Con muerte de Nelson Garcés Vernaza, Cali perdió a uno de sus líderes más valiosos

Diciembre 09, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Luis Guillermo Restrepo | Director de Opinión de El País
Con muerte de Nelson Garcés Vernaza, Cali perdió a uno de sus líderes más valiosos

En lo público. Nelson Garcés Vernaza se desempeñaba como asesor del alcalde Rodrigo Guerrero Velasco, pero más que un funcionario, fue el escudero del mandatario. Era conocido por su sentido del humor y por su franqueza y sentido de la lealtad.

El periodista Luis Guillermo Restrepo escribió la siguiente semblanza de Nelson Garcés Vernaza, quien falleció ayer a los 73 años, de una insuficiencia cardíaca.

Hace algunos años y por virtud de las buenas y tertulias, me acerqué a Nelson Garcés Vernaza. Venía él de 36 años de intensa y fructífera labor al frente de Comfandi para iniciar otro de aquellos desafíos que le movieron el alma: el amor a su ciudad y el propósito de prestarle el servicio que reclama para superar la confusión producida por su caótico crecimiento.Ese compromiso no era extraño para quien fue elevado al rango de Almirante por José Pardo Llada. No era para menos: Nelson venía de ser secretario de Gobierno en la alcaldía de Libardo Lozano Guerrero, secretario General en la de Luis Emilio Sardi y alcalde (e) de la Sultana del Valle.Después se fue a la naciente Caja de Compensación Familiar del Valle, donde dirigió la que hoy está entre las 100 empresas más importantes de Colombia. Allí encabezó uno de aquellos “ejércitos del bien” de que habló Jorge Herrera Barona, para construir una empresa que le entregó a la región 11 colegios donde estudian 23.000 alumnos y 19.000 viviendas donde habitan 80.000 personas. Empresa que promovió una organización de salud que presta dos millones de servicios cada doce meses y levantó 14 centros recreativos que atienden un millón quinientas mil visitas anuales. Vuelvo a las épocas de Pardo para recordar que el Almirante, conservador de estirpe antigua, encabezó la formación del Movimiento Cívico con el cual estremecieron las estructuras de la política caleña, devolviéndole a la ciudad la esperanza en el manejo de sus asuntos públicos. Eran las épocas en que el populismo y la voracidad clientelista arrasaban con la credibilidad de nuestra ciudad, cuando el combativo ciudadano desempeñó, entre 1978 y 1984, su labor de concejal. Además, tuvo tiempo para ser presidente del Deportivo Cali mientras levantaba una familia que es uno de sus grandes orgullos. Y para ser candidato a la Alcaldía en 1988, cuando fue derrotado. No obstante esa derrota continuó el Almirante encabezando la lucha por Cali.Concluida su labor de 36 años en Comfandi, el ciudadano Garcés se sumó al regreso de la Unidad de Acción Vallecaucana. Desde allí promovió la campaña ‘Ponga la cara por Cali’, cuando la capital vallecaucana venía de unas elecciones con 62 % de abstención y una serie de gobiernos deslegitimados por la corrupción, la mala administración y el festín del clientelismo.Allí empezó una nueva etapa en la vida de quien ya debería estar retirado, disfrutando de su pasión por el campo. Fue cuando se encontró con Rodrigo Guerrero en la arena política, el que por gracia de esas conversaciones amenas y fecundas se convirtió en su aliado permanente.Y empezó una nueva batalla cuando decidió regresar al Concejo de Cali. Sin necesidad alguna y sólo por el afán de servir. Después de una campaña relámpago, se convirtió en el concejal Garcés y constituyó una dupla con Guerrero. Dueto de las minorías, porque lo usual en el hemiciclo era registrar una votación de diecinueve a dos. Pero dueto de respetabilidad, porque la inmensa mayoría de sus colegas y de la ciudadanía escuchaban sus voces de experiencia, sabiduría y rectitud.Sucedió que esa minoría se deshizo en apariencia en febrero, cuando el concejal Guerrero renunció a su curul. Entonces, mientras los 19 colegas de entonces lamentaban no sin alivio el retiro del exalcalde, él estremeció el hemiciclo. “No perdemos un concejal sino que ganamos un Alcalde”, fue más o menos la sentencia que empezó a cambiar el mapa de la política caleña. En la curul de su compañero puso un pañuelo acomodado a la usanza de Guerrero e intensificó las presiones para lograr que éste aceptara ser el candidato.Diez meses después, Rodrigo Guerrero asumió la alcaldía después de una campaña empeñada en recuperar la confianza y la unión de los caleños. En ella, Nelson se dedicó a tejer el respaldo político necesario para llevar a buen puerto la armada que le fue entregada. En ese emprendimiento no negociaron el poder sino que convencieron a los protagonistas. Guerrero y Nelson lucharon, navegaron en el mar proceloso de las corruptelas electorales y de la política del señalamiento y la descalificación. Y juntos triunfaron. Esa minoría, minúscula si se quiere, encabezó una pequeña revolución. Es la revolución que producen quienes como Nelson y Rodrigo ponen sus hojas de vida al servicio de su sociedad, y producen la confianza necesaria para enderezar el rumbo de los asuntos públicos.Como en todas sus actividades públicas de su dilatada carrera profesional, esta vez Nelson giró contra la cuenta de su credibilidad. Esa metáfora describe lo que el Almirante ha hecho por todos nosotros. Por eso, este admirador de Guillermo Valencia, este descendiente de popayanejos, fue uno de los artífices de la unión alrededor de un propósito: sacar adelante a nuestra querida Cali. La tarea la encabezó Rodrigo Guerrero. Y a su lado estuvo Nelson Garcés Vernaza. A la altura de sus años, el recordado Almirante nos dijo a todos los caleños que sí es posible participar en política y prestar un servicio público sin sectarismos. Y que no es necesario entregar los principios y los valores en aras de la ambición por el poder. Se nos fue Nelson. Hoy es día de rendir homenaje de respeto y admiración a nuestro Almirante y a su señora Luz Amparo. Es el homenaje que merece quien sin interés personal alguno dio ejemplo de cómo prestar un servicio a su comunidad y de cómo devolverle la fe a la política en Cali.Gustos y aficionesNelson Garcés se destacó también por su gusto por el tango y los boleros, lo que incluso lo llevó a organizar la Asociación de los Amantes de los Boleros.También era conocida su afición a los caballos (era criador y juez de competencias). Por ello fue miembro fundador y presidente de Asdeoccidente, durante diez años. Igualmente participó en Coequinos (hoy Fedequinas).Fue presidente del Deportivo Cali.Recibió galardones como la Orden del Congreso de Colombia, en el grado de Caballero; medalla Orden del Trabajo, del Ministerio del Trabajo y Orden al Mérito del Subsidio Familiar, de Asocajas.Actualmente era miembro de las juntas de Emcali, Corfecali y la Plaza de Toros.

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