Carlos Duque: revelado y sin photoshop

Julio 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Isabel Peláez y Claudia Bedoya | El País
Carlos Duque: revelado y sin photoshop

El fotógrafo y publicista Carlos Duque.

El fotógrafo y publicista Carlos Duque estará desde hoy y todos los domingos con sus apuntes en las páginas de Opinión de El País.

Carlos Duque, quien hoy debuta como columnista de El País,  y cuyas icónicas imágenes y símbolos como publicista y fotógrafo hablan más que mil palabras,  advierte  a los lectores: “No soy bueno para escribir. Los publicistas tenemos una tara con la escritura,  todo lo tenemos que escribir corto, como una  lectura de 30 o de 5 segundos, el titular,  el eslogan. Soy más bien un malabarista de la palabra”.

Para él, ser el relevo del fallecido Juan José Saavedra representa “un reto inmenso”. “Era un escritor que tenía la cualidad de resumir muy bien sus ideas y de manera divertida. Vamos a ver cómo, con dignidad, hacemos ese reemplazo”. 

Admite que una vez le dijo a Luis Guillermo Restrepo, director de Opinión de este diario, que  no escribiría largo. “Eso de escribir una cuartilla semanal, es complicado. Pero creo que he calentado lo suficientemente la mano y la cabeza con mi cuenta de Twitter”,  dice el   publicista palmirano que tiene 32,3 K seguidores en dicha red .    

¿Cuándo supo que la música no era lo suyo?

No sé, a  uno lo atacan las vocaciones, es una especie de virus o bicho que se te incrusta  y lo mio siempre fue la imagen. Con respecto a la música soy buen bailarín, me gusta la salsa, la buena música, no soy melómano pero el bicho, el virus que me atacó fue la imagen. 

¿Y qué tipo de música le gusta, qué tan bueno es para bailar?

Cali me enseñó a bailar y debo parte de mi prestigio en Bogotá, con las mujeres, por ser buen bailarín. Esa es una herencia que traje de Cali. Me gusta la salsa, el son cubano y el rock de los 60 y 70's, Rolling Stones, Pink Floyd. Y la verdad con esta cosa del reguetón, nanay cucas. 

¿Qué huella dejó en el San Luis Gonzaga?

Fui un estudiante regular, mi huella fue más como deportista. Yo era el de las caricaturas, el dibujo,  siempre cambiaba tareas de matemáticas por dibujos con los compañeros. También le hacían caricaturas a los profes y a los compañeros. Era bueno para echar chistes.

¿Cómo le pagó a Hernán Nicholls el patrocinio de sus estudios de fotografía en Los Ángeles?

Fui su socio en su agencia y su director creativo; y parte de todo ese patrocinio, viene de la sociedad que teníamos, era un trabajo muy cercano. Sin la fotografía me sentía un creativo incompleto.  

En una ocasión Poncho Rentería dijo que usted mantenía una excelente relación con sus exesposas, ¿qué tanta verdad hay en ello?

Sí, claro. Creo que soy mejor exmarido que marido. Y en ese sentido me he llevado muy bien con mis cinco exesposas. No hay que ponerle drama a las separaciones, son recorridos positivos de la vida. Y en ese  sentido, he tenido una vida conyugal que me ha hecho feliz. 

¿Y esa cercanía no lo hizo arrepentirse y querer volver con ellas?

No, realmente, no. Cuando ha llegado el momento de la separación lo he tomado como etapas de mi vida y nunca he sentido como un arrepentimiento y una necesidad de regresar. Eso tiene  que ver un poco con el espíritu de mi vida como creativo porque vivo siempre episodios distintos porque los publicistas no nos podemos repetir. Siempre estamos experimentando, viviendo nuevas experiencias, proponiendo cosas nuevas y eso se refleja, creo, en el tema emocional. 

¿Entonces, tanto en la vida como en las campañas, a nada le ha querido echar borrador?

Para nada, no me arrepiento de nada. Vivo de buenos recuerdos y pensando hacia adelante qué voy a hacer.  

¿Y no se arrepiente de haber sacado del anonimato a Uribe?

