Conozca la historia de Gloria Peña, la Mujer Cafam del Valle 2016

Febrero 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Conozca la historia de Gloria Peña, la Mujer Cafam del Valle 2016

Gloria Peña goza del aprecio y admiración de docentes y auxiliares del Centro de Desarrollo Infantil de Mariano Ramos, uno de los 12 que crearon.

Gloria Peña es líder de emprendimientos sociales en el barrio Mariano Ramos. Y nominada a Mujer Cafam por el Valle del Cauca.

Gloria Peña no solo es la  Mujer Cafam del Valle 2016, sino  la mujer pulpo. Gloria Peña tiene muchos brazos invisibles que le alcanzan para abrazar a 800 madres comunitarias e impactar a casi diez mil niños del Distrito de Aguablanca. Siempre lo ha sido. En 1992, con sus  dos hijos vivía una precaria situación en el barrio  Mariano Ramos, de Cali. Con un  bachillerato inconcluso, la única opción de trabajo fue ser madre comunitaria del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF. No ganaba mucho, pero se alimentaba la familia, que creció con  un tercer hijo que nació  después. Asumir el cuidado de los niños de mujeres en idénticas o peores condiciones a  la suya, la enfrentaba a otras problemáticas. Entonces, los brazos y las horas se le multiplicaban para atender a sus  hijos, a los 15 niños del hogar comunitario y a intentar resolver las dificultades del oficio.  Las madres empezaron a  organizarse. Surgieron AmasValle y AmColombia, que llegó a agrupar a 80.000 madres comunitarias en el país. Hoy solo quedan 10.000.  Gloria participó  en la redacción  de un pliego de peticiones  laborales para dignificar su rol y que la sociedad no las viera como las ‘limpiacolas’ de bebés, a las que un Estado asistencialista les da unos alimentos.  Proveedores del ICBF, dice, aprovechando  su bajo nivel de escolaridad, les daban malos tratos y  productos.   Vieron  la necesidad de estudiar, pero el   esposo de Gloria le dio elegir entre él y capacitarse. Y ella eligió tener su diploma de bachiller. Pero día a día  aparecía una problemática distinta y Gloria fue ramificando más sus brazos de acción: crearon la guardería Nuevo Amanecer para atender a los menores de 2 años, pues muchas mujeres no podían trabajar porque las madres comunitarias solo podían recibir niños mayores de esa edad. Con 9 mujeres más, comenzó  a comprar las verduras para distribuirlas a las  madres comunitarias con un triple beneficio:  mayor cantidad y mejor calidad en la alimentación de los niños, a  menor precio, y las ganancias, las distribuían entre las afiliadas a la Cooperativa Multiactiva de Madres Comunitarias del Valle, CoomacoValle, creada en 2004. Ese fue el origen de un nuevo emprendimiento, con el que Gloria sacó músculo: un modelo de comercialización de  alimentos que surte directo a los hogares comunitarios, obviando contratar un proveedor.  Fruto de ello, CoomacoValle abrió en  Mariano Ramos una bodega de alimentos donde se distribuyen semanalmente las raciones de granos y verduras para las 800 madres comunitarias  que hoy tiene afiliadas y cuidan a 9600 niños. Solo allí se generan 30 empleos. Este modelo cooperativo funciona tan bien que es el único exitoso en el país. El de la Costa Atlántica fracasó por mal manejo de recursos; en el de Bucaramanga, la líder se puso a hacer política y perdió el rumbo del proyecto y el de Neiva fue incinerado por peleas internas entre las socias. A estas alturas, por más brazos que tuviera Gloria y más ayudantes que la apoyaran, ya no tenía tiempo para cuidar niños, ni siquiera a sus hijos. Entonces cambió a la modalidad de Madre FAMI (Familia, Mujer, Infancia) y se convirtió en representante legal de la cooperativa. “Una madre FAMI sale a  dictar charlas de paz, convivencia, género, crianza, pero vi  que si la gente tiene hambre no nos copia el mensaje. ¿Cómo lograr que los padres no roben, no consuman o expendan drogas o no vayan a ‘sicariar’ (sic) sino tienen con qué comer?”,  cuestiona  sobre  una realidad que aún vive.  Entonces, a esta madre le nacieron más brazos: las unidades productivas para abastecer a los hogares comunitarios y dar ingresos dignos para las familias: la panadería, que coordina su hijo Andrés Cano Peña y genera siete empleos; una microempresa de aseo (elabora límpido, jabones, trapeadores y escobas) y emplea a diez personas. Además de   20 mujeres cabeza de familia que confeccionan los uniformes de los niños, el zapatero que elabora el calzado y los  35  cargos administrativos de la entidad.  