Así funciona la 'cacería' de conductores ebrios en Cali por parte de la Secretaría de Tránsito

Así funciona la 'cacería' de conductores ebrios en Cali por parte de la Secretaría de Tránsito

Marzo 18, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Diana Carolina Ruiz Girón / Reportera de El País

Actualmente 25 agentes están encargados de los operativos de control en las calles de Cali durante las noches, pero próximamente se integran a un nuevo grupo de agentes para cubrir mejor la ciudad.

Son las 10:30 p.m. del primer viernes en el que el Grupo Operativo contra el Alcohol Conduciendo, Goac, creado por la Secretaría de Tránsito de Cali para sancionar a los conductores borrachos, salía en busca de infractores. Los doce agentes se toman un carril de la Avenida Sexta a la altura de la Calle 17, en el norte de Cali.Aunque circulan pocos vehículos, según explica el supervisor del operativo Fernando Barrera, eso no significa que no habrán comparendos.Es que después de las 7:00 p.m todo cambia en las calles de Cali. De aquellos 800.000 vehículos particulares, motos y taxis que transitan por la ciudad de día, soló circula menos del 20% en horas de la noche.Esa jornada comenzó con la sanción a un hombre de 35 años que aseguró estar consciente pese a tener los ojos rojos y un aliento a licor que invadió el olfato de la autoridad presente.Explica Fernando Barrera, el supervisor del operativo, que por cuenta del consumo de bebidas energéticas “y otras cosas, muchos conductores aparentan estar como robles después de una rumba larga”. Pero a la hora de soplar la boquilla del alcohosensor, el hombre, como muchos otros conductores, queda en evidencia. Tenía grado dos de alcoholemia (es decir, consumió el equivalente a casi la mitad de una botella de cualquier licor).En este operativo, como todos los que se cumplen en los denominados ‘corredores de la rumba’ (la Sexta, Juanchito, Menga, entre otros) de nada valen aquellos mitos creados por los caleños para evitar que se detecte en su cuerpo todo el licor que se tomaron en una noche.Lo dice el agente de Tránsito Uriel Vanegas, quien ese día está a cargo de manipular uno de los dos alcohosensores disponibles. Asegura que ni el chicle, ni el pan, ni las hamburguesas y mucho menos las gárgaras con combustible (empleadas por algunos motoristas de transporte público que ingieren licor mientras trabajan) ocultan el ‘pecado’.La motocicleta de aquel borracho fue la primera en ser subida a una de las tres grúas del operativo. En menos de media hora ya dos grúas cargaban 22 vehículos de este tipo que fueron inmovilizados, entre otras razones, porque sus dueños no llevaban casco, chaleco, seguro, revisión técnico mecánica o pase al día.El joven ejecutivo que esa noche circulaba en su motocicleta por la Avenida Sexta sin portar el chaleco recibió con rabia la noticia de la inmovilización de su vehículo. Entonces optó por tirar la moto al suelo mientras profería insultos.“¡Por qué se llevan la moto si yo no quiero pagar la grúa! ¡Ladrones!”, gritaba el enfurecido motociclista al que el aliento a licor también lo delataba.Andrés, uno de los jóvenes ayudantes de los conductores de grúas, explica que a nadie le gusta que se le lleven la moto y que el caleño ofrece lo que sea. “Las mujeres hasta nos muestran pierna y otras cosas (se ríe) para que les bajemos el carro. Otros ‘tiran’ hasta $50.000”, cuenta.A veces, si ofrecer no surte efecto, se toman medidas extremas. La noche del operativo los radioteléfonos alertaron sobre el robo a una grúa. Uno de los tantos sancionados durante el operativo del Goac en la Avenida Sexta interceptó la grúa en que llevaban su moto antes de que llegara a los patios.Las autoridades daban cuenta de que ese infractor, junto a otros dos hombres, encañonó al conductor del vehículo pesado mientras bajaba del planchón la moto. Cada noche es una guerra, dice el agente que le impuso el comparendo al motociclista. Sin embargo “la Ley es la Ley”, sentencia. “No damos abasto” La movilidad nocturna de Cali está custodiada por 25 agentes de tránsito. Según Alberto Hadad, secretario de Tránsito local, este personal está dispuesto únicamente para cubrir accidentes, pues de noche se demanda menos gente porque no hay el flujo vehicular como el que se presenta en el día. “Incluso, hemos llegado a tener hasta cincuenta hombres en las noches”, explica el funcionario.Sin embargo, El País pudo comprobar que la escasez de personal afecta la operatividad de los controles. Los infractores, en algunas ocasiones, debieron hacer fila para que les practicaran la prueba de alcoholemia. “También nos mata el papeleo. Hay mucho infractor”, manifestó un miembro del grupo Goac.De los 25 agentes nocturnos, cuatro cumplen labores de oficina. Son dos los uniformados encargados de hacer levantamiento de cuerpos de quienes mueren en un accidente.Una sola persona es quien recibe las llamadas de alerta durante las doce horas de turno. Julio Duque, agente de Tránsito, dice que en una noche se reciben entre 30 y 60 alertas. El 70% son ciertas, el resto son niños y adultos bromistas. “No damos abasto”, dice Duque.Para atender la movilidad nocturna también disminuyen las ambulancias. De 30 que funcionan en el día sólo quedan 18. De acuerdo con el coordinador del ‘pool’ de ambulancias de la Red Pública ESE Centro, Jhon Murillo, entre 20 y 30 accidentes de tránsito se presentan diariamente entre las 7:00 p.m y las 6:00 a.m. Este año, la Clínica del Rosario, mayor receptora de estos casos, ha atendido 401 heridos por esta causa. Las grúas también disminuyen. Hay tres para la noche. Cada una puede hacer hasta cuatro viajes con vehículos inmovilizados. Para James Gómez, director del Fondo de Prevención Vial, Regional Valle, tener operativos permanentes “es bueno para la noche caleña que ha tenido poco control, pese al poco personal”. Esa carencia histórica del tránsito nocturno cambiaría con el ingreso de cien nuevos agentes de tránsito en los próximos días. Aunque se anunció la llegada de más personal para la noche, las autoridades esperan que también se incremente la obediencia al volante.

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