"Con nueva ley los animales son seres sintientes, no cosas": Juan Carlos Losada

Septiembre 21, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País

El representante a la Cámara, Juan Carlos Losada.

El representante a la Cámara, Juan Carlos Losada, es el ponente del proyecto de ley de protección animal. Habrá sanciones más fuertes para los maltratadores.

Es filósofo egresado de la Universidad de Los Andes, con estudios de las Ciencias Védicas, que hicieron de este ex mánager de artistas un profesor de yoga y  meditación.

Es Juan Carlos Losada Vargas, un liberal, católico, vegetariano y hoy representante a la Cámara por Bogotá, donde es ponente del proyecto de Ley 172 de Defensa y Protección Animal pese a que su mamá, Clara Inés Vargas, es una fiel amante de la fiesta taurina.

¿Qué plantea su proyecto de ley de defensa animal?

Tiene dos ejes: primero, los animales en nuestro país todavía son considerados  “cosas”, “bienes muebles”, como estipula el Código Civil, que viene del viejo código napoleónico de 1804. Esa legislación ya fue  cambiada. En Francia se declaró a los animales “seres sintientes”, en  Alemania y Suiza lo son a  nivel constitucional. Nuestro proyecto de ley busca que los animales sean ante  el ordenamiento jurídico colombiano lo que son: seres sintientes, como lo demuestra la ciencia. 

¿Y cuál es el segundo eje?

Que si los animales son seres sintientes, el maltrato en su contra no puede seguir teniendo las multas irrisorias que tiene hoy. La Ley 84 de 1989 o Estatuto de Protección Animal, impone  multas entre 10.000 y $50.000 en unos casos, o hasta  $250.000 en otros. Y cuando alguien maltrata un animal, lo máximo que se le puede imputar es daño en bien ajeno, puesto que son considerados cosas.

¿Como quedaría con la nueva ley?

Estamos reformando la ley para que las multas estén entre 5 y 50 salarios mínimos legales vigentes. Y estamos tipificando un nuevo delito penal, el del maltrato animal. Muchos  países lo tienen en Europa, Estados Unidos Argentina, Costa Rica e incluso Perú. Las penas irán entre 12 y 36 meses de cárcel, con agravantes punitivos. Por ejemplo, si  el maltrato es cometido a través o en presencia de menores de edad. Como hizo el borracho en el Cauca, que degolló  dos perritos en frente de dos niñas que llorando le rogaban que no los maltratara.

¿Si el maltrato es de tipo sexual?

Muchos estudios demuestran  la correlación entre abuso sexual a menores y abuso sexual animal (zoofilia);  por lo tanto, esa persona  debe ser considerada un peligro para la sociedad. Y peor cuando es un funcionario quien ordena o realiza maltrato animal,  porque están para defender la vida, que es un mandato constitucional. La generación de hoy entiende la vida desde la perspectiva no antropocéntrica (que solo valora la vida  humana) y  no  busca solo la defensa de la vida humana sino de la vida en general.

¿Qué efectividad tendrá esta ley?

Le estamos dando a la Policía Nacional facultades que hoy no tiene: la aprehensión preventiva de los animales sobre los cuales hay graves indicios de maltrato, pues hoy no hay ninguna  herramienta jurídica para que el Estado lo recupere y lo proteja.  Como seres sintientes, los animales se convierten en sujetos de  protección por parte del Estado y de las autoridades.

¿Qué harán con las multas?

El proyecto destina el dinero de estas multas  a programas de educación y sensibilización en protección y bienestar  animal en  los municipios donde se hayan recolectado. Porque lo más grave en nuestro país es la ignorancia sobre la protección animal y  es prevenible. Decía Mahatma Gandhi que la evolución moral de una  sociedad, de un pueblo o de una civilización, se mide por la forma de tratar a sus animales. Es una realidad que debemos construir y este proyecto de ley contribuye al cambio.

¿En qué estado está  el proyecto?

El proyecto pasó  su primer debate en la Comisión Primera de la Cámara de Representantes, por unanimidad, sin un voto en contra, ni siquiera de los congresistas que se oponen a la creación de nuevos tipos penales. Hasta ellos entienden este clamor popular  que incluiría  el Código Penal  y lo votaron a favor. Y en el  segundo debate en la plenaria de la Cámara también tuvo votación unánime. En el Senado el ponente es el senador Juan Manuel Galán. Él ya hizo una audiencia pública, con participación de  animalistas de todo el país y expertos como Carlos Contreras, el único latinoamericano  doctorado en Derecho Animal, director del programa de Ph.D. en la materia en la Universidad de Barcelona y coautor del proyecto.

¿Y qué resultado obtuvo?

Se ratificó el apoyo masivo, con la  entrega de más de 250.000 firmas recogidas en todo el país. Esto le da legitimidad, no solo legislativa sino social porque refleja el clamor ciudadano, de las organizaciones animalistas y de los amantes de los animales. Antes de acabar el año debe ir a sanción presidencial.

