Con boxeo los jóvenes de El Retiro, oriente de Cali, están 'noqueando' a la violencia

Con boxeo los jóvenes de El Retiro, oriente de Cali, están 'noqueando' a la violencia

Abril 13, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País
Con boxeo los jóvenes de El Retiro, oriente de Cali, están 'noqueando' a la violencia

Decenas de chicos y chicas acuden todos los días al gimnasio para aprender la forma de convertir los golpes de la vida en oportunidades para salir adelante.

Gustavo Mosquera intenta rescatar muchachos de las pandillas a través del 'deporte de las narices chatas'. Historia de lucha.

Él lo llama ‘El saco de las emociones’. Funciona más o menos así: cada 15 días, Gustavo Mosquera, exboxeador nacido en Cali, sale por las calles del barrio El Retiro con dos sacos de boxeo a sus espaldas. Después los cuelga en la cancha de fútbol, en la de básquetbol, donde se pueda, y pone un cartel gigante escrito con marcador que dice: ‘El saco de las emociones’. En un santiamén el lugar se llena de curiosos. El saco azul simboliza las cosas malas que nos pasan, empieza a explicar Gustavo. A ese tienes derecho a pegarle tres veces, lo más duro que puedas, diciendo en voz alta los tres motivos para pegarle. Que me mataron a mi hermano, pum; que me quedé sin trabajo, pum; que mi mujer se fue con otro pum. El saco amarillo, en cambio, es para agradecer, para abrazar. Que tengo un hijo ejemplar en el colegio, abrazo; que acabo de graduarme del colegio a pesar de mil dificultades, abrazo; que me reconcilié con mi esposa, abrazo.Gustavo es el que siempre empieza, para romper el hielo. Le pega un tramacazo a ese saco azul porque ahí, en El Retiro, le mataron a dos hermanos. La gente, enseguida, se ánima. Gustavo dice que es una liberación. A muchos los ha visto llorando, livianitos, tras pegar y abrazar, sacar el odio, llenarse de amor. La rabia, está seguro, se puede descargar en el saco de box. Es miércoles. Gustavo, sudadera roja, camiseta verde, 1,60 de estatura, 39 años, camina por el gimnasio de boxeo del coliseo Mariano Ramos, al oriente de Cali. Gimnasio es un decir. En esta tierra que acaba de conocer a Johnatan ‘Momo’ Romero, su primer campeón mundial nacido justamente en El Retiro, el gimnasio oficial de la ciudad apenas tiene tres sacos para 31 muchachos que entrenan todas las tardes. Y eso que apenas llegaron hace un par de días. Los sacos. El resto, solo cemento gris. No hay cuadriláteros, tampoco grabadora. La música para entrenar, entonces, se programa en los celulares. Muchos de los jóvenes que Gustavo entrena son jóvenes de El Retiro y de barrios como El Vallado y Mójica, Distrito de Aguablanca. Muchos de ellos han estado en pandillas pero ahí, lanzando puños al aire mientras trotan alrededor del coliseo, intentan encontrar otro camino. Todo empezó hace seis años. A Gustavo se le ocurrió seguir los pasos del profesor Jorge Aguirre, un exboxeador regular pero entrenador con olfato para descubrir talentos y rescatar muchachos de las pandillas. Gustavo, de hecho, es uno de los salvados del profesor Aguirre. Él y Momo Romero, Óscar Rivas, Ingrid Lorena Valencia, la Zarca, considerada en su momento la mejor boxeadora del país. Todos fueron rescatados por el boxeo. Entonces, como Aguirre, Gustavo salió a los barrios, a su barrio, El Retiro, para invitar a los jóvenes a entrenar. Las prácticas al principio eran a mano limpia. No había con qué comprar guantes. Tampoco tennis. Algunos muchachos peleaban en chanclas. Aún lo hacen. Pero se daban resultados. Los pupilos de Gustavo se ganaban una y otra vez los Guantes de Oro, un torneo aficionado que organiza la Liga de Boxeo del Valle cada diciembre. El problema era después. Recibían el premio, algo así como 300 mil pesos, unos zapatos, unos guantes, y los muchachos pensaban que todo había terminado, que la vida se acababa ahí. En El Retiro, es uno de sus problemas, muchos jóvenes tiene claro que vivirán, si mucho, hasta los 18, los 20 años. No tienen proyección de vida debido al