Conozca la historia de Mireya, una madre sustituta de ocho muchachos

Mayo 29, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Valentina Valencia Bernal | Reportera de El país
Conozca la historia de Mireya, una madre sustituta de ocho muchachos

Mireya es la madre de ocho menores que no son sus hijos. Ella, junto a 11 madres sustitutas, crían a pequeños y jóvenes en Aldeas Infantiles SOS en Cali.

Mireya es la madre de ocho menores que no son sus hijos. Ella, junto a 11 madres sustitutas, crían a pequeños y jóvenes en Aldeas Infantiles SOS en Cali.

“Anita es tremenda. Ahora porque usted está acá, pero siempre está haciendo cualquier cosa. Es súper inquieta”. Quien habla es Mireya, la mujer cuyos brazos busca siempre Anita. Y los encuentra. Mireya la abraza, la mima. Lo mismo ocurre con los otros siete chicos que viven con ella: han encontrado en su abrigo el amor materno que la vida les ha arrebatado. 

Mireya Chimbacó tiene 36 años y desde hace cuatro es la madre de unos chicos que no son sus hijos biológicos, pero a los que ha criado como propios. Ella es una de las 64 mamás SOS que hay en Colombia y que hacen parte del programa Aldeas Infantiles SOS; una organización no gubernamental cuya finalidad es fortalecer familias que están en riesgo y proporcionar entornos familiares a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes que han perdido por alguna razón el cuidado de sus padres. La organización tiene presencia en 134 países.

“Ser madre no ha sido fácil, pero ahí voy”, dice Mireya al explicar cómo han sido los últimos cuatro años y siete meses desde que decidió unirse a esta iniciativa, después de ver en un canal nacional un programa dedicado a las mamás SOS de Bogotá. 

“Yo  vi ese programa y dije: quiero ser mamá. Ayudar a esos chicos que necesitan un hogar. Era una época en la que me sentía desorientada y sola”, recuerda.

Después de haber visto el programa, Mireya comenzó a buscar en internet cómo podría llegar a convertirse en mamá SOS en Cali. Dice que  encontró unos números de contacto y comenzó a llamar. Entonces le dijeron que debía enviar su hoja de vida a un correo electrónico.

Pero ella, por el temor de que jamás leyeran su currículum, decidió acercarse personalmente a las oficinas de Aldeas Infantiles. Gracias a su interés fue considerada para realizar los cursos que se dictan en Rionegro, Antioquia, a  todas aquellas mujeres que desean ser tías de Aldeas Infantiles en Colombia.

Cada una de las 64 mujeres que actualmente son mamás SOS tuvieron que vincularse inicialmente así, como tías. Según Mireya, en estos cursos les ‘enseñan’ “a ser normativas con los chicos, a que nos vean como una persona de autoridad”.

La principal labor de las tías SOS es la de colaborarles a las madres en lo que estas requieran: si el chico tiene una cita médica y la madre no puede llevarlo, la tía lo lleva; si no hay quién prepare el almuerzo, la tía lo hace; si no hay quién vigile a los chicos después de la escuela, la tía los cuida... La idea es que todo suceda con la mayor normalidad posible.     

Mireya duró como tía  un año y tres meses. “Una mamá renunció y me llamaron. Me vieron todas las aptitudes”, cuenta. También asegura que no fue una decisión fácil de tomar porque “una cosa es ser tía y otra, ser madre. Esto se convierte en tu proyecto de vida. No es algo de lo que te puedas salir a los ocho días” dice. 

Las mujeres que aceptan ser mamás SOS conviven 25 días al mes con los chicos que cuidan en las Aldeas Infantiles y descansan cinco. “Cuando tengo mi semana libre por más que desee alejarme y descansar, no puedo. Siempre estoy pensando en los chicos. En qué estarán haciendo. Uno no es madre 25 días al mes, uno es madre siempre”, dice Mireya.

La Aldea Infantil en Cali está ubicada en una de las empinadas calles de Prados del Sur, en la Comuna 18. Es un lugar con 11 casas en ladrillo y todas las ventanas, rejas y puertas son blancas. En cada una de las casas vive una mamá SOS con ocho muchachos.

Hay dos Centros de Desarrollo Infantil, CDI, en donde son atendidos pequeños que no viven en la aldea, pero sí en el sector. También hay una pequeña zona verde con juegos infantiles. Es lo más parecido a un conjunto residencial. Todo sucede en total tranquilidad y armonía. 

   Los chicos que allí viven logran tener una vida lo más normal posible.  Todos tienen asegurado, además de un hogar, su salud y educación. También cuentan con apoyo sicológico. Mireya dice que así como a los muchachos no les falta nada en las Aldeas Infantiles, a ella tampoco le ha hecho falta tener hijos propios. Porque ellos se han convertido en eso.                 

La mayoría de los chicos que son atendidos en Aldeas Infantiles son mayores de siete años y han llegado allí después de haber estado en hogares del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf. Esto como consecuencia de que, después de esa edad, se dificulta su adoptabilidad. Por eso llegan a las Aldeas Infantiles en donde están hasta los 23 años. 

Mireya ha visto independizarse a algunos de los jóvenes a los que ayudó a criar. “Cuando es mi cumpleaños o el Día de la Madre vienen a visitarme. Jamás me olvidan”, dice, mientras mira una de las paredes de la sala de su casa en la Aldea Infantil, en donde ha hecho un letrero que dice ‘Feliz cumpleaños’ y ha puesto las fotos de los ocho chicos que cuida y ama como si fueran propios.

Muchas de las madres SOS renuncian y se arrepienten. Mireya dice que eso fue lo que le pasó recientemente a una amiga suya. Y que la entiende, porque concebir la vida sin los muchachos  es demasiado difícil. Le teme  al momento en el que le toque jubilarse, como cualquier otro empleado,  y llegue otra mamá SOS a su casa. Mireya repite una y otra vez lo que se ha convertido en su aforismo favorito: “uno es madre siempre, no solo por un momento en la vida”.

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