Colegio San Cayetano, en el oriente de Cali, gradúa a bachilleres 'cinco estrellas'

Septiembre 19, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Colegio San Cayetano, en el oriente de Cali, gradúa a bachilleres 'cinco estrellas'

Los padres Tony (Izq.) y Pascual, son los más felices con su obra que empezó como un comedor y ahora es un colegio que graduará bachilleres en hotelería y turismo.

El Colegio San Cayetano de Cali gradúa la primera promoción en el país de bachilleres en Hotelería y Turismo. Obra teatina.

Cuando se crece y se vive sobre el jarillón del río Cali el lujo es un concepto lejano que duele cuando se acerca, que atropella cuando te toca. Allá no hay camas mullidas ni amplias habitaciones ni mesas tendidas de manteles blancos con copas relucientes, ni juegos de cubiertos brillantes. Allí, el máximo lujo es sobrevivir.Ir a un colegio como el San Cayetano, que dirigen los padres teatinos (una orden religiosa española creada por dicho santo), en el barrio Alfonso López de Cali es un privilegio que pocos gozan. Juan David* y trece jóvenes más del área de influencia de ese jarillón, se han dado ese lujo adicional: en noviembre se graduarán como la primera promoción en Colombia de bachilleres técnicos en Hotelería y Turismo.Estos adolescentes, que nunca se han hospedado en un hotel cinco estrellas, ya saben cómo atender un huésped de esa categoría. Desde que llega a la recepción y se registra, hasta que hace su ‘check out’: dominan el arte de poner la mesa, con la cristalería y cubiertería en la posición correcta, a preparar y servir un menú, a dejar impecable una habitación, en fin, a ser los anfitriones perfectos.Juan David es uno de ellos. Ama tanto su colegio y esta ventana al mundo de la hotelería, que “las tres veces que me fui volví”. Entró a 8°, pero nunca antes había estado tanto tiempo (hasta las 3:00 p.m.) en un salón y no ‘empató’ con el grupo. Volvió en 9°, pero su mamá no tenía para el transporte y lo matriculó en otro colegio. En 10° regresó, pero a ella le dio “la loquera” de pasarlo a otro “donde lo único que les importa es que les paguen lo de la cobertura (educativa)”, dice el joven de 16 años.A Lina Viviana la felicidad le salta por los ojos y su amplia sonrisa la califica muy bien para ser recepcionista de hotel, el área en la que le gustaría trabajar. Con su hablar espontáneo y expresivo, recuerda ese día en que ella no iba a la escuela y llamaron a la puerta de su casa.Eran los sacerdotes españoles, Pedro José Pascual y Antoni Domenec, más conocido como el padre Toni, de la orden católica los teatinos, que iban de casa en casa, persuadiendo a los padres de la importancia de mandarlos a estudiar y anunciando que estaban creando un colegio. Allí empezó cuarto de primaria. “Fue mi primer paso en la vida para realizar mis metas, mis sueños, mis anhelos”, dice, sin ahorrar palabras.Uno de ellos es “ser doctora en medicina forense y aprender inglés. Este colegio ha sido lo principal en mi proyecto de vida. Quiero romper esta cotidianidad, aquí las niñas a los 13 años ya tienen hijo, no quiero seguir la misma historia de mi mamá, sino superarme”, comenta.También tiene claro que como la mayor, va a ser el ejemplo para sus dos hermanos menores. Y que Dios ocupa el primer lugar en su vida. “Todo lo que voy a realizar lo encomiendo a Él. Y por eso me va muy bien en la vida”, asegura la joven. Esa formación centrada en el Jesús resucitado que domina la entrada del colegio, es el eje de este proyecto que empezó como un comedor para 40 niños en 2003 en una casa, como lo conoció la autora de este artículo entonces, y que resulta muy emotivo verlo convertido en un edificio de cuatro pisos con más de 700 alumnos.Desde prejardín hasta 11° hasta con consultorios para salud, odontología y sicología, explica el padre Pascual. Incluidos dos jardines del programa ‘De Cero a siempre’ del Icbf para 200 pequeños en esta sede y otros 200 en un nuevo jardín en Villamercedes, recién estrenado más al oriente de Cali, agrega el padre Toni.Tatiana Cuero, otra de las futuras graduandas, no se imagina cómo sería su vida si se hubiese quedado en un colegio público “donde hacían de todo. Allá yo dejaba de ir una semana y no pasaba nada, para el profesor es un alumno menos que va a molestar. Aquí, si yo falto un solo día, ya estaban llamando a averiguar qué me pasó, aquí sí se interesaban porque yo viniera. Allá éramos 44 en un salón, acá somos 14. Allá iba sin rumbo fijo, acá está presente el amor por uno mismo y por los demás. La buena voluntad que hay que dar y poner a Dios por delante de todo y así San Cayetano empezó a darle sentido a mi vida”, dice esta aspirante a ingeniera civil que está dispuesta a aprender a cocinar, porque en las clases de gastronomía se le quema hasta el agua.Nada diferente a lo que vivió Hernán Felipe*, cuando regresó de Risaralda, a donde su mamá lo llevó con sus hermanos para salvarlos de las balas y los conflictos en el barrio aquel, el mismo de Juan David, más conocido por su violencia que por su nombre. “Mi mamá nos llevó a un colegio malísimo, por el barrio Compartir. A un solo salón le habían hecho divisiones y allí era 8°, 9° y 10°. El primer día fue aburridísimo y le dije a mi hermano: ¿vamos a tener que pasar todo el año aquí? Justo cuando llegó el profesor y me preguntó: ‘¿Usted vino para estar el año aquí o se va a ir como hace la mayoría?’”