Así se hace la 'cacería' a los vecinos ruidosos en las calles de Cali

Así se hace la 'cacería' a los vecinos ruidosos en las calles de Cali

Mayo 20, 2018 - 07:50 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / El País
Dagma Ruido

La Unidad Móvil de Monitoreo del Ruido del Dagma también hace evaluaciones de zonas consideradas menos ruidosas y de esta manera vigilar que en esos sectores se continúe con el buen comportamiento.

Agencia EFE

Los defensores del silencio se transportan en una van escolar que cuesta lo que costaría un carro de altísima gama: $150 millones. Sobre su techo se aprecia un sutil panel solar.

El panel se encarga de garantizarle la energía a los otros aparatos que hay en el interior del carro, asegurados dentro de una caja metálica, como si fuera un botiquín. En la caja hay un sonómetro, un artefacto rojo con forma de control de televisor que mide los decibeles de ruido de la ciudad.

También hay un modem con Wifi y un datalogguer, una especie de computador tan grande como una caja de chocolates que se encarga de enviar en tiempo real al Centro de Control de Ruido del Dagma los datos que recoge el sonómetro. Y además hay un pistófono, un aparato que calibra los equipos, y un regulador de voltaje. En el suelo se ve una batería naranja.

Cuando los defensores del silencio se detienen en algún sector de Cali, instalan en la parte posterior de la van un artefacto que a todos los parroquianos se nos ocurre llamar ‘antena’, pero ellos sonriendo aclaran que se trata de una “estación meteorológica”.

Lea también: 'Este carro le puede aplicar una multa por exceso de ruido en Cali'.

En la parte superior de esa estación hay una paleta que mide la velocidad del viento y su dirección; un pluviómetro, que mide la intensidad de la lluvia, y un micrófono, que captura el sonido ambiente.

Con todos esos artilugios los defensores del silencio recorren Cali día y noche midiendo qué tanto ruido hacemos para después pensar cómo mitigarlo. No es un asunto menor.

Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación acústica, más allá de una molestia, “es una amenaza para la salud pública”.

Dagma ruido

Esta es la estación meteorológica de la van. En la mitad se ubica un micrófono que recoge el sonido ambiente: carros, música, naturaleza, gritos, la ciudad.

Wirman Ríos / El País

Entre otros males el ruido de los carros, las motos de alto cilindraje, los equipos de sonido a todo volumen, los televisores en todas partes (hay quien instala pantallas hasta en el baño) puede provocar insomnio, ataques cardiacos y la enfermedad del tinnitus, que es cuando oímos ruidos extraños cuando nada está sonando.

El exceso de bulla en las ciudades es tal, que pareciera que el silencio nos asusta, nos incomoda; como una señal de que algo no va bien.

A Raúl Monsalve, uno de los defensores del silencio, le exaspera por ejemplo que tenga que gritar en un restaurante para que le entiendan porque la música está demasiado duro. O que esté en una sala de cine, en la pantalla se proyecte el paisaje primoroso de una escena romántica, y sin embargo de la sala de al lado provenga el sonido de las bombas y los tiroteos de una guerra. El pito de los carros también lo perturba, ese afán cotidiano de las capitales.

Raúl tiene un oído sensible pero sobre todo, exigente. Es ingeniero de sonido, así que en parte su trabajo consiste en lograr que todo suene como debe sonar, en su caso una ciudad entera. Hace 32 años nació en Medellín y desde hace tres trabaja en el Dagma, en el Grupo de Gestión de la Calidad Acústica.

Es uno de los encargados, junto al ingeniero electrónico Jhon Édinson Holguín y el ingeniero ambiental Daniel Tascón, de conducir la van a diferentes sectores de la ciudad para investigar el sonido. Al carro ellos lo llaman técnicamente “Unidad Móvil de Monitoreo del Ruido”. Y literalmente es una unidad. Solo hay una.

El pasado jueves en la mañana se estacionó en el barrio Vipasa, y en la noche, en Ciudad Jardín. Los defensores del silencio la dejan parqueada el mayor tiempo posible, una mañana si es preciso, para caracterizar el sonido de la zona.

