Bolívar puso el listón

Bolívar puso el listón

Diciembre 28, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Por Víctor Diusabá Rojas I Especial para elpais.com.co

Será difícil para los demás matadores superar la estupenda faena que el diestro caleño le cuajó ayer a un toro de Juan Bernardo Caicedo. ‘El Cid’ y Luque también se lucieron.

Fue de esas primeras partes que, por buenas, convierten a las segundas en malas. Y entonces, como de un fontanar inagotable, brotaron en esa mitad inicial de la segunda tarde de abono de la feria tantas y tantas cosas buenas, como para que la gente se hartara de torería.Porque los hubo a raudales. Primero, y en orden de importancia, en las manos de Luis Bolívar, amo y señor de un turno que necesitaba quién pusiera las condiciones frente a un toro excepcional en sus hechuras y en su calidad por el pitón derecho. Y son esos toros a los que hay que hacerles las cosas bien. En esa tesitura anduvo Luis, primero, con el capote hecho de largura y variedad, incluida esa larga con que cerró la tanda, digna de un cartel de toros.Luego, al compás de las buenas embestidas, marcó el ritmo, siempre lento y mandón, para armar una faena que ya es referente para quienes vengan en las tardes sucesivas con la aspiración de marcar su nombre en el trofeo de la feria. Lo que Bolívar hizo logró por momentos trepar hasta el cielo de Cañaveralejo. Por el izquierdo, el ejemplar no dejó igual imagen, pero bastaba con lo visto. Dos orejas y entrada con pie firme. Vuelta al ruedo al toro.Vino enseguida una faena de esas que vale la pena guardar. Porque hay dos formas de arrimarse y arrancar las orejas. Una, en la que, junto al valor, el efectismo hace lo suyo. Esa es la común y corriente. La otra, es la de Luque ayer. Claro, se hace con el mismo valor como estandarte, pero con un complemento inmenso: el del poder, el mando y el temple hechos una conjunción.Con eso, no sólo se abren puertas grandes, sino que el corazón de los aficionados late a mil, mientras el de Daniel, quieto como una vela, anda a diez por hora, como quien no estuviera allí cuajando muletazos, mientras el peligro lo mira a los ojos. Fue una oreja. Eso es lo de menos. Pudieron ser dos. Tampoco importa.Y Manuel Jesús ‘El Cid’ ya había hecho lo suyo en el segundo de la corrida. Con un toro que no metía la cara, pero que se movía, y que obligaba a estar mucho con él, ‘El Cid’ salió a mostrar todos los porqués de su presencia en Cali. Y lo hizo, como un eslabón más de su impresionante campaña de cierre en las temporadas española y francesa.Se podría decir que en ese toro se vio, reunido, el oficio de esos meses de orejas y salidas a hombros. Se arrimó para obligar a que el toro no se fuera y plantara pelea. Y la gente agradeció el esfuerzo. Estuvo con él, mientras él estaba con el toro, al principio, consintiéndolo mucho, y , enseguida, obligándolo hasta someterlo en un redondo de otra faena. Una oreja.Y de por medio, una corrida seria, bien presentada, con pitones, edad y kilos. Eso, para decir que el material fue exigente y que los orfebres tuvieron que mostrar sus cualidades, lo que así sucedió. En ese lote entró también el primero de la tarde, que tuvo codicia frente a la cabalgadura de Jorge Enrique Piraquive.Luego vino lo otro. Ese epílogo de tres toros en los que pasó poco o no pasó nada. El quinto buscó las zapatillas de El Cid y lo alcanzó en uno de esos derrotes. Al final, capeó el temporal, con esa dolorosa señal en una de sus piernas. El sexto protestó todo el tiempo y no abrió posibilidades. Palmas para Bolívar. El séptimo no dio buenas señales desde su salida y en esa tónica se mantuvo ante un Luque trabajador. La corrida había terminado tres turnos atrás.

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