Con Carlos Duque en El País, sigue la magia

Con Carlos Duque en El País, sigue la magia

Julio 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Luis Guillermo Restrepo S. | Director de Opinión de El País
Con Carlos Duque en El País, sigue la magia

El fotógrafo y publicista Carlos Duque.

Tras el sensible fallecimiento de Juan José Saavedra, el fotógrafo Carlos Duque fue invitado a ser el nuevo columnista de este diario.

Estamos en el año 2007 y a la sección de Opinión le han entregado una nueva página que pensamos hacerla distinta. Recibo entonces la llamada de Raúl Fernández de Soto, director de la revista Épocas, quien me invita a un almuerzo con Juan José Saavedra. 

Al ilustre payanés lo conocía por sus libros y por la columna que tuvo años antes en El País. Su inteligencia era similar a su genio explosivo. Su repentismo y buen humor, a su capacidad de reflexionar. Su profesión de abogado, su vena de escritor, novelista y panfletario. El político frustrado y el popayanejo de siempre.   

La conversación del almuerzo fue sobre varios temas. Pero, ante todo, estuvo guiada por esa característica de Saavedra, la de quien es capaz de sacarle jugo a cualquier situación y de lanzar una frase con la cual resume en instantes y en centímetros todo un mundo. Y de ponerle la sal a la vida sin despeinarse. 

Al final, Juan José repitió su pedido de siempre: una columna. Después de escuchar sus apuntes durante hora y media, le di la respuesta natural. Le dije que no iba a tener una columna sino veinte, cada una de esas frases que era capaz de inventarse. 

Y así duramos casi diez años. Saavedra escribiendo sus frases y El País con una columna inusual, coronada por un cubilete y hecha para hacer pensar a los lectores. Un escrito semanal en el cual se resumía la personalidad del autor de ‘De cómo ser feliz aun estando casado’. 

Así fue siempre, incluso cuando mandó un mensaje cifrado en mayo de 2015. Una despedida, según dedujimos con Raúl, a quien le envió unas fotos personales, gesto inusual en quien se comunicaba con él mediante una llamada o una visita. Después supimos que le habían descubierto el cáncer que se lo llevó un año después, el pasado domingo

Ahora, además de lamentar la partida del hombre que dejó huella, debimos enfrentar la obligación de reemplazarlo. 

Recordé a Carlos Duque, el discípulo del maestro Hernán Nicholls, a quien hace quince años  le ofrecimos un espacio en El País. Su inteligencia,  la agudeza que no olvida, su versatilidad, le impedían y le impiden escribir largo. Por eso dijo entonces que no.

Carlos ha hecho y ha sido de todo: fotógrafo, caleño de corazón, retratista incomparable, publicista de fortuna, asesor y director de campañas políticas. Pero, sobre todo, de pensamiento independiente, capaz de resumir sus visiones en una fotografía, o en una frase, que es lo mismo.  

Ahora, la oportunidad de escribir corto apareció sin que nos hubiéramos puesto de acuerdo. Es el tuitero, versión moderna de lo que hace tres lustros definió como la única posibilidad de publicar su opinión en el periódico.

 Por eso, y a partir de hoy, las miradas de Duque a la actualidad y a la vida serán protagonistas de nuestras páginas. Son ‘Instantáneas’ para poner a pensar a la gente, para mostrar como Juan José  que el humor, el buen humor,  es la señal nítida de la inteligencia.

“En Twitter pongo un 15 % de actualidad política, 15 % de temas generales, 10 % de arte, y  60 % de pendejadas. La columna recoge ese espíritu”, Carlos Duque
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