Ciudadela Educativa Un Nuevo Latir, la nueva cara de Aguablanca

Ciudadela Educativa Un Nuevo Latir, la nueva cara de Aguablanca

Mayo 28, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Ciudadela Educativa Un Nuevo Latir, la nueva cara de Aguablanca

La Ciudadela Educativa Nuevo Latir se levanta sobre un predio de 32.000 mts2 del DIstrito de Aguablanca. De los 16.478 mts2 construidos, 5.500 mts2. son espacio público. La inversión de $35.000 millones, incluye el costo del lote, de la obra y de la dotación.

La Ciudadela Educativa Un Nuevo Latir le cambia la cara y la vida al Distrito de Aguablanca. Este punto de encuentro borra fronteras invisibles para los jóvenes.

Hasta hace año y medio era un sitio tan peligroso como el Triángulo de las Bermudas: una escombrera con picos de hasta diez metros de altura era ‘el parche’ donde los maleantes se ‘esquiniaban’ a consumir y a esperar a su próxima víctima.Cruzar el área era firmar una sentencia de muerte. Jóvenes de Mojica no podían franquear esa frontera invisible hacia El Poblado. Los de éste no se atrevían a ir al Manuela Beltrán. Igual sucedía con los de Ómar Torrijos, El Retiro o el Bonilla Aragón. Cada sector era un nicho del terror.Hoy, en esa intersección de la Avenida Ciudad de Cali con la Troncal de Aguablanca, donde la antiestética escombrera dividía a la comunidad por retaliaciones absurdas, se erige imponente un castillo casi de fantasía. Será el punto de unión y de convivencia entre aquellos que antes no se podían ni ver.El castillo de sueños hecho realidad es la Ciudadela Educativa Nuevo Latir, que integra espacios de educación formal y no formal para todos, desde niños de 2 años hasta adultos del Distrito. En una megaconstrucción arquitectónica, 2.400 niños y jóvenes de estrato 1 y 2, que han sufrido las incomodidades de los colegios de garaje que abundan en el sector, correrán felices por amplios pasillos y jardines y aprenderán en modernos salones con vista panorámica por enormes ventanales que filtran mucha luz y brisa.Y el Centro de Atención Integral a la Primera Infancia, Cariños, albergará 300 niños y niñas de 2 a 5 años. Donde hubo nichos de delincuencia, ahora hay ‘nichos educativos’: unos lindos salones blancos donde grupos de chiquillos irán por turnos según la actividad lúdica: al de piso de madera para clases de música, danza o arte dramático; al de paredes inmaculadas que les servirán de lienzo para rayar y crear si van a pintura. Y hay comedor y hasta salas de descanso para soñar. Sí, ahora los niños de Aguablanca tendrán derecho a soñar. “La ciudadela es un punto de encuentro que borra las fronteras invisibles que había entre los muchachos y funciona como una ‘bisagra’ mediante la cual posibilitaremos que compartan en un escenario de responsabilidad y tolerancia”, la definió el alcalde Jorge Iván Ospina, promotor de la iniciativa.Y por supuesto, compartir una moderna biblioteca de cinco pisos cuyo diseño circular permite ver en panorámica los ranchos a medio hacer, pero donde crece la esperanza. Dos mundos que parecían irreconciliables, ahora coexisten: el de las carencias y el de una oportunidad educativa que puede cambiar el destino.Todo en ambientes agradables, cálidos, iluminados y ventilados, con dotación y recursos educativos de calidad, según las directrices de la Fundación Carvajal, entidad especializada en ambientes educativos. “El ambiente es un tercer educador e influye en el desempeño escolar”, explica David Gironza, coordinador de la Fundación Carvajal para el proyecto.El modelo pedagógico tiene especial significado, según el secretario de educación de Cali, Mario Hernán Colorado: “Va a jalonar un proyecto educativo porque va a marcar la pauta para los demás centros educativos del Distrito, al desarrollar áreas para entender a la comunidad y establecer una relación entre la institución educativa y su realidad, lo que se nos perdía con los otros colegios”.Y es que plazoletas, jardines, terrazas, un coliseo con cancha múltiple (fútbol, basquetbol y voleibol) y una cancha al aire libre, además de la biblioteca con teatrino, sala de lectura infantil y galería de exposiciones, serán de uso escolar pero también para el público adulto. “La idea es que la comunidad se apropie de estos espacios”, dice la arquitecta Martha Hernández, coordinadora del proyecto. Por eso Maribel Figueroa, una estilista del barrio Marroquín, no lo ve como un colegio sino “como una universidad donde todos van a aprender cosas nuevas, fue lo mejor que pudieron hacer”.Jóvenes, adultos y niños que se sentaban en los andenes o en las esquinas dada la carencia de espacios públicos para socializar, ya podrán hacerlo en una ciudadela con programas para integrarlos.Y la sensibilización al arte, un lujo que antes parecía reservado para los colegios privados, será el énfasis cultural desde la primera infancia hasta salir de bachillerato. No será el colegio comercial, industrial o tecnológico, típico de los sectores marginales. No. Éste proyecta un desarrollo de la industria cultural a futuro.Este estímulo de la cantera artística del Distrito va articulado con dos ejes esenciales en la educación moderna: la cultura digital (sistemas) y el bilingüismo (idioma inglés) para insertarlos en el mundo de hoy. “Todo esto traerá una transformación en su población y su estilo de vida”, dice el secretario Mario Hernán Colorado.Julieth Murcillo, habitante del Ómar Torrijos, vinculada como secretaria de una firma contratista de la obra, lo ratifica. “Es muy importante porque los jóvenes ya no tendrán que ir hasta la Biblioteca Departamental a consultar un libro. O dejar de ir sino tiene para el pasaje”.La obra incluyó la adecuación de vías, andenes y puentes del sector. José Heberth Londoño, dueño de un taller montallantas frente a la ciudadela, se declara satisfecho con la obra: “Es un beneficio para la comunidad y nos valoriza las casas. Pagué $896.000 por Megaobras, pero cuando la plata se ve, no duele pagar. El Alcalde se fajó”.Entretanto, Kathy Londoño mira desde el frente la imponente construcción, y tal vez allí se motivaría a estudiar porque a sus 17 años apenas está en séptimo. Es el colegio donde le hubiese gustado estudiar.Y a Stiven Fernández, un bachiller de 22 años, que desde Vallegrande va a diario a trabajar en los acabados de la ciudadela. “Es la nueva fachada para este barrio y un nuevo desarrollo para el Distrito, allí van a dar mejor rendimiento académico los jóvenes, los que vienen”, dice mientras su rostro deja ver la expresión de la oportunidad que no tuvo: la de estudiar en este monumento a la juventud de Aguablanca.

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