en tiempos en los que parecemos más perdidos que nunca.Ahora, mientras estoy en la camilla del consultorio, el hipnotizador pide que cierre los ojos, relaje los músculos, respire profundo. Cuando cuente cinco, promete, mis párpados estarán tan pesados que no los podré abrir.

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