Así recuerdan empleados y empresarios a Jaime Cardona, fundador de La 14

Noviembre 25, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Como una persona sencilla, preocupada por sus empleados, equitativa y muy honesta, calificaron quienes fueron sus empleados y lo conocieron, al fundador y dueño de Almacenes La 14 que falleció este miércoles en Cali.

[[nid:485425;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/11/jaime-cardona.jpg;full;{Jaime Cardona, fundador y propietario de de Almacenes La 14.Foto tomada de Semana.com}]]Como en vida, Jaime Cardona Parra logró congregar ayer a decenas de personas que  desfilaron en una romería  interminable para rendir los últimos honores a  los despojos mortales de quien fuera el fundador, propietario y  pionero de la primera gran superficie de Cali, Almacenes La 14.

 Trabajadores y empleadas de esta  cadena de almacenes fueron a despedir  a quien no llamaban jefe, sino ‘Papá Jaime’, fallecido en la madrugada  de ayer de  un infarto fulminante, a la edad de 82 años.

Al tiempo, se hicieron presentes empresarios y proveedores,  líderes cívicos y dirigentes gremiales,  familiares y amigos,  clientes y representantes de los  medios de comunicación, que entraban y salían de la casa de velación In Memoriam, sitio de la velación.

Las más conmovidas eran las trabajadoras. “Era una gran persona en la empresa, siempre preocupado por el bienestar de sus empleados, lo queríamos mucho”, recordó Alba Elena Navia, una pensionada de La 14 después de  34 años de labores, con sus ojos humedecidos.

“Él nos saludaba a cada una con un beso y un abrazo, sin importar el cargo que teníamos”, reveló María de los Ángeles Quintero, quien se  ahogó en llanto al recordar que hasta ayer lo vio en el almacén.

“Él nunca se fijó en el cargo, podía ser la de los tintos, a todas nos saludaba por igual”, ratificó Luz Stella Reina, quien tomó uno de los turnos que concedió la empresa para ir   hasta la funeraria a acompañar a quien las había acompañado a ellas desde jovencitas, cuando tocaron las puertas de La 14 y él les dio la oportunidad de trabajar.

“Un día fui  a recibir la plata de mis vacaciones,  con mi hijo que tenía 5 años”, recuerda Alba Elena. Cuando lo vio, me dijo que subiera a la oficina para darle gaseosa al niño, que al ver a don Jaime,  me dijo: ‘Mamá, cuando yo  sea grande, quiero ser un gerente como él’.  Entonces, ‘Papa Jaime’ me aconsejó: ‘Esa inteligencia es la que hay que cultivarles a los niños’, evocó esta jubilada que fue a despedir al  hombre cuya desaparición todos los presentes lamentaban.

“Nos daba las gracias porque nos decía que la empresa había crecido por nosotras, era muy agradecido”, reitera  María de los Ángeles, mientras que Alba Elena insiste en que “era una alegría verlo pasar, por eso nos dieron permiso, porque todas queremos estar aquí”.

Personalidades  de la ciudad también lamentaron el deceso del empresario natural de Aguadas, Caldas, que muy joven llegó a Cali y empezó vendiendo unos pocos artículos con su papá en un portón de un zaguán de  la céntrica Calle 14 con Carrera 9. Luego, fueron llegando  sus hermanos, que se vincularon al negocio, hasta consolidar la gran empresa familiar que hoy todos conocen.

Entre la multitud, hicieron presencia muchas religiosas, como la   hermana vicentina  Josefina Ramos Barco, quien conoció a Jaime cuando era un niño todavía y estaba lejos de convertirse en el  hombre notable que vinieron a despedir las más de 500 personas que se acercaron a la funeraria.

La monja  recuerda que eran vecinos de su tía Romelia y Jaime era  un muchacho alegre, juguetón, acogedor, que correteaba por las calles de la cuadra donde vivían, mientras sus padres, don Abel Cardona y señora, Inés Parra de Cardona, tenían un granero en el que aprendieron a trabajar los 14 hijos de la familia.

Luego, ella ya  se había consagrado a la vida religiosa, cuando  se lo reencontró en Cali. “Fue una  alegría volverlo a ver como dueño de La Cacharrería La 14”, evoca sor Josefina.

Su compañera, sor María Eugenia Vélez, admite que  lo conoció como un gran  oferente de empleo para los pobres y  los estudiantes, como empacadores. Fue por esa época, en la que ya había abierto La Cacharrería La 14, cuando doña Soledad Quijano de Borrero le ayudaba llevándole  clientela. “Mi mamá acompañaba  a todas sus amigas y vecinas  a   ir a La 14 a comprar hilos y botones,  era devota de don Abel”, evocó el exconcejal Claudio Borrero Quijano, quien se abrió paso entre la multitud para dar las condolencias a la familia.

Armando  Garrido Otoya, director administrativo de  Comfandi, declaró que Jaime Cardona fue una persona muy importante para la ciudad y la región. “Además, salió de Cali y extendió su negocio más allá del Valle del Cauca, pero deja un legado muy importante”, agregó.

