Cali conmemora hoy la vida y obra de uno de sus líderes visionarios

Marzo 16, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Cali conmemora hoy la vida y obra de uno de sus líderes visionarios

Álvaro Garcés recibió múltiples reconocimientos, entre ellos la Condecoración Simón Bolívar, de manos del presidente Belisario Betancur en 1984.

El dirigente empresarial Álvaro Garcés Giraldo es un benefactor de la Fundación Valle del Lili. Fue fundador de la FES.

Desde que fue inaugurada la Clínica Valle del Lili en 1994, Álvaro Garcés Giraldo no pasaba un día sin visitarla. Era como su casa, miraba cada detalle y señalaba dónde se debía mejorar algo. Así fueron todas las jornadas, incluso a sus 90 años de edad, cuando su energía ya no era la misma de los viejos tiempos. Caminaba y saludaba a médicos, enfermeras, personal del aseo y de la cafetería, sin distinciones. Era fácil quererlo y por eso aún lo recuerdan.Y no es para menos. Don Álvaro fue de esos hombres que se repiten pocas veces, cuentan quienes lo conocieron. Pasó doce años de su vida gestionando recursos para construir lo que hoy es una de las mejores clínicas del país y el continente. Muchos, hasta su esposa Alice, le decían que una casa de salud de las proporciones que él pensaba era un proyecto imposible.Sin embargo, no se rindió. Acudió a sus amigos, conocidos, empresarios y a sus propios recursos para la causa. Hasta puso alcancías en varios lugares para que la gente aportara. “Con que cada persona ponga cien pesos, con eso hacemos algo”, decía, según recuerda su hija Elena Garcés. Al final logró recolectar la no despreciable suma de US$30 millones y donó el terreno de 60.000 metros cuadrados para la edificación, a través de la Constructora Meléndez, empresa de su familia. Ésta fue una de sus últimas obras, de las muchas que realizó en Cali. Su interés principal eran las necesidades de la gente, ayudar a mejorar su calidad de vida y ver crecer la ciudad. Aunque viajó por muchos rincones del planeta y fue un gran conocedor, solía decir que la Sultana del Valle era la mejor ciudad del mundo, que tenía el clima más envidiable de todos y que sin duda era el lugar ideal para vivir. De ahí, tal vez, su obsesión por aportar a la ciudad.Fue por esto también que se preocupó profundamente por el futuro de la región. No concebía el progreso sin una buena educación y por eso no le cabía en la cabeza que la Universidad del Valle estuviera en una estrecha sede de cien mil metros cuadrados, hoy conocida como la sede de San Fernando, donde en ese entonces se dictaban todas las carreras.Así, gestionó los terrenos de la Universidad en Meléndez, igualmente a través de la constructora y con apoyo de sus hermanos, también compañeros de negocios. Soñó con una gran universidad y así fue. Hoy el alma máter está sobre un área de un millón de metros cuadrados, donde se han educado miles de vallecaucanos.Un hombre con visiónÁlvaro Garcés residió en Inglaterra entre los 9 y los 25 años de edad. Cuenta su hija María Eugenia que su carácter era el de un ‘lord’ inglés, todo un caballero. Recuerda a un hombre prudente, que hablaba sólo lo necesario y a quien le molestaba la impuntualidad. Su gran amigo y compañero de proyectos, el doctor Martín Wartenberg, con quien gestionó la Fundación Valle del Lili (actual director médico de la entidad), cuenta que mantenía buenas relaciones con todo el mundo, era organizado y estricto con sus pagos. Así mismo exigía que la gente le pagara cumplidamente.Pero sobre todo, el doctor Wartenberg piensa que el amor por ayudar a la gente convirtió a Álvaro en un gran hombre. Sus conocidos lo describen como alguien que no era ostentoso “ni se creía más que nadie”. “Todos somos iguales”, decía a menudo. Y eso mismo fue lo que le transmitió a su familia. Su hija Elena recuerda ir constantemente en su niñez a llevar alimento y ropa a mujeres de escasos recursos con su madre, Alice, quien apoyaba a su esposo en sus propósitos de beneficencia, entre ellos las Fundaciones Valle del Lili y Unicáncer.Óscar Rojas, director de la fundación Alvaralice (de los cuatro hijos de Álvaro y Alice) y quien fue su gran amigo, lo define como un hombre sencillo y un verdadero filántropo, pero sobre todo, un visionario. “Poco tiempo antes de fallecer, a sus 90 años, me buscó para hacer un proyecto de reforestación en la cuenca del río Cauca. Definitivamente era un hombre con visión”, señala.Primero la familiaÁlvaro Garcés habría cumplido cien años de nacimiento ayer. Era economista de la Universidad de Cambridge, donde se destacó por sus dotes deportivas. Jugaba rugby y practicaba boxeo y natación, aunque su principal pasión eran los caballos y le gustaba mezclarlos para ver cómo mejoraba la raza. Amaba el polo y el fútbol. Le gustaban el campo y la naturaleza. Sus hijas lo evocan como un hombre prudente, que no llevaba trabajo a la casa. Aunque trabajaba con sus hermanos y hacía labores de beneficencia con Alice, respetaba los espacios familiares y compartía momentos especiales con ellos.Era un gran bailarín. Le gustaba la música y en especial la inglesa de la década de los 20. Bailaba tap dancing y llegó a hacer presentaciones de tango. Su amigo, el doctor Wartenberg, cuenta que amaba mucho a su esposa. “Era amante de su familia. Defendía a las mujeres y decía que merecían mejores posiciones en las empresas. Sin duda alguna, era un ser especial”.

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