Como héroes regresaron los rescatistas de Cali que atendieron tragedia en Mocoa

Abril 10, 2017 - 12:05 a.m. Por:
Valentina Echeverry Segura | Especial para El País
Regreso Bomberos Cali Mocoa

Las familias y compañeros de los bomberos que partieron el domingo 2 de abril se reencontraron con ellos en la estación de Villa del Sur. No faltaron los abrazos, los besos y las historias de los rescatistas.

José Luis Guzmán | El País

Entre lágrimas y sonrisas, arribaron el pasado sábado a la capital del Valle los Bomberos Voluntarios de Cali y Yumbo, tras su labor durante una semana en Mocoa, Putumayo, por la avalancha que se presentó el 1 de abril.

Uno de los mejores recibimientos lo tuvo Diego Díaz, médico jefe de Bomberos Voluntarios de Cali, pues al bajarse del carro, lo esperaba su esposa y Emilio, su hijo disfrazado de bombero, con una carta en donde le expresaban que “el ser bombero no es una vocación, sino un estilo de vida”.

“Por falta de energía, Diego se comunicaba conmigo muy poco, pero las veces que lo hacía llamaba muy afectado y me decía que realmente eso era una tragedia. Lo escuché llorar dos veces, sin embargo, le decía que nosotros estábamos bendecidos”, cuenta Paola Hurtado, esposa del médico jefe de Bomberos Voluntarios de Cali.

La labor de los rescatistas inició el mismo día de la tragedia, cuando solicitaron los requerimientos para movilizarse a Mocoa. En tres horas hicieron efectivo el viaje y emprendieron su tarea.

El domingo 2 de abril a las 4:58 a.m. tocaron suelo mocoano. Realizaron una inspección en el sector San Luis. “Cuando llegamos, observamos la magnitud de la tragedia y comprendimos que no había posibilidad de encontrar una persona viva. Solamente teníamos que enfocarnos en el trabajo de recuperación de cadáveres para aliviar el dolor de las familias”, relata Manuel Infante, capitán del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali.

Infante comparó la avalancha de Armero con la de Mocoa y dijo que en la primera hubo árboles y lodo. En la del pasado fin de semana, dijo que no solo hubo lodo, sino troncos de gran tamaño, arena y piedras de 10 a 15 toneladas.

A pesar de esta tragedia que enluta hoy a Colombia, una de las experiencias gratificantes para los 49 rescatistas caleños y cinco de Yumbo, fue el auxilio que se le dio a Rosa Elena, una señora de 76 años que padece de artrosis bilateral de caderas y rodillas. Ella había quedado incomunicada en su casa tras la avalancha.

Rosa permanecía en el sector Las Palmas, a 45 minutos de Mocoa y el único puente que permitía su traslado, había sido arrastrado por las aguas. Por eso, gracias a la labor de 10 unidades del Cuerpo de Bomberos de Cali, y dos del cuerpo de socorro de Yumbo, fue transportada en un helicóptero del Ejército Nacional hacia la cabecera municipal para recibir atención médica.

“Fue difícil su rescate porque no sabíamos dónde podía aterrizar el helicóptero. Lo que antes era un potrero, hoy en día era una selva de piedra”, dice el capitán Infante.

El capitán Roberto Duque, comandante del cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, cuenta que “estas son situaciones dolorosas, no solo para quien las vive, sino para quien ayuda a superarlas”.
Rosa no fue la única mujer que tuvo la fortuna de ser apoyada por los Bomberos. Entre los días de rescate, una señora embarazada se encontraba en una vía pública y estaba a punto de dar a luz. Ella fue atendida por personal médico.

Historias de esperanza y dolor

“El día jueves en el sector de San Miguel, nos estaba esperando un padre de familia, que estaba buscando a su hijo de 10 días de nacido. Él se nos acerca con una pañalera y unos documentos de identidad a pedirnos la colaboración para que caváramos dentro de la casa. Fue doloroso tener que decirle que era muy difícil porque la avalancha puede arrastrar los cuerpos a kilómetros de distancia”, relata el subteniente Wilmar Ortega, jefe del Grupo Técnico de Búsqueda y Rescate de Bomberos Cali.

El bombero Alexis Erazo nunca va a olvidar la escena que vivió en una de las calles, mientras rescataba los cadáveres. Relata que se encontró un cuerpo sepultado de una mujer que estaba semimutilada. Erazo solo tenía un objetivo: poder sacarla de ese sufrimiento para entregar el cadáver a sus familiares.

“Ella tenía un brazo estirado en medio del lodo, lo cual nos dificultaba sacarla. Empecé a limpiarle su carita y a tratarla como si fuera una hermana o alguien cercano a mi familia. Yo le decía “mira el esfuerzo que estamos haciendo por ti, por favor déjate ayudar, debes irte a descansar de una manera más tranquila”, y fue ahí, de un momento a otro, cuando aflojó su brazo, pudimos sacarla y entregar el cuerpo a su familia”, describe Erazo.

La experiencia que le dejó a este bombero, de 29 años, es “valorar cada instante de la vida, sobre todo el agua y la comida. Además, ayudar al prójimo sin importar que vayas a recibir”.

Manuel Infante, capitán del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Cali, concluye que “después de una semana ya se empezaban a presentar los problemas sanitarios, lo que podía ocasionarnos algún malestar en la salud, por eso se determinó que ya era hora de retirarnos del lugar con mucho dolor. Pero si es necesario volver, volveremos”.

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