El dirigente evocó que una vez le contó a don Jaime que recordaba que de   niño iba a  La Gran Cacharrería La 14, como se llamó inicialmente el negocio. “Le gustaba que le volviera a contar esa historia porque decía que le había recordado el nombre inicial, que ya  se le había olvidado”.

El empresario Herman Rivas Urrea pondera la capacidad que tuvo el desaparecido empresario para “crear semejante emporio”, que ha generado tanto empleo. “Cali le debe mucha gratitud porque son muchos los empleados que se hicieron allí y muchos los pensionados que se jubilaron en La 14”, comenta.

Sin embargo, lo que más le parece admirable a  Rivas Urrea es la sencillez y la humildad que irradió a toda la familia y de la cual   logró vincular a hijos, nietos, bisnietos, sobrinos a la empresa familiar, convirtiéndose “en un semillero, en  una verdadera universidad de la administración de empresas. Ojalá su vida sirva de ejemplo a la juventud, para que se den cuenta de  que perseverando se consiguen metas”, aconseja Rivas Urrea.

Beatriz Jaramillo de Aparicio, abogada, quien fue su asesora jurídica durante los últimos ocho años, desde que empezó el proceso de expansión en Bogotá, lo definió como un “hombre honesto, recto, conocedor de hasta el último detalle de su negocio;  todo para él fue de retos y metas cumplidas; es  admirable”.

Entre sus familiares había un gran pesar, que los limitó a recibir las expresiones de condolencia de la multitud que hacía fila para darles el saludo de solidaridad.

Su sobrino, Andrés Felipe Iraizoz Cardona, fue  uno de los pocos que se atrevió a hablar del extinto empresario, lo definió como “un maestro, una persona muy humana, que se preocupó siempre por el bienestar de la familia y de sus colaboradores, y siempre estuvo pendiente de proveedores, trabajadores y clientes”.

Freddy Castro,  quien tiene una gran amistad con la familia Cardona hace 40 años, destacó lo que significó ver nacer un gran ejemplo de crecimiento comercial y de productividad vallecaucana, desde que era La Cacharrería La 14, liderada por Jaime Cardona Parra y todos sus hermanos.

Lea también: Esta es la última entrevista que Jaime Cardona concedió a El País

“Él es un símbolo en el orden familiar integral y de productividad, así como por su nobleza, su calidez humana y su gran integración con todos sus colaboradores, irradiando ese sentimiento a más de 8000 empleados”, dijo Castro.

De hecho, Freddy recordó  que don Jaime le prestó por  varios  años a su caballo Conde para el tradicional desfile de amazonas en la Feria Taurina de Cali. “Era un caballo trotón,  color naranjuelo, que en varias oportunidades nos facilitó al Comité de Amazonas para abrir plaza en Cañaveralejo”, dijo con gratitud.

También contó que le encantaba cómo Aldemar Giraldo, empleado de La 14,   hoy ya  jubilado, tocaba la trompeta. Y entonces lo convirtió en un personaje, lo puso a animar las tardes con su música en los pasillos de los almacenes La 14 y hasta llegó a formar parte de la música de la Presidencia de la Junta Directiva de la Plaza de Toros.

Testimonio de esa generosidad lo dio Yolanda Velásquez, proveedora de juguetería, cristalería y productos para el hogar durante más de 20 años. Ella fue la última persona que habló con él el martes hacia las 6:15 de la tarde y dice que su conversación fue normal, como siempre.

“Era una persona muy respetuosa con sus empleados”, opinó. Al punto que entre el anecdotario empresarial se cuenta que en una ocasión les mandó a hacer ‘shorts’ a todas  las empleadas del almacén, para que cuando llevaran vestido y  subieran las gradas a bajar mercancía, evitaran las incómodas miradas masculinas.

Pero también lo destaca como una persona fiel a sus primeros pequeños proveedores, que no pudieron crecer porque no tenían capital, y  les seguía comprando. “Seguía protegiendo a los proveedores pequeñitos. Era muy humilde, pero cuando atendía a los pequeños, se volvía más humilde. Por eso hay tanta gente hoy aquí, porque no están despidiendo a su jefe, sino a su papá”.

[[nid:485472;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/11/jaime-cardona-interna.jpg;full;{La capacidad de trabajo y la honestidad de Jaime Cardona (primero de la izquierda, sentado), fueron dos de las cualidades que destacaron quienes conocieron al empresario caldense. Archivo El País}]]En una entrevista concedida a este diario, hace algunos años, Jaime Cardona hizo algunas aseveraciones que bien podrían servir de testamento  para esos miles de empleados que hoy lo lloran, así como para los allegados que  tienen la responsabilidad de prolongar su legado. 

“No hay nadie indispensable en este mundo”, aseguró en aquella ocasión. Y agregó: “lo que he hecho es trabajar en equipo con toda la familia y los colaboradores, conformando un grupo de profesionales que entiende la logística del negocio y la manera de administrarlo”.

Más adelante, en esa misma entrevista, puntualizó: “Con el tiempo uno entiende que es mejor caminar unidos. Nuestra filosofía es seguir operando como una empresa de familia, pero sin desvincularnos de los colaboradores que han impulsado este negocio”.

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