¿Cómo acabó convertido el Zoológico de Cali en uno de los 5 mejores de América Latina?

¿Cómo acabó convertido el Zoológico de Cali en uno de los 5 mejores de América Latina?

Marzo 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Reportera de El País

Fundado hace 45 años, el Zoológico de Cali es la casa de cerca de 2500 animales y el parque más querido por los caleños. Descubra lo que lo hace tan especial.

[[nid:383619;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/01/zoologico-734.jpg;full;{El Zoológico de Cali es un lugar que preserva especies de flora y fauna, además fomenta la educación ambiental. Descubra cómo se ve este tradicional lugar desde los cielos.Video: Jhonatan Herrera y Carlos Salinas | El País}]]

La foto en el álbum familiar contará, muchísimos años más tarde, que este día —vestidito de camiseta azul y bermudas caqui— fue la primera vez que el pequeño Santiago visitó el Zoológico de Cali.   

La foto, celular en mano, la logró el arquitecto Ernesto Posada, su padre: Santiago a un costado  de la imagen, enseñando los dientes de leche, mientras al fondo ‘Congo’ y ‘Danna’, los  osos de anteojos, intentan refugiarse de un sol criminal bajo las rocas.    

Es la escena que más se repite en las diez hectáreas de este trozo de bosque natural convertido en zoológico hace 45 años, año 1971: teléfonos y tabletas curiosas intentando capturar un gesto animal digno de compartir en Instragram, de robar ‘likes’.

Es la que  ve a diario en sus recorridos Carlos Andrés Gálvez,  jefe del área de biología de este parque, que esta semana fue reconocido por la Asociación Americana de Zoológicos y Acuarios, AZA, en Estados Unidos —la más importante de su tipo en el mundo— por su trabajo en la preservación de especies y  las estrategias que ha sabido encontrar para  educar a sus visitantes sobre el mundo natural.

Si en sus manos estuviera, Carlos le contaría al pequeño Santiago que este lugar por el que hoy corretea a placer es la casa de cerca de 2500 animales pertenecientes a  230 especies. Que el 70 por ciento son nativos, ejemplares nacidos en estas tierras. Y que los demás, exóticos, ignoran que cargan a cuestas el extraño mérito de haberse adaptado a un lugar que no les pertenece, pero que  los puso a salvo de las manos criminales de los traficadores de fauna.

Buscaría palabras para contarle que aquí vive   ‘Stap’, un juguetón  oso pardo nacido en los bosques rusos, obligado a ‘trabajar’ en un circo caleño. Aquello fue hace  veinte años ya, y hoy  se hace viejo disfrutando de  tortas de verduras y helados. Le hablaría además de la ‘X Roja’, una rana en peligro de extinción. El Zoológico de Cali, dirá el biólogo, “tiene los dos únicos ejemplares en cautiverio de esta especie en el mundo”. Muy cerquita de ellas, vive la rana dorada, la más venenosa de todas. Y la rana de Lehmann, que no sobrepasa los 36 milímetros de tamaño. Rarezas que hacen único a este parque. 

[[nid:520912;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/03/zoologico-cali-.jpg;full;{El 70% de los animales del Zoológico son nativos (hacen parte o viven en territorio colombiano). El otro 30 % son exóticos.Foto: Jorge Orozco | El País}]]

 Alguien también tendrá que narrarle  al niño que aquí están orgullosos de contar con la colección viva de tortugas más importante del país. El mérito es sólido: hay 19  de las 27 especies  que habitan en todo el continente.  

Y que este zoológico ha logrado el milagro de reproducir especies como el cóndor de los Andes, nutrias, paujiles y  gallitos de roca, a los que los biólogos miran con desesperanza pues se encuentran en peligro de extinción. Pocos parques en el mundo lo logran.   

Elizabeth Mora, la zootecnista que tiene a su cargo el área de manejo y cuidado, preferiría hablarle a Santiago de que mucho antes de que el zoológico abra sus puertas, un ejército de cuidadores —casi 50— madrugan para alimentar a los animales. Los primeros en hacerlo son los canguros, pues sus hábitos alimenticios son crepusculares. Otros como el león comerán una vez al día, mientras las serpientes solo necesitan de un bocado cada quince días.

Es que aquí, Santiago, se destinan cada semana $50 millones para comprar las carnes, frutas y verduras  de primera calidad  necesarios para calmar el hambre de los comensales. Comer como si estuvieran en un restaurante con estrellas Michelín les hace más amable el cautiverio.

Hay casos en los que la comida se produce aquí mismo. Elizabeth habla de un biotéreo donde se reproducen, bajo estrictas medidas de bioseguridad, gusanos, grillos, cucarachas y moscas que otros animales usan para su dieta. La idea, en todos los casos, es que el menú luzca siempre como un manjar.   

La propia Elizabeth es la que diseña la dieta de cada especie, según su edad, necesidades fisiológicas y salud. Y la primera que sabe que algo anda mal cuando uno de sus hijos —como los cuidadores llaman aquí a los animales— no ingiere las cantidades que se le sirven habitualmente.

Los mimos son tan especiales que esos mismos cuidadores utilizan esencias para hacerles la vida más grata. Al león le encanta la de chicle. El truco consiste en rociar el líquido sobre una paca de heno para que el felino comience a  soltar muecas de agrado. A otros animales les pasa igual con  esencias de lavanda o citronela.   

Otros méritos de este parque, Santiago, son difíciles de registrar en una foto para el recuerdo. Porque mientras los visitantes pasean, muchos de los que trabajan aquí están dedicados a la investigación  para entregarle a la ciencia datos valiosos sobre biología reproductiva, conservación de especies  amenazadas o  aspectos de la fisiología de otras, como sus venenos. Así, cuando alguien  es mordido por una serpiente, un biólogo del zoológico les ayuda a los médicos a determinar la especie y el suero antiofídico con el que puede tratarse al enfermo. ¿Quién dijo entonces que un zoológico es solo lo que vemos de puertas para adentro?

En otros casos el conocimiento llega a poblaciones apartadas. El biólogo Gálvez y su equipo se han desplazado hasta comunidades indígenas de los ríos Naya, San Juan y Cajambre, en  Chocó, para enseñarles cómo manipular animales peligrosos y cómo actuar en caso de un ataque. Porque la idea, dice, es que se entienda que la conservación no es solo un asunto de zoológicos.   

Iniciativas de educación ambiental como esta fueron las que estudió la AZA para entregar su certificación al Zoológico de Cali. También advirtió otros méritos como el uso responsable del agua pues el parque cuenta con una planta de tratamiento que le devuelve limpia a la ciudad un agua  cargada de residuos producto de invasiones y aserraderos de la parte alta de la montaña.  

La tarea se hace con tanto esmero que este parque brinda asesoría a otros de su tipo en el país y es considerado el cuarto mejor zoológico de América Latina. Quizá no lo sepan los 500 mil visitantes que lo frecuentan cada año. Pero tu sí, Santiago. Por eso este es un parque al siempre querrás regresar.

Lo que reconoce la AZA 

La acreditación de la Asociación de Zoológicos y Acuarios (AZA, por sus siglas en inglés) reconoce los altos estándares de manejo y cuidado de animales del Zoológico.

Y esa tarea incluye ambientes, salud de los ejemplares, nutrición, estimulación del comportamiento natural, programa veterinario, desarrollo de investigación y conservación, programas educativos, seguridad y servicios al visitante.

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