¿Por qué su amor por los animales?

En nuestra  filosofía de vida  del yoga y la meditación, todos los seres vivos son sagrados. Desde que aprendí a valorar así la vida, empecé a interesarme por la defensa de los animales y me volví vegetariano (no come carne animal) por espiritualidad  y vegano (no consume derivados de animales) por política. 

Pero, ¿cómo luchar contra las corridas de toros de tanta tradición?

La tauromaquia está asociada a los estamentos de poder del país. Los taurinos dicen ser una minoría, pero son el Procurador, el vicepresidente de la República, el Registrador Nacional, el poder económico. ¿Cuál es ese criterio de minoría, que es numérico, pero  no representa las minorías históricas marginadas y en verdad segregadas y maltratadas?  Al contrario. Ellos siguen manteniendo esa cultura violenta con los animales y debe ser superada, como lo han hecho nuevas generaciones que ven en ese maltrato una forma que ya no los representa como sociedad.

¿Y esta ley las prohibe?

Cuando la Ley 172 termine el tránsito por  el Senado, presentaremos otro que acabe con las excepciones contempladas en el artículo 7° de la Ley 84 de 1989, sobre las corridas de toros, las corralejas, las peleas de gallos y el coleo llanero. Estas ya no son formas de diversión ni culturales. La cultura también es para cambiar y si queremos construir una cultura de paz, no solo firmada en La Habana, tenemos que acabar también la violencia en contra de los animales y  la naturaleza y convertirnos en la nueva sociedad de la no violencia, como decía Gandhi.

¿No han pensado en una solución negociada que permita la fiesta, pero sin herir ni matar al toro?

Eso sería mejor que lo que hay, pero la mejor opción es  dejar de ver a los animales como  nuestro entretenimiento. El toro  no es un payaso para venir a divertir a 14.000 personas consumiendo alcohol y demás. Así hacían con los cristianos y los esclavos en Roma, que eran sujetos de diversión del emperador y de los romanos. Una sociedad más consciente le daría a ese animal el lugar y la dignidad que merece.

¿Cómo le va con contradictores?

A la salida del debate en el Concejo de Bogotá sobre la consulta antitaurina, fui insultado, ultrajado por los defensores de la tauromaquia. Entiendo su dificultad de evolucionar, no los juzgo, fueron educados en una cultura que tiene que caducar y van a tener que aceptar que esto va en otra dirección. He debatido dentro del respeto, pero ellos dentro del irrespeto me decían que era un politiquero, defensor de las ideas de Gustavo Petro, cuando he sido un reconocido antipetrista, pero estoy de acuerdo con él en este punto: es necesario acabar este espectáculo.

¿Somos aún bárbaros?

No me gusta expresarme con un juicio ni desde esa dureza. Mi mamá es taurina. Cómo voy a decirles brutos, tarados, imbéciles, taurópatas, como les llaman algunos, cuando mi mamá va a salir a votar que sí le gustan los toros. Tengo un debate con ella muy duro, pero fue criada dentro de esa cultura y come carne y yo no. Ya no hablamos del asunto, pero ya entiende muchísimo más el tema animalista, me manda siempre los recortes de prensa por Whatsapp sobre la consulta antitaurina, sé que me apoya y creo que secretamente va a votar que no más toros. (Risas).

¿Y lo llevaba a toros?

Claro. Desde muy chico y vi a  Palomo Linares y a los grandes en la Santamaría. Una vez, en los años 90, el toro corneó al caballo en la panza y comenzó a salir sangre a chorros, como en la película Kill Bill. Ese día entendí que fui educado en una cultura en la que el caballo representaba valores positivos y el toro, los negativos, cuando solo siguen su instinto, no tienen conceptos tan torpes de buenos y malos como los nuestros. Ese día di un gran paso evolutivo: fue el último que fui a toros.

¿Qué les dice a los maltratadores aberrantes de animales?

Estas personas lo hacen por ignorancia muchas veces. La gente que apuñaló el toro de Turbaco o los que descuartizaron el caballo en la corraleja de  San Luis, en frente de los niños, y tantos más, tienen que entender desde su experiencia que los animales son susceptibles de sentir dolor, pero también del amor que son capaces de dar.

¿Qué opina de los zoológicos?

Son un sin sentido. Los zoológicos fueron inventados a finales del siglo XVII para verlos, conocerlos y estudiarlos. Pero hoy, con el desarrollo de la tecnología, podemos hacer lo mismo sin causarles perjuicio. El zoológico debe ser virtual, por computador, como existe en  Barcelona, y cumple el mismo fin pedagógico con las herramientas de la tecnología. Si queremos ver los animales, debemos ir donde ellos, no al contrario.

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