Así funciona el negocio de los ‘remedios milagrosos’ que han inundado Cali

Así funciona el negocio de los ‘remedios milagrosos’ que han inundado Cali

Julio 27, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Así funciona el negocio de los ‘remedios  milagrosos’ que han inundado Cali

Cualquier irregularidad que usted detecte en relación a medicamentos fraudulentos puede denunciarla en la Secretaría de Salud escribiendo al correo rconsumo5@hotmail.com, o al teléfono 5542530, en horario de oficina.

Los productos naturales fraudulentos provienen de Ecuador y Perú. A Cali llegan por el servicio de encomiendas. Consumirlos puede ser fatal.

El tráfico de productos naturales fraudulentos en Cali está a la vista de todos. Basta recorrer el centro de la ciudad para detallarlo. Quienes se dedican al negocio se ubican en todas las zonas comerciales llamadas ‘Pasaje’.Los locales son del tamaño de un baño y sin embargo exhiben en sus vitrinas cientos de productos. Ofrecen tanto medicinas naturales que tienen el registro sanitario del Invima (para intentar eludir a las autoridades cuando los visitan) como frascos cuyos nombres parecieran pócimas mágicas: ‘Extracto de vida’; ‘Toro vital’; ‘Max man’; ‘Menopausia’. Por supuesto, ninguno de ellos tiene registro sanitario o si lo tiene, es fraudulento. 1.086 de esos productos fueron decomisados por la Secretaría de Salud este mes. También decomisaron leche en polvo para niños sin registro sanitario o con su fecha de vencimiento caducada. Es leche que proviene de contrabando desde Venezuela, donde el gobierno de Nicolás Maduro la subsidia. Mientras que en el mercado legal un tarro puede costar $50.000 en promedio, los decomisados por la Secretaría de Salud no superaban los $30.000. Ismael Ochoa, Presidente de la Asociación Nacional de Naturistas, dice que a cierto sector del consumidor colombiano, por falta de educación, le importa más un precio favorable por un producto falso o de contrabando que un precio justo por un producto legal y esa, precisamente, es una de las prácticas que está promoviendo la comercialización de medicamentos fraudulentos en el país. Además de Venezuela, gran parte de los productos naturales ilegales que se comercializan en Cali provienen de Ecuador y Perú, explica un funcionario de la Unidad de Salud Ambiental de la Secretaría de Salud. La mercancía es recogida en Ipiales, Nariño. Quienes lo hacen viajan en bus desde Cali y su equipaje regularmente es mínimo. Una muda de ropa si acaso. Se va y se viene en un par de días. Un equipaje escaso es uno de los detalles que despiertan la curiosidad de los policías que custodian los terminales de transporte. En teoría. Durante 2014 no se han registrado capturas por este delito. En realidad pocas veces ocurren.Para cuidarse de las penas, quienes recogen el producto en Ipiales transportan consigo una mínima parte de la mercancía fraudulenta. Su tarea es enviar el gran grueso de los productos por el servicio de encomiendas que ofrecen los buses. Así, si son atrapados en los controles viales, no van a la cárcel. Lo que llevan consigo es considerado por la justicia como productos de contrabando de menor cuantía, un delito excarcelable.Lo reconoce el intendente José Ruiz, de la Sijin. “ En la mayoría de estos casos la persona no queda con medida de aseguramiento, aunque sí se judicializa y se procesa. Pero el delito no da para enviar a alguien a la cárcel porque quienes lo cometen se cuidan y cargan mercancía catalogada como de menor cuantía. Para darle cárcel, las autoridades sanitarias deben establecer el daño potencial que pueden generar esos productos, pero es un trabajo posterior a un hecho en flagrancia. Sin embargo, generalmente no sucede mayor cosa en estos casos porque la norma no lo permite y además que, por el problema de hacinamiento carcelario en el país, se tiende a que la gente que ha cometidos delitos considerados aparentemente menores, quede libre”.Y, tanto el intendente Ruiz, como el nuevo Secretario de Salud de la ciudad, Harold Suárez, admiten que se les hace imposible controlar un mercado tan grande. En Colombia existen 9.000 tiendas naturistas debidamente registradas ante las secretarías de