El micrófono de la estación meteorológica lo capta todo y los datos llegan a un computador portátil puesto sobre un escritorio en la parte trasera del carro, donde Raúl o quien esté encargado del operativo se sienta en una silla ejecutiva mientras traduce números que aparecen en una tabla de Excel. La van es oficina y algunos de esos números corresponden a las fuentes de ruido.

Mientras en la galería Santa Elena la fuente principal son los vendedores ofreciendo a grito papas y pescado – algunos con megáfono – (el perifoneo está prohibido en Cali y pocos lo saben) en Vipasa lo que más suena durante el día es el tráfico vehicular. En la noche Ciudad Jardín suena a música, a motos y a chicharras y grillos. A veces a patos.

John Jairo Toro, el líder del grupo de Gestión de la Calidad Acústica del Dagma, dice que esa información sobre cómo se comporta el ruido en Cali sirve sobre todo para diseñar políticas públicas que permitan que esta capital por momentos escandalosa sea un poco más silenciosa.

También sirve para actualizar los mapas de ruido, una tarea que se hace cada 4 años. Los mapas más recientes son de 2015, y allí dice que la comuna con “mayor nivel promedio de intensidad sonora” en semana durante el día es la 10, con 73,7 decibeles, seguida de las comunas 22 y 7, con 72,6 y 71,9 decibeles.

En la noche en cambio donde hay más ruido entre semana es en la Comuna 17, con 68,2 decibeles. Los fines de semana donde más se hace ruido en el día es en la Comuna 3, mientras que en la noche la comuna más ruidosa es la 20, con 73 decibeles, “23 más de los permitidos”.

Tres años después del estudio el exceso de ruido sigue perturbando a muchos. Solamente en 2017 al Dagma llegaron 1094 quejas, la mayoría de las comunas 2 (170), 17 (131 quejas) y 19 (123). En lo que va de este 2018 se reportan 310 peticiones de verificación por el alto volumen.

Por eso en el Grupo de Gestión de la Calidad Acústica del Dagma tienen un mapa con zonas priorizadas, y los puntos rojos corresponden a barrios de esos sectores: Granada, Juanambú, el Parque del Perro, la 66 con Pasoancho.

Allí nunca irá la van. Son tan ruidosos estos sectores que los defensores del sonido instalaron estaciones de monitoreo permanentes que están por ahí, en algún poste.

Además con la Unidad Móvil de Monitoreo propiamente no se sanciona a nadie. La van solo se encarga de evaluar el comportamiento acústico de un sector en general, “no la emisión de ruido de una fuente puntual”, dice Jhon Jairo Toro.

Para medir los niveles de ruido de discotecas, bares y restaurantes los defensores del silencio los visitan vestidos de civil. Entre 2017 y lo que va de 2018 han impuesto 112 sanciones por exceso de volumen, entre amonestaciones por escrito, decomiso de equipos, hasta suspensión de la actividad de los establecimientos.

Los defensores del silencio saben, como alguna vez lo dijo el artista Óscar Muñoz, que Cali es una ciudad que cree en el mito de la felicidad lograda con los parlantes a todo volumen, así que emplean diferentes estrategias para mermar los decibeles. De hecho están preparando un dispositivo que, por fin, haría de Cali una ciudad donde todavía se puede disfrutar del silencio.

Se trata de limitadores acústicos, unos artefactos casi milagrosos que se podrían instalar en los bares, en las discotecas, en los restaurantes, en los estancos, para que por más que el dueño quiera subirle a la música, haya un límite. Como los conductores de los buses intermunicipales que por más que aceleran, no puedan sobrepasar los 80 kilómetros por ahora. Pero eso apenas es un proyecto en estudio.

De momento los defensores del silencio siguen recorriendo Cali de punta a punta con aquella van de aparatos extraños que la gente mira como si se tratara de algo tan raro como el silencio en una ciudad.

Los lugares más silenciosos de Cali siguen siendo los parques, entre ellos algunos tramos del parque El Ingenio.

Los decibeles de ruido permitidos dependen del sector. En una zona residencial, por ejemplo, se permiten 65 decibeles en el día y 55 en la noche; y si está ubicado en zona mixta, es decir, comercio y vivienda, se permiten 70 decibeles en el día y 60 decibeles en la noche.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad