Conozca las historias de vida detrás del alumbrado navideño en Cali

Diciembre 07, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Al menos 300 mujeres se dedicaron a la labor de creación del alumbrado navideño durante dos meses. Cuentan que la clave está en el amor que le ponen a las fiestas decembrinas.

María Fernanda nunca pone adornos de navidad en su casa. Ni un árbol, ni un pesebre. Nada. Pero, aunque se la pasa todo el año trabajando para decorar la ciudad en diciembre con figuras de todos los tamaños y colores. Prefiere poner en su cuadra varias figuras que el Municipio le presta, para darles alegría a los niños de su barrio, Marroquín.Y es que después de doce años de trabajo y debido a que es la coordinadora del equipo que fabrica y ensambla todo el alumbrado de Cali, puede tener ese tipo de privilegios. Ya ni siquiera recuerda cuál fue el primer alumbrado en el que trabajó, ni quién era el alcalde del momento. Dice que lo que en verdad le importa es el sentimiento que produce en los niños, la alegría que les da ver cada año aquellas figuras luminosas de colores. “Los adultos ya vivimos eso, esto lo hacemos es por los pequeños”.A su cargo, son más de 300 las mujeres que cada año son reclutadas para trabajar realizando el alumbrado. Generalmente son las mismas cada año. Algunas llevan cuatro, cinco o seis años. Todas tienen en común su habilidad manual y tener una familia por la cual trabajan incansablemente. Generalmente comienzan a finales de agosto, para tener listas las figuras a finales de noviembre. Trabajan en un taller en el centro, donde se encargan de pegar la tela sobre el esqueleto de alambre, luego de que los hombres bordean la silueta de la misma con el ‘flexilight’, una manguera con filamentos luminosos dentro.Y aunque cualquiera pensaría que ellas preferirían un trabajo que fuera durante todo el año, por aquello de la “estabilidad laboral”, Maira reconoce que con ésta labor puede dedicarle tiempo a su hijo de cinco años en los meses que no trabaja. “La plata no reempleza el cariño de la familia”.Porque eso sí. Para las mujeres del alumbrado, lo más importante es su familia. Maria Fernanda recuerda que una vez, cuando su hijo estaba pequeño, ella llegó al colegio a recogerlo con ropa de trabajo. “Estaba vestida como un macho, yo pensé que a él le iba a dar pena”. En cambio, él la miró y le dijo, “no mamá, no me da pena. No cualquiera tiene una mamá como usted”Ellas confiesan, además, que lo más satisfactorio es poder estar al nivel de su marido. “Con esto uno les demuestra a los hombres que nosotras también podemos trabajar”, expresa Liliana, otra de ellas.Y ¿por qué mujeres? Según ellas, porque “son las que tienen la habilidad manual”. Los hombres son los que se encargan de la parte eléctrica, “porque a nosotras nos da miedo eso”.Érika agrega que “la clave está en el amor que uno le ponga a la figura”. Porque la tarea no es fácil. Explica que las pequeñas son las “más engorrosas”, que tienen más recovecos. “Si uno le pone amor, la figura queda bonita. Imagínese uno haciendo esto de mala gana”, dice riendo.Ellas coinciden además en que, para esta, como cualquier labor, hay que “aplicar la vieja pero cierta frase de cajón que reza que “hay que amar lo que se hace”.

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