No, para nada. Yo no saqué del anonimato a Álvaro Uribe, él solito se sacó del anonimato. Y para mí fue una experiencia muy interesante porque fue un personaje muy inquieto, no lo estoy elogiando, pero es un personaje del cual uno aprende muchísimo porque es de los pocos políticos que ejercen un liderazgo y que tiene muy clara su idea de país. Y esa es una lección clara para cualquier político. 

En los tiempos actuales, ¿asesoraría a un político?

La verdad, es que ando un poco retirado. Cada vez estoy menos en el tema publicitario y estoy más en el de la fotografía y hago menos campañas políticas. He querido tener una campaña de publicidad pero sin clientes, que mi cliente solo sea yo y poco a poco lo he ido logrando, dedicándole cada día más tiempo a las propuestas artísticas, a proyectos fotográficos o exposiciones y en eso estoy realmente. 

¿Cómo rompe el hielo con las personalidades para que le acepten sus propuestas fotográficas?

El secreto es poder generar confianza en el personaje que uno esté fotografiando. He fotografiado gente que conozco y me conoce y eso me permite establecer ese vínculo y complicidad para poder que se desnuden. Y  un personaje entre más famoso sea es más frágil frente a una cámara porque tienen el temor de lo público y espera siempre que el fotógrafo le proteja su imagen. La cámara cohibe mucho, es como un arma y lo único que espera el personaje es que le digan qué hacer, que lo dirijan, el retratista es un director. 

¿Le han censurado sus fotos?

Sí, por supuesto. A veces me han invitado a exposiciones, me dicen que "no" a los desnudos o  a las fotos políticas. Pero los medios no me han censurado. 

Un momento que se le haya escapado y que hoy lamente no haber fotografiado...

He vivido siempre con la ilusión de fotografiar personajes, para mí las celebridades son como una obsesión. A Shakira, por ejemplo, nunca la fotografié,  de pronto tendré la oportunidad más adelante. Hay muchos personajes, Colombia está llena de personajes; los internacionales no me seducen tanto, ya tienen suficientes cámaras apuntándole. 

¿Prefiere que las fotos hablen por usted?

Sí, es como "En casa de herrero..." Es difícil posar, ponerse frente a una cámara, me cuesta trabajo. Soy pantallero anónimo. 

¿Hay alguna foto suya de la que se avergüence?

No. uno siempre quiere salir bonito en las fotos, pero si uno no es bonito, hay que aceptar la cruda realidad en la cámara. En algunas sí sale uno mejor que en otras, pero no podría sentir vergüenza. Todavía no me han hecho esa foto. 

¿Qué es ser fotogénico? 

Creo que todo el mundo es fotogénico. Una cosa es ser bonito o bonita y otra ser fotogénico. Los medios impresos están llenos de gente ‘photoshopeada’, pero esa es otra cosa, lo mío es más la personalidad, la simpatía, el carácter, todo el mundo tiene su encanto, su oportunidad frente a una cámara. Hay que tomarse el tiempo suficiente para crear ese instante, ese momento. Pero sí hay gente a la que la favorece más la cámara, pero hay otros a los que hay que buscarles, pero todos tenemos un lado lindo. Hay que saberlo explotar. 

¿Qué opina de las selfies?

Es como la gran expresión de la soledad de estos tiempos. Hoy tenemos esa necesidad de que todo el mundo nos vea. 

Hay quienes dicen que los publicistas son grandes mentirosos por su poder de persuasión ¿Cuál es la gran mentira que le ha vendido al país?

Esa es una acusación un poco ingenua porque todo es mentira. La poesía es mentira, la seducción es mentira, cuando decimos ‘Te ves divina mi amor’, siempre nos están intentando convencer de algo y eso va revestido con dosis de fantasía. El mundo y la realidad funcionan un poco así y todos mentimos de alguna manera. 

¿Cuál es el eslogan de su vida?

Yo tengo uno por ahí que repito con alguna frecuencia y es “De qué sirve la vida si no la podemos imaginar”. Nosotros no estamos aquí para ser víctimas de una realidad, estamos aquí para imaginarnos un mundo mejor, donde seamos felices, donde podamos compartir con otros nuestra propia visión del mundo. 

