Cartas de amor a Cali: Un amor a punto de mango

Cartas de amor a Cali: Un amor a punto de mango

Julio 10, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Julia Díaz Santa / Especial para El País

"No te quiero querer de esa manera sosa en que las parejas se resignan al otro". Conozca la carta completa que la cantante Julia Díaz le escribió a Cali.

Julia Díaz Santa, vocalista de La Mambanegra, nos comparte una hermosa y sentida carta que le escribió a Santiago de Cali. En ella relata su sentir cuando tuvo que abandonar la ciudad, esa ciudad que nunca dejó de extrañar y que ahora disfruta de nuevo cada día. 

Estos escritos hacen parte de 'Cartas de amor a Cali', una nueva sección creada en el marco de la campaña #DeCalisehablabien en la que esta casa editorial propone dar a conocer los poemas, cuentos, canciones y demás material  que diversos usuarios han enviado en honor a la ciudad.  

Hasta el próximo 25 de julio recibiremos los textos de todos aquellos que quieran enviarle un piropo a Cali.

Un amor a punto de mango

Nunca me fui de vos, Cali. Es imposible irse de un lugar que nos habita.  Nunca me fui y pasé algo menos de una década fuera de tus fronteras.  Con o sin obstáculos, nunca paraste de crecer justo aquí adentro, en el espacio del no límite. Y es ahí donde aún te las pasas con tus ríos, tus palmeras y esas otras cosas espinosas que te constituyen.

Recuerdo que el frío de ese otro escenario en el que me encontraba a veces te congelaba y por eso te extrañaba, me gustaba extrañarte. Sin embargo, hace ya un par de años mi paisaje interno se parece naturalmente al que recorro con mi cuerpo y la sensación que tengo no es sólida sino fluida…

En este capítulo cotidiano trato de construir otro diálogo, como única opción de un amor que nos ponga otra vez al borde, que conserve lo esencial, pero que destruya todo lo que sobra y nos edifique de nuevo. No te quiero querer de esa manera sosa en que las parejas se resignan al otro, te amo más de lo que es bueno para mí y eso es un aliciente.

Y como no te habito sino que me habitas, no me siento confinada y quizás por eso tampoco resignada a vos. Mejor sería decir que me noto provocada, porque lo que con vos no vivo un amor de dependencia o sumisión, sino de agitaciones, como es el amor en la poesía. La brisa que llega del mar pacífico nos ha puesto a bailar otra vez y es una canción antigua, tan nueva para mí.

Como le podría decir alguien a su amante, no te digo que soy peor ni mejor que cualquiera que también te traiga cartas. Y me gusta pensar que vos nos sos para mi vida, mejor ni peor que París o La Habana, simplemente sos única Cali. Vos me recordás cierta dulzura, estás hecha de ternura y a la vez puedo encontrar en vos mi dolor y mis naufragios irremediables, eso que me constituye en algún íntimo silencio.

Y cuando digo vos, no le hablo a la misma Cali de todos y de nadie. No a esa Cali que mencionan en los planes de desarrollo que siguen destruyendo tus memorias, tu epidermis, tu arquitectura, tu negrura, parte de lo que hoy te haría aún más valiosa. No a esa Cali excluyente que se inventan unos pocos en un amor publicitado con fines lucrativos de tan corto plazo. “Si esta es vuestra forma de amar, os ruego que me odiéis”, como diría Moliere. Sos la Cali de mis calles como un largo monólogo de ceibas…

No a la Cali de las estadísticas, con la que ocultan por qué tu crecimiento poblacional ha sido ruidoso y vertiginoso desde comienzos del siglo XX. Con la que disimulan por qué la población en condiciones de pobreza crece ostensiblemente y cómo esto te tiene al filo de la navaja.

Hace días que persigo personajes, en los que también habitas. Y todas las calles que conozco se van hilando precisamente en pequeños soliloquios suyos. Me muestran esa otra Cali de gente digna, gente que danza o que simplemente se emperifolla para ir a la fiesta y que aún sabe cómo se baila el bolero, la pachanga, la guaracha o el currulao. Que sabe que después de 40 años, eso que las señoras en el club siguen llamando salsa no es más que una generalidad. Gente digna que conoce su historia, que sabe que la memoria es un arma infalible contra la bobería. 

Así es como desde el arte te invento, desde la comunicación te vivo como un universo posible y desde el enamoramiento te tiento. Nunca me fui de vos, Cali. Es imposible irse de un lugar que nos habita.

Por eso a veces para retarnos, tenemos una ventana que se abre para adentro y trato siempre de dejarte textos, fotos, danza, también trabajo desde la comunicación y la cultura en la Universidad Javeriana… cómo será que hasta serenata te he dado, acompañada por una descarga latina llamada La Mambanegra. Y bueno, vos más que nadie sabés que a veces peleamos y te da por no abrirme la ventana… pero no me importa, porque también sabés que te seguiré cantando. Cali de mi savia, para mí siempre estarás a punto de mango…

 

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