entorno de violencia. Entonces, después del título, algunos desaparecían de la vista de Gustavo, preferían disfrutar de lo lindo los 300 mil pesos. No volvían jamás. “Me ha faltado apoyo del gobierno de Cali para arropar más a los muchachos y que los procesos no se acaben. Tengo apoyos de fundaciones como Gases de Occidente, la Fundación Carvajal, pero no podemos solos”, dice Gustavo.El Retiro es un barrio de la Comuna 15. Allí viven 11.200 personas. El 95%, según diagnóstico de la Fundación Carvajal, está en condición de pobreza. El 35%, en condición de indigencia. Y según la Policía, existen por lo menos ocho pandillas aunque en realidad el número es variable en el sector. Puede que un día una pandilla se divida y se formen dos, puede que otro día desaparezca alguna, así. La razón de tanta pandilla es compleja de entender: se pelean el territorio y el tráfico de drogas, dice la Policía. Pandilleros y ex pandilleros dan otras razones. Que la culpa de tanta violencia son las venganzas. Que si en El Retiro le hacés algo a mi hermano, yo me desquito y así se van armando combos en cada cuadra. La violencia es la manera más rápida que tienen algunos de arreglar los problemas. Un joven que vive por ahí cree que, en parte, la culpa la tienen algunas muchachas. Si tenés moto y te vestís con tennis Nike, salen con vos. Si andás en bicicleta, ni te miran así seas pinta. Te dicen bobo, perdedor. Para no serlo, entonces, te metés a conseguir la moto, los tennis, la muchacha. El machismo también explica la violencia del barrio. Gustavo, que ahora se sienta mientras observa a sus pupilos, recuerda que él nació en El Retiro y le puede jurar al que sea que la mayoría de gente es buena. Son poquitos, muy poquitos, los malos. Lo que pasa es que el entorno te obliga a ser templado, a pararte bien. Si no, te joden a vos y por ahí derecho a tu familia. El entorno te obliga a parecer que sos tremendo aunque no lo seas. En todo caso el barrio está catalogado como uno de los más peligrosos de Cali. En el año anterior figuró en las estadísticas entre los 20 con mayor número de homicidios. El retiro también figura en la estadísticas por una palabra violenta: deserción; es común que los muchachos dejen el colegio. Son pocos los que se gradúan de bachiller. La razón, explican algunos, o comés o comprás los libros. Y así es muy bravo conseguir trabajo. En El Retiro, además, se registran las cifras más altas de la ciudad de embarazos no deseados, con niñas entre los 15 y los 19 años. Entonces es un círculo, siguen explicando, el de la pobreza y la violencia que te va apretando, apretando, apretando, y tenés que salir de ahí como sea. Una forma de intentarlo es el boxeo. Sabemos, dice Gustavo, que no vamos a salvar a todo El Retiro a punta de deporte. El boxeo no hace tales milagros, pero sí estamos seguros de que salvamos personas.Y los muchachos se ilusionan. Todos, ahora, hablan del ‘Momo’ Romero, de seguir su camino. Quizá no lleguen al título, pero sí a que consideren otras opciones distintas al delito para comer. Gustavo insiste. Si el gobierno lo apoyara de manera decidida, el asunto sería distinto, podría salvar más muchachos. El apoyo que necesita es la dotación del gimnasio, por ejemplo. O contratar un bus, así sea viejo, que los recoja en El Retiro y los lleve a la practica. La mayoría llegan a pie, muertos del cansancio, y sin embargo entrenan con todas sus fuerzas aun sabiendo que tendrán que devolverse caminando. “Por eso yo quiero hacer una marcha hasta Bogotá. Llegar a la casa del Presidente y que me escuche. Quiero hacer lo que hizo el profesor que se llamaba como yo, Moncayo, el caminante de la paz. Yo no tengo un hijo secuestrado como le pasó a él, pero a sí mi gente deprimida por la violencia. Quiero que me escuchen para que tengan en cuenta a la gente de El Retiro”, dice Gustavo.Los muchachos, allá al frente, en el gimnasio, siguen dando puños al aire, buscando un camino distinto a la pandilla.

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