¿Cuál sería el mejor símbolo para la paz, que no sea una paloma?

Es que tengo un problema con el concepto de la paz. La paz es un camino, no es un propósito, es un propósito falso, no existe. Lo que existe es el camino de la paz hacia la justicia, ese es el objetivo de la paz, porque hay equidad, igualdad.

¿Ha peleado vía Twitter?

No, para nada. Yo en Twitter lo que hago es  meterle un 15% de actualidad política, otro 15% de temas generales, un 10% de arte, y un 60% de pendejadas. Coger la realidad, transformarla y hacer malabares con ella para sacarle a los seguidores una sonrisa, es chévere. Ni siquiera es opinar. Es más divertir. La columna, de hecho, recoge ese espíritu. Yo no voy a cambiar mi estilo de escritura. Yo, como publicista, soy una especie de malabarista de semáforo. 

¿Aún sigue con vida su editorial 'Ojo por hoja'?

Sí, lo tengo. Hace rato no hago ninguna publicación, pero he publicado algunos libros con esta.  Estoy precisamente tratando de diseñar un libro de retrospectiva de fotografía mía pero más concentrado en el trabajo artístico. Estoy buscando patrocinio.

¿Cuál es su mejor receta para gozarse la vida?

Yo vivo feliz imaginándome el mundo. Soy un optimista profesional, los publicistas tenemos la vocación del optimismo, aunque soy crítico con muchas de las cosas que nos suceden. Soy muy crítico, dándole giros idiomáticos al tema. Ponerse demasiado serio o de pelea contra el mundo es generarse odios uno mismo. A la vida hay que sacarle siempre cosas sorprendentes, sorprenderse con los niños. Las redes me han enseñado a sorprenderme con los animales, ver esos videos increíbles me produce mucha fascinación, cómo pueden convivir entre ellos. 

¿Qué lo saca de casillas?

La estupidez. De pronto no tienen ni la culpa. Pero todo lo que funciona mal en el mundo es porque la gente no piensa, ni dialoga lo suficiente. Las guerras son resultado de la estupidez humana. Me he encontrado con clientes estúpidos, amigos estúpidos.

¿Si tuviera un lienzo en frente qué pintaría?

Buena pregunta. Hernán Nicholls decía que ‘La publicidad es el servicio militar de la poesía’, dando a entender que por más que la publicidad tuviera un objetivo comercial, el creativo tenía la responsabilidad de poner en ese espacio que está financiando el cliente, lo mejor de su espíritu creativo, no solo limitándose a poner una mujer desnuda para atraer la atención, sino arriesgarse a una propuesta.

El lienzo que uno tiene en frente es como un aviso que un cliente está pagando. Siempre tengo que buscarme una excusa para llenar ese lienzo. Yo tengo proyectos sobre los cuales voy desarrollando ideas, que es lo que hago en mis exposiciones. Son trabajos que demandan tiempo, investigación, lo mío es la alquimia de la imagen.

¿Hoy en día a quién no puede ver ni en fotos?

Ese personaje Trump es increíble. Yo lo veo y no lo creo, me parece que no existe, que alguien se lo inventó. Es como un personaje de películas de zombies.  Lo que representa y la forma como se imagina el mundo es tremenda. 

¿Cómo le ha ido en el ascenso al séptimo piso?

Esa es una aproximación irremediable, la trato de ver con optimismo. Quienes me conocen dicen que sufro del Síndrome de Peter Pan, que es que siempre creo que he tenido 30 años. pero la realidad es que uno va creciendo. Los cumplo en noviembre. 

¿Es de pocos buenos amigos?

Soy de muy pocos buenos amigos, conozco mucha gente y disfruto estar con la gente, pero no soy de turbas grandes, de frecuentar amigos, tener patotas ni eso. Pero sé que los buenos amigos siempre estarán allí. 

Lea aquí: Con Carlos Duque en El País, sigue la magia

La efigie de Carlos Galán vociferando con la mano en alto, un dibujo de Carlos Duque basado en una foto de Javier Pesca,  se convirtió  en un ícono de la publicidad política. Otra imagen suya de Galán es   una fotografía que hizo para la campaña del 86 y muestra al candidato presidencial  con los labios cerrados y una mirada serena hacia el horizonte, “como la del Che”, dice el publicista.

