Comenzó la lucha para ‘pacificar’ las dos comunas más violentas de Cali

Enero 15, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapié S. | Reportera de El País

El viernes se inició el toque de queda para menores en comunas 13 y 15. Rescatar a los jóvenes, la misión.

Su vida costó $60.000. Un adolescente de 15 años fue su verdugo. En un parque del barrio El Retiro el menor cuadró el negocio. Su tarea: apretar el gatillo cuando la víctima saliera de la casa. De ella, sólo tenía una fotografía. Si era soltera o casada, si tenía hijos, si era culpable o inocente no era su asunto. El menor sólo apretó el gatillo y huyó. $60.000, menos de lo que vale una comida en un restaurante del barrio Granada o una camisa en un centro comercial del Sur, eso es lo que puede costar la vida en los dos sectores más violentos de Cali: las comunas 13 y 15, donde desde este fin de semana se implementó el toque de queda para menores de edad. La historia de esta víctima la cuenta un líder comunitario. Aún con asombro, relata que es uno de los crímenes que escuchó en los últimos días. No es que los asesinatos sean noticia en la zona -aclara- pero ver que los menores matan hasta por “tres pesos” le pone la piel de gallina. El jueves, el secretario de Gobierno, Carlos Holguín, dijo estar consciente de la situación. Explicó que las comunas 13 y 15 fueron elegidas como las primeras para aplicar el toque de queda debido a los riesgos que enfrentan los jóvenes. Las cifras le dan la razón: en el 2011 la Comuna 15 fue la más violenta de la ciudad, con 193 crímenes, y la Comuna 13 ocupó el segundo lugar, con 182 casos. De hecho, cuatro barrios de la Comuna 15: Mojica (42 crímenes), El Retiro (34), Comuneros I Etapa (25), Ciudad Córdoba (21) y dos de la Comuna 13: El Vergel (29) y El Poblado (24) están en la lista de los 20 más temidos de la ciudad. ¿Quiénes son las víctimas y los victimarios? Las organizaciones que trabajan con los jóvenes sostienen que éstos lideran los dos bandos: cerca del 80% de los fallecidos y, a su vez, el 80% de los asesinos tiene menos de 18 años en estas zonas. Diagnóstico: grave Los enfrentamientos a sangre fría entre pandillas, el tráfico de estupefacientes, el sicariato y los atracos hacen parte de la rutina que a diario protagonizan los adolescentes de estas comunas. Carlos Cuero, vocero de la Corporación Señor de Los Milagros -que trabaja en la recuperación social de estos menores-, dice que esta delincuencia tiene sus raíces en una historia de carencias: ausencia de empleo, educación, salud, vivienda. En estas comunas, según el Dane, la tasa de desempleo es del 70%. “Si un joven vive en una invasión, duerme en una cama con ocho personas y no sabe si al otro día va a almorzar o no, se va a las esquinas a ver qué le resulta, necesariamente termina envuelto en la violencia”, declara Cuero. Esas esquinas se han convertido en el sitio de reunión de bandas, de hasta diez jóvenes, que tienen atemorizados a los 330.000 habitantes de estas comunas. De acuerdo con el Observatorio del Delito de la Sijín, hay catorce pandillas identificadas: siete en la Comuna 15 (‘Los Chimbis’, ‘Los Bonice’, ‘Los Chopos’, ‘La Virgen’, ‘Bambalina’, ‘La Ocho’, ‘Los Piercing’) y otras siete en la Comuna 13 (‘Los Lecheros’, ‘Los Indios’, ‘La Tatabrera’, ‘Los Calvos’, ‘Los Maniseros’, ‘Playa Baja’, ‘Los Warner’). La razón de por qué las pandillas aportan las víctimas y los victimarios es ‘laboral’. La pelea por el territorio para el ‘narcomenudeo’ y los atracos es el balón de oro por el cual jóvenes que viven a pocos metros de distancia se enfrentan como si hubiesen nacido en continentes distintos. Se trata de un negocio redondo. En la Comuna 13 hay 18 expendios de droga y en la 15 otros ocho. Según los estimativos de la Policía, cada una de las ‘ollas’ puede vender hasta $5 millones diarios, es decir, $35 a la semana, $140 al mes. Por eso, ‘la plaza’ se defiende a muerte.Un líder de la Comuna 13, que -como muchos- pide no ser identificado, explica que ahora las peleas se han vuelto internas y el enemigo es el propio vecino. “Ya no se enfrentan barrios históricos como El Retiro y El Vergel, sino que se pelean los de una calle con los de otra”.Esa rivalidad estalla los fines de semana. El mayor Andrés Chacón, comandante de la Estación de El Vallado (que cubre toda la Comuna 15), cuenta que entre viernes, sábado y domingo las catorce patrullas que tiene la estación atienden hasta 400 riñas.“Nos reciben a piedra”, dice un patrullero. El País constató que en las calles de barrios como El Retiro los jóvenes chiflan a los uniformados y algunos les apuntan con los dedos. ‘Matando’ tiempo...Además de la falta de dinero que viven a diario los habitantes de estas comunas (de estratos 1 y 2), la criminalidad juvenil también obedece al “desocupe”. El tiempo libre resulta ser una bomba de tiempo para los menores. La hermana Alba Estela Barreto, de la Fundación Paz y Bien, lo reconoce. “No hacen nada en todo el día, entonces se van a las calles a ver qué encuentran. Por eso nuestro trabajo se enfoca en mantenerlos ocupados”. Muchos emplean su tiempo en atracos. El año pasado en la Comuna 15 hubo 450 hurtos a personas, residencias, vehículos y establecimientos de comercio. Pero otros, dice la Policía con preocupación, se han dado cuenta que robar no es tan rentable. Hoy algunos menores, además de matar tiempo atrancando, matan personas hasta por $60.000. De hecho, líderes de la zona cuentan que unos, si se trata de favores a amigos, “hacen ‘vueltas’ por una simple caneca de aguardiente”.Un investigador de la Policía sostiene que por esta razón los jóvenes del sector se han convertido en la mejor ‘mano de obra’ de las oficinas de sicarios de Cali. “Trabajan por cualquier peso. Estas redes les pagan máximo el 20% de lo en realidad cobran por un asesinato”. Según la Sijín, algunos pandilleros capturados en la Comuna 13 han confesado que en el sector se están ‘exportando’ menores de edad para cometer asesinatos fuera de Cali y el Valle e, incluso, en países como Ecuador.El panorama luce desesperanzador. Pero Carlos Cuero cree en la recuperación de esta zona, está de acuerdo con el toque de queda y aclara que no puede ser lo único, que se requiere un plan integral y social para acabar con la violencia que asecha a los jóvenes. De no ser así, -dice Carlos- las comunas 13 y 15 seguirán en contravía de las leyes naturales: seguirán siendo los adultos quienes entierren a los más jóvenes.

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