Conozca la historia de Fundamor, una bella iniciativa que nació en un lugar inesperado

Conozca la historia de Fundamor, una bella iniciativa que nació en un lugar inesperado

Junio 02, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
Conozca la historia de Fundamor, una bella iniciativa que nació en un lugar inesperado

Fundamor lleva 24 años atendiendo a niños y jóvenes portadores de VIH. Su fundador, Guillermo Garrido, decidió trabajar en esta obra luego de atravesar por un oscuro episodio de vida.

Fundamor lleva 24 años atendiendo a niños y jóvenes portadores de VIH. Su fundador, Guillermo Garrido, decidió trabajar en esta obra luego de atravesar por un oscuro episodio de vida.

Guillermo Garrido pasó buena parte de ese día encerrado en la cajuela de un carro. Desde allí, acurrucado en medio de una oscuridad que sabía a tierra, podía percibir las voces apagadas de sus secuestradores, sentir los brincos de las llantas cuando golpeaban los huecos de la calle, escuchar cada una de las piedrecillas que se volcaban violentas contra el guardafango.

Sentía miedo, pero no un miedo cualquiera. Ese calambre helado que se le metió en la carne se le fue comiendo a mordiscos la memoria, el habla, la paciencia, la esperanza; era sin duda un miedo animal, primitivo, el miedo a la muerte.

Trató de orar pero le fue imposible, no podía recordar ni los más simples renglones de El Credo. Pidió perdón a Dios y le dijo, sintiendo el ardor de las sogas que le apretaban el cuerpo, que estaba listo para morir.

Segundos después vino la calma. El estómago ya no le temblaba, no lo hacían tampoco la mandíbula ni los muslos. Pero fue allí, cuando esa tranquilidad sorda amenazó con devorar toda su mente, que volvió a llenarse de pánico: pensó que ya estaba muerto.

Nacían los años noventa y Cali era entonces zona de guerra. Pablo Escobar había comenzado su ataque contra el ‘Cartel de Cali’ haciendo estallar bombas y petardos en balnearios, discotecas, farmacias y bancos.

Toda la ciudad permanecía alerta, en estado de vigilia y paranoia esperando el próximo ataque. Tal vez por esta razón, a uno de esos ciudadanos desvelados y temerosos le pareció muy extraño que la cajuela de ese carro se moviera tanto, y decidió llamar al escuadrón antibombas.

Cuando el equipo especial llegó a atender el llamado, Guillermo ya había empezado a escuchar una voz muy queda que le susurraba dentro de la cabeza “te vas a dedicar a una obra social”, y sin poner en duda el mandato de esa presencia invisible, acató la orden.

No pasó mucho tiempo para que renunciara a su puesto como vicepresidente de la Cámara de Comercio de Cali. Sin tener claro el proyecto que deseaba iniciar, empezó a buscar la manera de ayudar a quien tuviera que ayudar. En su exploración, habló con mucha gente para que lo guiara en el camino de la beneficencia, hasta que coincidió con un primo suyo, sacerdote en Bogotá, quien le pidió que lo acompañara a una de sus obras.

Lo que vio allí le secó las palabras en la boca. Su primo venía hasta Cali para ayudar a personas que se encontraban en fase la terminal del Sida. Los llevaba hasta Bogotá, los atendía en una casa clandestina y les procuraba, porque no podía hacer mucho más, unos últimos dignos días de vida. Y allí nació Fundamor, una causa social que buscaba ser atendida y que Guillermo, su esposa e hijos, decidieron adoptar.

La Fundación nació, según lo cuenta el hijo de Guillermo, en 45 metros cuadrados y con una deuda de 50 millones de pesos. Atendió inicialmente a pacientes adultos en una casa del barrio San Antonio, pero a los pocos años de ser fundada, decidió volcar todos sus esfuerzos en atender a niños y jóvenes portadores de VIH, y por esto tuvieron que llevar su sede hasta La Viga, en Pance, lugar donde sigue funcionando hasta el día de hoy.

Salud, nutrición, educación, atención psicosocial  son solo algunas de las atenciones que reciben las personas que hasta allí llegan. Y es que en sus más de 24 años Fundamor ha  prestado ayuda, aproximadamente, a 560 niños y jóvenes, mostrándoles que en la vida aún existe un buen lugar para ellos; lugar que pudo ver Guillermo encerrado en la oscuridad de esa cajuela, determinado a entregar su vida por cualquier causa que valiera la pena.

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