Conozca a Francisco Posada, el caleño que ayudó a destapar el engaño de Volkswagen

Mayo 02, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz | Reportero de El País

Este caleño asegura que la compañía aún no ha encontrado una solución. Los carros, pese al escándalo, siguen circulando.

Soy nerdo, un hombre más bien reservado”, dice Francisco Posada y se sonríe. Está en una cafetería en el sur de Cali apurándose un jugo de mandarina.  De momento, nadie lo reconoce. Hace unos meses apenas su nombre y la foto en la que aparece con gafas, una barba pulida y la sonrisa feliz del empleado del mes se publicaron en la prensa de todo el mundo.

Francisco fue el coordinador de una investigación que determinó que ciertos motores diésel de vehículos Volkswagen emitían 40 veces más contaminantes que lo que la empresa certificaba. Es decir:  la ‘prestigiosa’ compañía alemana nos engañó a todos.

El estudio fue realizado por el Consejo Internacional para el Transporte Limpio (ICCT), donde trabaja Francisco. Es una organización estadounidense sin ánimo de lucro dedicada a estudiar los efectos del transporte en el medio ambiente.

-Los  automóviles de Volkswagen que estudiamos emiten más contaminante que un camión de carga.

***

Francisco nació en Cali. Se graduó en el colegio Lacordaire y enseguida ingresó a estudiar ingeniería mecánica en la Universidad del Valle. Era 1994. La carrera fue una consecuencia lógica. A Francisco le interesó la mecánica desde  niño.

Desarmaba todos sus juguetes para asegurarse de qué estaban hechos, cómo  habían sido construidos. Después los volvía a armar, por supuesto.  En el colegio acostumbraba a sacar las notas más altas. En Univalle ocurrió lo mismo: ocupó  el primero o el segundo puesto en todos los semestres.

Trabajó después para Fanalca (Fábrica Nacional de Carrocerías), hizo algunos proyectos independientes y ganó una beca para viajar a Estados Unidos a hacer un doctorado en ingeniería mecánica con énfasis en combustión y emisiones.

Cuando terminó su tesis en combustión avanzada supuso que aquello le interesaba al Consejo Internacional para el Transporte Limpio, así que los contactó. Desde 2010 trabaja con ellos.

 La investigación sobre Volkswagen comenzaría tres años después.

 - No estábamos detrás de la empresa propiamente, dice Francisco mientras revuelve con su pitillo el jugo de mandarina.

Sus colegas del Consejo Internacional para el Transporte Limpio en Europa (hay oficinas en Berlín, San Francisco y Beijing) habían visto un estudio de unos investigadores italianos que les llamó la atención: probaron diez vehículos, compararon los motores de gasolina con los diésel, y estos últimos estaban muy por encima de los estándares de emisiones permitidos. ¿Por qué? ¿Qué pasa al respecto en otros lugares del mundo?, se preguntaron.

Francisco fue designado como coordinador para investigar el asunto en Estados Unidos.

-Empezamos a buscar datos y nadie había hecho una medición de las emisiones de gases de los vehículos diésel, probablemente porque el mercado es muy pequeño, menos del 1 por ciento. Entonces como que no importaba medir. A nadie le interesaba. Decidimos medir nosotros. Teníamos 70 mil dólares de presupuesto, y eso nos alcanzaba para medir las emisiones de tres carros, nada más. Debíamos hacer mediciones en laboratorio, que son las mismas que se hacen cuando un vehículo se va a certificar para ser vendido en un determinado mercado. Pero además queríamos hacer mediciones en carretera. Simple curiosidad científica.

 Escogieron carros  Volkswagen con la pretensión de ser “representativos”. Es una marca muy solicitada en Estados Unidos.  Además les llamaba la atención una nueva tecnología que anunciaba la empresa: una especie de trampa para capturar  Nox. También midieron las emisiones de vehículos BMW.

 Lo que encontraron ya el mundo lo conoce. En el laboratorio, los vehículos Volkswagen registraban los estándares permitidos de emisiones de gases. En la carretera, en cambio, eran 40 veces más altos.

-Todo era muy extraño. No tenía ningún sentido.   Hicimos todas las pruebas, contrastamos todos los datos, y el resultado siempre fue igual: en el laboratorio los estándares eran perfectos, en la carretera horribles. Entonces les advertimos lo que estaba pasando a  entidades como la Agencia para la Protección del Medioambiente de Estados Unidos (EPA). Ellos hacen las mismas pruebas que nosotros, y encuentran lo mismo. Entonces le preguntan a Volkswagen qué   es lo que está pasando. La empresa hace las pruebas y el resultado es idéntico. Volkswagen ofrece una solución, que sin embargo no funciona. ¿Qué carajos es lo que está pasando entonces?  Pasa  el tiempo y Volkswagen no era capaz de explicarlo.  Entonces la EPA los amenaza con no dejarles vender carros diésel para el modelo 2016, a menos que expliquen la situación. En septiembre de 2015 la marca acepta que tiene un truco: un software que reconoce cuándo el carro está en el laboratorio y cuándo no. Lo reconoce por ciertos datos que recibe: el timón no se mueve, está a determinada velocidad (la velocidad con la que se hacen las pruebas de laboratorio) en fin. Es como si, con esa información, el carro pudiera saber que lo están probando, entonces se porta lo mejor posible. En la exigencia de la carretera, en cambio, se comporta como en realidad es.  

Cuando el escándalo estalló, la vida de Francisco se transformó por completo. Debió dejar de ser ese hombre reservado, de pocas palabras, para en cambio hablar con periodistas de todo el mundo. Finalmente, su nombre estaba en la investigación inicial, debía informar sobre los hallazgos.

Un empleado de Volkswagen le envió un correo preguntándole si acaso no se daba cuenta que ‘por su culpa’, miles de empleos estaban en riesgo. Efectivamente, la empresa perdió 1.582 millones de euros en 2015, las pérdidas más altas en toda la historia. No era su culpa, claro.

Y sin embargo, pese a todas las consecuencias, dice Francisco, Volkswagen aún no ha encontrado la solución definitiva a las emisiones de los motores diésel.

 -No se sabe aún cómo mitigar el daño. Se está insistiendo en que Volkswagen construya vehículos eléctricos para que compense a largo plazo lo que ha hecho. Pero los 460 mil carros que vendieron con estos problemas en Estados Unidos y los 11 millones que vendieron en Europa, siguen circulando.

Según un cálculo publicado por el periódico El Mundo de España, estos vehículos ‘trampa’ de Volkswagen le arrojan al planeta 330 mil toneladas de Nox por año.

-¿Tuviste alguna vez un carro  Volkswagen, Francisco?

-Sí, Hace muchos años. ¡Pero con motor de gasolina!

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