Y el nuevo brazo que  toma músculo  es un proyecto del Ministerio de Agricultura con 40 campesinos del área rural de Jamundí, para sembrar 40.000 matas de plátano, con otro triple beneficio:  será de sustitución de cultivos ilícitos,  tendrá su venta asegurada en los hogares comunitarios de   la cooperativa y con precios más económicos porque no hay intermediarios. El proyecto lo coordina su otro hijo, Brandon Alexis Cano.   Con todos sus brazos en acción, crearon doce albergues para niños o Centros de Desarrollo Infantil, CDI, en los barrios El Vergel, Antonio Nariño, Mariano Ramos, El Poblado, Alfonso López, Camilo Torres y operan el de Siete de Agosto,  donado por Fanalca. “Una madre comunitaria que es arquitecta nos levantó los planos y las mismas mamás  fuimos adecuando las instalaciones y los techos con panales de huevo”, cuenta esta mujer que no desperdicia nada.En ellos, 200   madres comunitarias que  se fueron capacitando –un requisito para ingresar a la cooperativa es estudiar–, ahora son docentes, coordinadoras, auxiliares pedagógicas o se vinculan a servicios generales o como manipuladoras de alimentos. Quince de ellas estudian trabajo social y licenciaturas en la Universidad Claretiana. Incluida su hija, Diana Cano Peña, coordinadora del CDI de Mariano Ramos.   Pero lo más importante para la mujer pulpo es que su obra  creada alrededor del objetivo principal,  cuidar los niños, es el impacto social y económico en el sector: se da  “un proceso de paz” y un ambiente de convivencia  y dinamiza la economía de las 91 familias que tienen un empleo gracias a CoomacoValle.  Gloria abraza a aquellas personas que la sociedad no quiere. La madre reincidente en expendio de drogas y a punto de perder sus tres hijos ante el ICBF,  ya es madre comunitaria. Hombres que tenían oficinas de cobro, ahora preparan detergentes químicos. Jóvenes tentados por la delincuencia   hornean pan. Una anciana a punto de perder su casa embargada por  impuestos  está pagando su deuda con lo que gana como empacadora de alimentos. Una chica  que era drogadicta y habitante de calle, trabaja en servicios generales y estudia una carrera técnica. Una adulta mayor que empezó con la cooperativa empacando verduras, se recuperó de las limitaciones que le dejó una trombosis, haciendo servicios generales en la bodega.  Para  Neisy Frayle, Gloria  es una  madre comunitaria en el sentido literal de la palabra. La conoció hace más de quince años y recuerda cuando le dijo: “Si usted no estudia, no puede seguir, tiene que cualificar su perfil”. Ahora es la asistente en seguridad social de Coomacovalle. Así funciona el emporio social que lidera Gloria Peña,  la mujer pulpo. Solo que este modelo puede molestar a algunos operadores que van ‘perdiendo  mercado’ de los hogares comunitarios a los que  surtían. “Es difícil, muy duro enfrentarse a esto, nos han dicho pobres, ignorantes, de todo;  ser operador se volvió un negocio para un capitalista  lejano,    se mueven muchos intereses y  al crear la comunidad un modelo distinto, nos genera persecución y hasta amenazas”, confiesa Gloria.  A la par con  estos procesos, con otras manos y en unas horas extras que quienes laboran  con ella no saben de dónde saca, Gloria se graduó en Administración de Empresas en la Universidad Fray Luis Amigó, no sin menos inconvenientes de  los de ser  líder de madres comunitarias. Ella y  otras colegas entraron a estudiar motivadas por una beca que les prometieron, pero  ya matriculadas la beca no llegó. “No perdimos de milagro, algunos  profesores nos sacaban de clase porque no habíamos pagado; me tocó ponerme a hacer tamales los jueves y así costearme la carrera. Después de tercer semestre, apareció la beca, pero del 60 % y un sacerdote de España nos ayudó con el 40 %”, recuerda entre risas en la segunda planta de su casa, que sirve de sede a la cooperativa. Su trabajo de grado,   la  planeación estratégica y organización administrativa de CoomacoValle,  es una   tesis que sí pasó a la praxis de una obra de 24 años y con  tantos méritos que Gloria fue nominada por el  Valle del Cauca al Premio Mujer Cafam 2016. Y el 7 de marzo, podría ser laureada.

 

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