. Todos sueltan a reír, todos han pasado por colegios así.Así recuerda Hernán Felipe su ingreso a este colegio de amplios pasillos y salones limpios, de un restaurante que funciona como un relojito y los alimentos están bien preparados, que está en una zona marginal donde los niños de estrato 0, 1 y 2 más lo necesitan. Y donde la hotelería y turismo le amplió el horizonte a Hernán Felipe: a él le gustaría estudiar idiomas, esencial para atender bien a los turistas.El programa tiene alianzas con entidades como Cotelco, que rifó pases para ir por un día a un hotel de la ciudad y “ser atendidos como les gustaría que los atendieran”, dice el padre Pascual.Lorna fue la huésped elegida para ir al hostal Casa Santa Mónica. Le preguntaron cuál era el hotel caleño famoso por sus empanadas. “El Obelisco”, dijo y acertó. Fue la única que lo aprovechó –y lo disfrutó–. Otros menores de edad, no tuvieron un adulto que los acompañara en esa “visita guiada”.Ella fue con su hermana. Como en las películas, durmieron en una habitación confortable y les llevaron el desayuno allí. A la experiencia de conocer el hotel, pudo observar cómo prestaban el servicio en cada área, comparar y confirmar que coincidía con lo que les enseñan en la recién estrenada unidad de prácticas, que está dotada de habitación doble, gran cocina, restaurante y bar. Como en un hotel.“Lo más importante fue darme cuenta de qué debía hacer para hacer sentir bien a los demás”, dice la jovencita que quiere enfocar su vida en la hotelería y la gastronomía, para lograr estudiar medicina, lo que más le gusta. Consciente de que esta última es una carrera costosa, cree que con los valores que le ha dado el colegio, honestidad, respeto, disciplina, todo es cuestión de organizar el tiempo y realizar su sueño.Cada uno tiene el suyo. Jéssica* desea ser azafata, “un sueño que he puesto en un altar porque sé que es difícil, pero espero algún día alcanzar”. Christian Eduardo*, más aplomado, dice que se dedicará a la contabilidad hotelera. Cuando le toca el turno a Nicole Vanessa*, todos bromean: “Ella quiere el puesto más alto del hotel: gerente general”. “A ella le gusta mandar: páseme, tráigame...” “Y es bien exigente...” Todos se ríen, incluida ella que puntualiza: “Quiero ser teniente de la Policía, de la Policía de Turismo”.Sueños de un puñado de jóvenes salvados (muchos murieron o desaparecieron) gracias a este énfasis novedoso para un bachillerato. El padre Pascual, director de la Fundación Manos Providentes, que el próximo 3 de octubre cumple diez años de haber salido a tocar puertas al jarillón buscando alumnos y de buscar benefactores para realizar su sueño, dice que la idea era no hacer más de lo mismo, sistemas, contabilidad, mecánica... Un benefactor español, de la cadena de Hoteles Barceló, le sugirió énfasis en hotelería y turismo. Un área novedosa y que fuera una opción laboral para los jóvenes realizar su proyecto de vida: ya sea que se dediquen a esta especialidad o se valgan de ella para costear la carrera de sus sueños.El brillo en los ojos confirman que Juan David* realizará sus fantasías de ser un ingeniero de sistemas, vivir en París y hasta encontrar el amor de su vida allá. “Cuatro de los que nos vamos a graduar venimos de ese barrio conocido por su violencia, lleno de gente que quiere dañar a los demás”, dice mientras el el grupo bromea sobre el nombre de ese sector de Cali. Pero él continúa firme: “Pero nosotros vamos a salir de la cesta de las manzanas podridas, somos los granitos de arena que queremos hacer la diferencia”.*Solo nombres por ser menores de edad. La obra teatinaLa obra social de los padres teatinos en Alfonso López empezó en 2003 como un comedor comunitario para 40 niños. En 2004 creó una guardería infantil para brindar atención más completa. Benefició a 100 niños y en 2005 eran 150. Subsidió a 450 niños para que ingresaran a un programa de educación primaria regular. En 2009 empezó su plan de ampliar su proyecto educativo a la secundaria. En 2010 realizó convenios con el Sena para brindar cursos técnicos y tecnológicos que han beneficiado a 1000 estudiantes. También en ese año construyó su polideportivo. Y en 2012 empezó la formación de sus alumnos de 10 y 11 en hotelería y turismo con cursos de servicio al cliente, panadería, cocina, ama de llaves, administración hotelera, entre otros.El colegio está situado en la Cra. 7 G Bis N° 79-21. Tel: 6639202. La orden teatina debe su nombre a San Cayetano de Thiene, su fundador en 1524.

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