Muchas imágenes que este palmirano ha diseñado se han convertido en referentes de la publicidad  y  el retrato. “Uno no busca ser parte de la historia de Colombia y sin embargo, termina ligado profundamente a episodios históricos”. 

También ha ‘desnudado’ con su lente a  figuras colombianas como Isabella Santodomingo. “Cuando le propusimos hacer esas foto, no lo dudó. Se hicieron en La Calera, lo  más alto de Bogotá,  y ella, que andaba con una gripa tenaz, se fue   desnudando, se montó en un caballo fino como si fuera el sofá de su casa y surgió la imagen que fue un  referente fotográfico”.

Nacido en Palmira en 1946, Duque pasó su niñez en Armenia. De esta última  tiene recuerdos más frescos: “El papá de un amigo tenía una cámara y  la sacábamos a escondidas para hacer fotos de la gente”. “En Palmira  murió mi padre cuando yo tenía 7 años y nunca regresé, es  la patria chica, la siento un poco lejana, mi corazón está en Cali, donde pasé mi juventud”.

Curiosamente, Duque empezó en el arte con la música: “Mi madre -Julia Arbeláez-  me inscribió en el conservatorio,  pero sólo duré un año”, confiesa. En Bellas Artes  estudió dibujo y pintura,  aunque no se veía como  artista plástico. “En cierta forma soy un pintor frustrado que trabaja con la imagen en otros espacios. Nunca me gradué, pero terminé metido en el mundo del color y las proporciones”.

En  los años 60, luego de vincularse como caricaturista en el diario Occidente,  a sus 19 años,  comenzó a trabajar con el publicista Hernán Nicholls, quien en 1965 lo llamó a su agencia. Compartió con Fernell Franco sus inquietudes por la fotografía.   A sus 21 años, en 1967 diseñó el símbolo de los VI Juegos Panamericanos a partir de elementos gráficos calimas, que desató   controversia. “Es como una xenofobia contra nuestra cultura, una actitud vergonzante de negación de nuestros orígenes”.

Patrocinado en sus estudios por Nicholls, en 1969 viajó a estudiar fotografía en el Art Center College of Design, en Los Ángeles, California, y   allí  se enteró de que su símbolo de los VI Juegos Panamericanos de Cali, había sido escogido. A ese se sumaron los de RTI, Anif, Colcultura, Corfecali, Noel, Adpostal, Quac, Ministerio de  Cultura, Señal Colombia, Andigraf, Bogotá Fashion, Canal A, Festival Iberamericano de Teatro. 

En 1971 se  fue a trabajar a Bogotá porque en Cali ya había cumplido un ciclo. El periodista Poncho Rentería,  en una columna que tituló  ‘Duque, el brujo detrás de Uribe’, dijo de este: “Caleñísimo, bachiller del San Luis, asiduo de La Tertulia, de los bares salsómanos y del Café Los Turcos.  Duque es el ‘Brujo’, el talento publicitario de la triunfal campaña de Álvaro Uribe a la Presidencia. Desmesurado el éxito de Duque,  agarró a Uribe como producto político cuando apenas lo conocían en Antioquia y no tenía concejales, ni diputados, ni prensa, ni burocracia. Tenía solo el 2 % en las encuestas y hoy marca el 48 % o el 54 %, muy cerquita del Palacio Presidencial”. 

“Sus exesposas lo consienten como a un tío querendón”, lo delata Rentería, y él no lo niega, “soy mejor exesposo que esposo”. Dice que no ha sido el mejor papá del mundo, debido a los   períodos interrumpidos por sus separaciones, pero que es muy cercano a sus hijas:  Juliana, diseñadora gráfica, y María Elisa, especializada en fotografía editorial de moda. “He ido repartiendo mis habilidades. No sé qué irá a pasar con mis nietos (Lorenzo  de 10 años y Emilia  de 4 años),  pero todos ellos son mi vida”.

Lea la primera columna de Carlos Duque en El País

 

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad