Clínica Club Noel, un nonagenario de muy buena salud

Clínica Club Noel, un nonagenario de muy buena salud

Noviembre 17, 2014 - 12:00 a.m. Por:
El País
Clínica Club Noel, un nonagenario de muy buena salud

Jaime Domínguez Navia, director de La Clínica Infantil Club Noel.

La primera historia clínica del Club Noel data de 1933 y el primer hospitalizado de 1936. Hoy atiende 100 mil niños al año y realiza 9 mil cirugías.

Hace más de cuarenta años, cuando La Clínica Infantil Club Noel pasaba por una de sus tantas crisis, la religiosa Eufemia Caicedo Roa, su fundadora, tenía una estrategia que solía funcionarle: escribía en pequeños papelitos cartas al Niño Dios, las que luego ubicaba en algún rincón del altar de la capilla y se sentaba a orar. Lo que seguía entonces era sencillo, continuaba trabajando por los niños más desprotegidos como podía mientras esperaba a que se hiciera el milagro. La imagen la tiene nítida su actual director Jaime Domínguez Navia, un economista de 55 años que si bien ostenta el cargo desde hace apenas diez, tiene toda una historia de vida vinculada a la institución. Fue él, precisamente, uno de los niños que ayudó a la madre Eufemia a escribir esas cartas, con el anhelo sincero de que sus súplicas fueran escuchadas.Es que Jaime prácticamente creció en el hospital. El 20 de octubre de 1975 su padre Jaime Domínguez Vásquez fue nombrado presidente del Club Noel, pero ya desde tiempo atrás la atención médica y el apoyo a los niños pobres de la ciudad se había convertido en un asunto de familia. “Mi papá conocía a la madre Eufemia desde hacía muchos años. Él le ayudaba como podía, bien fuera económicamente o en tiempo, porque tenía una vocación de servicio enorme. Así mismo mi madre, Leonor Navia de Domínguez, se fue vinculando poco a poco a la institución. Y finalmente en el año 75 cuando fue nombrado presidente, emprendió una labor de compromiso que ejerció durante 33 años hasta el día de su muerte”, recuerda Jaime. Sentado frente a un escritorio impecable, desde donde lidera una clínica que hoy atiende al año cerca de cien mil niños, entre ellos 9.000 cirugías, 5.000 hospitalizaciones, atiende a 40.000 pacientes en su unidad de urgencias y más de 500 niños en su unidad de cuidados intensivos, él no puede dejar de sentir cierta simpatía por las prácticas de doña Eufemia, pues con el tiempo comprendió que un hospital no podía vivir exclusivamente de la caridad y de la ayuda divina. “Es cierto que así nació el hospital, con la ayuda de donaciones, de la caridad de gente que quería ayudar, pero cuando un pequeño puesto de salud se convierte en el hospital que es hoy, eso te obliga a organizarte, a reestructurarte, a volverte eficiente, autosostenible, de tal manera que puedas garantizar el cubrimiento de todos los frentes: el pago de nómina, la compra de medicamentos, de alimentos, etc.”. ***La historia de este hospital que ha visto crecer a Cali desde la esquina de la carrera 22 con Calle Quinta, se remonta a 1924 cuando la religiosa Eufemia decidió liderar la entrega de regalos a niños pobres en aquella Navidad. “Durante un par de años esa fue la misión de la madre, alegrarles el 24 de diciembre a los niños que no tenían muchas posibilidades. Pero con el tiempo, ella y su grupo de colaboradores se dieron cuenta de que estos niños tenían necesidades más apremiantes, entre ellas la atención en salud y nutrición”, explica Domínguez. La madre invita entonces al médico Luis H. Garcés, quien de inmediato se vincula a la causa ofreciendo una tarde a la semana para atender a los pequeños en la Clínica Garcés. Es allí donde nace el ‘Consultorio del Niño Pobre’, génesis de esta historia. Dada la alta demanda que tuvo este servicio, otro médico, el doctor Pablo García Aguilera, benefactor de la madre Eufemia, compra el primer lote de 1.400 metros para construir un consultorio propio. Su crecimiento posterior se da cuando la Madre compra los 32.000 metros restantes. Con el tiempo, el consultorio se convierte en Puesto de Salud, y de Puesto de Salud en Hospitalito. La primera historia clínica data de 1933 y la primera hospitalización de 1936. Hoy, la Fundación Clínica Club Noel recibe niños no solo de Cali sino de todo el Valle del Cauca, del norte del Cauca, de Nariño, del Eje Cafetero, de Putumayo y de la Costa Atlántica y atiende pacientes para cirugías de alta complejidad. ***Para Jaime Domínguez, una de las claves del éxito del Hospital a lo largo de estos 90 años, ha sido el haberle apostado a un equipo de colaboradores, entre médicos y personal administrativo, que han trabajado conjuntamente por sacar adelante la institución. Así como al enfoque administrativo que él ha liderado, con el que se busca ofrecer la mejor atención al niño y su familia, pero también obtener ingresos para poder mantener viva la institución.