Conozca las historias de las mujeres que rompen el molde en Cali

Conozca las historias de las mujeres que rompen el molde en Cali

Marzo 08, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Conozca las historias de las mujeres que rompen el molde en Cali

La Teniente Doris González, jefe de la Estación de La Flora, lleva 23 años en el Cuerpo de Bomberos de Cali. Es secretaria de la mesa directiva de la institución.

En el día de la mujer, El País destaca a tres damas que se salen de los esquemas y demuestran que no hay tareas para hombres.

“La institución se lleva en la sangre”El sonido solemne de la sirena. La imponente máquina. El féretro en lo alto. Esa es la imagen que Doris González tiene grabada en su corazón, del día en que su padre, fundador de los bomberos de Génova, municipio del Quindío, falleció. Aquél municipio donde hace ya varias décadas hubo un incendio de tales proporciones que por poco arrasa con todo el pueblo. Ella recuerda ver a su padre correr con baldes llenos de agua de un lado a otro, porque allá, en ese pequeño lugar, no tenían cuerpo de Bomberos. “Esas son cosas que se quedan en la memoria. La institución se lleva en la sangre”, cuenta la hoy Teniente Doris, jefe de la estación del Norte, en La Flora, quien lleva ya 23 años de vocación en la ciudad. Con varias medallas luciendo en su pecho, Doris cuenta que es abogada y que antes de ser bombero trabajó desde joven en la Secretaría de Tránsito de Cali, donde, al igual que ahora, también trabajaba entre hombres.Ya lleva 23 años en esto y hoy es algo así como la mamá de los quince que están a su mando. Cuenta que esa es su familia y que la estación, su segundo hogar. “Allí cocinamos juntos, celebramos cumpleaños, somos muy unidos”. Relata que es “felizmente divorciada”, porque dice que eso le ha dado toda la libertad necesaria para dedicarse con entrega a su labor. Trabajar con hombres ha sido siempre gratificante y se siente protegida por todos. Recuerda la primera vez que atendió una emergencia. Estaba ensayando el desfile del 20 de julio y sonó la sirena. Todos corrieron a montarse a las máquinas y partieron hacia el área industrial de Yumbo, donde un químico se había regado. “Regresé a la estación con las botas llenas de pegamento”, cuenta entre risas.Asegura que nunca se ha sentido discriminada, ni le han impedido participar en una situación por ser mujer. Además, recibe la admiración de muchos. Como aquella vez que, en otro desfile, un asistente al evento le gritó: “¡Uy! ¡Con una bombero así, yo quemo mi casa!”. Ahora sabe que su padre está orgulloso. “Ejercer esta profesión es la mejor forma de honrar su memoria”.Un caso de alta tensiónPara alistarse, se quita los aretes, se ajusta el cinturón de herramientas y se pone su casco amarillo. Con su uniforme caqui y botas de seguridad sube por una escalera hacia lo alto de un poste de energía que, explica ella, es de 13.200 voltios. Se llama Jenny Grueso y es, de los 24 técnicos de electricidad que atienden emergencias de Emcali, la única mujer. Todo comenzó porque en dos ocasiones se presentó a estudiar en el Sena para un trabajo “de mujeres”, y no quedó. “Quería ser secretaria, pero se postulaban muchas. Como no me aceptaban, a la tercera ocasión escogí lo único que había disponible, que era Instalaciones Eléctricas y Mantenimiento”, señala. Al principio la miraban algo raro, pero ella demostró que tenía las agallas: cavaba huecos, manejaba grúas, instalaba postes... se le medía a lo que fuera. Hoy atiende las emergencias, como cuando se explota un transformador y se va la energía en el barrio. Y es que ese es un oficio en que hay que tener nervios templados, porque enfrentarse al poder de la energía no es fácil, dice. Ya le pasó, hace un año, que le explotó un pararrayos en sus manos. La electricidad recorrió su cuerpo y sintió la cara quemada. “Afortunadamente fue más el susto, no me pasó nada”. Cuenta que ser la única tiene sus ventajas. “Ella es la reina de esta planta”, le dicen sus compañeros. Su hija, ya de 18 años de edad, se siente orgullosa, aunque sufre por el riesgo al que se enfrenta a diario. Pero Jenny dice que ya no le da miedo, “es más bien respeto lo que siento”.Pasión al volante“Uy no, yo prefiero esperar el siguiente bus, con ella no me monto”. Es una frase que ha escuchado múltiples veces Tatiana Botina, por parte de usuarios del MÍO que, cuando van a abordar el bus padrón que ella conduce, retroceden aterrados. Pero a ella ya no le afecta. Al principio, dice, le daba duro. Pero ya no le da importancia. Sabe que algunos, especialmente las mismas mujeres, se asustan porque es de rasgos finos, con apenas 30 años de edad y delgada, teniendo en cuenta que maneja un vehículo que pesa casi 400 veces lo que ella. Aprendió a manejar a los trece y a los 16 ya transportaba personas en zona rural. Siempre le gustó. Condujo buses de la empresa Río Cali y trabajó transportando alimentos. El gusto se lo heredó a su papá, que fue chofer de ‘mula’. Y en medio de esta historia conoció el amor sobre ruedas. El padre de sus hijos es un conductor de transporte intermunicipal que un día se varó junto a su vehículo. Ahora están separados, porque, explica ella, el medio es difícil.“Como trabajo entre tantos hombres fue complicado manejar los celos”. Pero agrega que allá todos sus compañeros son muy especiales. Ahora está contenta, porque en unas semanas será ascendida a conducir bus articulado, el más grande. “Ahora estoy enfocada en esto y en mis dos hijos”, dice sonriente.

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