salud municipales y otras 3.000 que funcionan en el comercio informal, además de las misceláneas clandestinas que ofrecen desde medicinas naturales hasta productos esotéricos, perfumes, cosméticos.Pero ahí surge una paradoja. Mientras que el mercado debidamente establecido se controla con regularidad – las visitas a las tiendas y centros naturistas legales por parte de las autoridades son permanentes y las multas por irregularidades son altas – existe sin embargo esa especie de sub mundo de lo ilegal que se mueve en el centro de la ciudad, en las plazas de mercado, en los barrios populares, y que no está siendo perseguido sistemáticamente. “Pareciera que la Policía tiene miedo o quizá algún compromiso para no penetrar ese mercado ilegal. Por ejemplo San Victorino, en Bogotá, está plenamente identificado como un sector donde, tras bambalinas, venden productos falsificados al por mayor. Y sin embargo, aunque lo hemos denunciado, no se hace nada”, dice Ismael Ochoa, presidente de la Asociación Nacional de Naturistas.El negocio ilegal, incluso, está siendo introducido a algunas farmacias y tiendas naturistas que, pese a tener todos los permisos de funcionamiento, en su inventario se ha hallado productos naturales fraudulentos. Sucedió este viernes, en una tienda naturista de un centro comercial de la Avenida Pasoancho, donde encontraron productos sin registro sanitario. En la Defensoría del Paciente también se hizo una denuncia por la entrega de presuntos medicamentos falsos por parte de una farmacia del barrio Tequendama. Millones de engañadosLos ciudadanos incautos están, sin sospecharlo, promoviendo el negocio de los productos naturales fraudulentos. Sucede, por ejemplo, con el Omega 3, uno de los complementos alimenticios más vendidos en la ciudad. Existe en el mercado una gran cantidad de promociones. Dos frascos por $20.000. El médico Arturo O'Byrne, presidente de la Sociedad Internacional de Homeopatía y Homotoxicología, advierte que pagar esa cantidad de dinero aparentemente mínima, termina siendo costoso. “El Omega es fundamental para el equilibrio entre las grasas malas y las grasas buenas. Pero si te ofrecen dos frascos por $20.000 es mejor abstenerse de comprarlo. Puede ser aceite de cualquier cosa, menos Omega 3. Muchos omegas que se están vendiendo son simplemente aceites de pescado, pero cuando se analiza cuánto de Omega 3 hay en cada pepa, es una cantidad tan mínima o nula, que la plata que está pagando el consumidor termina siendo demasiada. Es un producto que no ejerce ningún efecto benéfico”. En el mercado, agrega el médico O'Byrne, hay dos tipos de omegas. El dietético, que son los económicos, y el farmacológico, que puede costar entre $70.000 y $100.000 pero que ofrece una garantía. La concentración de Omega 3, por un lado, y la seguridad para consumirlo. Se trata de un producto que pasa por un proceso llamado ultrafiltración, con el que se retira cualquier tipo de contaminación que provenga del mar como el mercurio. Eso, precisamente, explica su costo. Otros de los productos fraudulentos que más se venden en Cali son los adelgazantes y potencializadores sexuales. Quizá puedan hacer algún efecto, pero con un alto riesgo.“Muchos de esos adelgazantes que se venden en el comercio informal tienen anfetaminas o aceleradores del metabolismo, sustancias que pueden hacer que una persona baje de peso, pero cuidado, también generan efectos secundarios. Hay consumidores que se ponen nerviosos, o no pueden dormir, o empiezan a padecer dolores de cabeza. Lo mismo ocurre con los potenciadores sexuales. La gente no tiene conciencia del riesgo que se corre al comprar estos productos fraudulentos, que además no cumplen con las normas de higiene tanto en su fabricación en cocinas caseras clandestinas, como en el almacenaje”, agrega el médico O'Byrne. Las autoridades, de hecho, han descubierto que las bodegas donde se guarda esta mercancía ilegal es la misma casa de los comerciantes que la venden, lugares que no cumplen ninguna norma de seguridad para mantener los productos. Las consecuencias de consumirlos con regularidad a largo plazo, entonces, podría ser fatal.

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