“Hoy en día cobramos por los servicios, porque se supone que el 94 por ciento de la población colombiana está asegurada en salud. Entonces, si no le cobráramos a un niño, no le estaríamos haciendo beneficencia a él sino a la EPS”, explica. Gracias a esos ingresos, el Club Noel no solo atiende a sus pacientes sino que sostiene a una nómina de 280 empleados, entre los que se encuentran 120 médicos, y puede responder ante los diversos proveedores de medicamentos y alimentos, entre otros. Una de las especialidades en las que esta institución es reconocida en el país es en la realización de cirugías de malformaciones óseas congénitas de la cabeza, que son de alta complejidad y requieren de un equipo interdisciplinario de especialistas como neuro cirujanos, cirujanos plásticos y en algunos casos, dependiendo del compromiso de la malformación, de otorrinos.“Se trata de cirugías que pueden llegar a durar seis horas. Este año atendimos dos casos, ambos de niños indígenas que llegaron a Cali”, explica Luz Myriam Claros Giraldo, directora médica de la institución, quien agrega que la mayor cantidad de pacientes para cirugía requieren intervenciones ortopédicas, de otorrinolaringología, urológicas, plásticas, neurológicas y oftalmológicas. Entre los grandes hitos de la institución se encuentra la inauguración de la Unidad de Cuidados Intensivos, abierta hace 14 meses, que consta de 20 cubículos debidamente equipados con su camilla, respirador y paneles de control.“Tan solo este año, por la Unidad de Cuidados Intensivos han pasado 580 niños; se trata de pacientes que antes teníamos que remitir a otros hospitales, pues no estábamos en capacidad de atenderlos. Esto significa entonces una oportunidad de vida para los pequeños que quizás no tengan la posibilidad de ser atendidos en otros centros hospitalarios por falta de cupo u otras razones”, afirma Domínguez.Y es justamente esa Unidad de Cuidados Intensivos la que les ha permitido soñar en otros frentes de atención que aún no tienen disponibles en su portafolio de servicios. Luz Myriam Claros cuenta que una de las principales preocupaciones en el Club Noel es el cáncer, pues las estadísticas hablan de la aparición de un caso nuevo de cáncer por semana en la población infantil del Valle del Cauca. Entre estos, las leucemias son los más comunes. “En la actualidad no estamos en capacidad de atenderlos, pero ya estamos trabajando por un sueño: crear la Unidad de Atención Integral para pacientes pediátricos con cáncer. Y esperamos lograrlo en un futuro no muy lejano”.Y la Unidad de Ciudados Intensivos es, sin duda, el primer paso hacia ese sueño, así como el laboratorio clínico y de microbiología, el área de imagenología que cuenta con escanógrafo y la reciente adquisición de una torre de laparoscopia que permite la realización de cirugías menos invasivas y que a su vez se traducen en una recuperación más pronta del paciente.¿Retos? Muchos, dice Jaime Domínguez. Uno de ellos es mejorar la atención en sub especialidades en las áreas de gastroenterología y endocrinología. “En esta última, por ejemplo, no damos abasto en la atención, pero no depende tanto de nosotros sino de las horas que nos puede brindar el especialista. Nuestro reto, en ese sentido, es aumentar la oportunidad de citas”.Pero el más importante, sin duda, es mantener la salud financiera de la institución, de tal manera que nunca se lleguen a ver obligados a cerrar sus puertas. “Con las crisis del 2004 y del 2007, años en los que colapsaron muchas empresa en el Valle y en el país, lo más fácil habría sido cerrar las puertas del Hospital. Pero esa no era mi voluntad. Hubo mucha gente que nos acompañó de manera decidida, desde grandes empresarios hasta gente del común”. Y el agradecimiento de la comunidad es inmenso. Casos como el del dueño de una panadería que, cuando le va bien en sus ventas, se acerca y dona $50.000 pesos, porque de niño recibió atención en el Hospital. O el del taxista que no se olvida de los servicios que le brindaron a sus hijos y nietos, y cuando puede hace un aporte.“La demora exagerada en el pago por parte de las EPS nos ha hecho pasar malos ratos. Pero no se trata ni siquiera de la mala voluntad de estas sino del enredado Sistema de Salud que tenemos en Colombia”, dice Domínguez. No obstante, y a pesar de esas crisis, tiene la satisfacción de haber llegado a los 90 años con buena salud. Todo un ‘milagro’ que seguramente estaría agradeciendo doña Eufemia, artífice de esta noble causa que hoy es un verdadero orgullo de los caleños.

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