Así es la vida del caleño Jimmy González, el maniquí humano

Mayo 10, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | El País.
Así es la vida del caleño Jimmy González, el maniquí humano

El maniquí humano, Jimmy González, hizo una presentación el pasado martes en el almacén F. Nebulony del Centro Comercial Centenario.

Este caleño, finalista de ‘Colombia tiene talento', busca una compañía que lo financie para representar al país en las Olimpiadas de Arte y Talento en Los Ángeles.

El maniquí humano está de pie frente a la sección de libros en inglés de la Librería Nacional. Lleva unos jeans ceñidos, una camisa blanca algo apretada que deja notar los músculos de sus brazos, cabello negro apuntando hacia el cielo gracias a varias capas de gel, cejas depiladas. Un maniquí, por definición, es un modelo. El maniquí humano busca un diccionario. “Necesito perfeccionar mi inglés para participar en las Olimpiadas Mundiales de Arte y Talento de Los Ángeles, California. Es algo así como unos Juegos Olímpicos, con la diferencia que no participan deportistas sino artistas”, se disculpa y vuelve a poner en su sitio el libro que ojeaba. La vida del maniquí humano se asemeja en todo caso a la de un atleta de alto rendimiento. Todos los días desayuna con una mezcla de agua con aloe vera, un té de guaraná quemador de grasa y un batido multivitamínico de bajas calorías. También trota, hace pesas y evita las comidas rápidas. Su objetivo es verse, justamente, como un maniquí tradicional, contornado, marcado, atlético. La talla de ropa del maniquí humano es la misma que la de cualquier maniquí promedio de un almacén: - ¿Cuándo inician las Olimpiadas? El maniquí humano mira hacia un lado, mueve las cejas. Es el gesto de quien le preocupa algo. Las competencias inician el 10 de julio, pero necesita confirmar su participación en mayo. Para hacerlo, requiere pagar lo más pronto posible 5. 500 dólares. Está apurado. “Ya logré el cupo para representar a Cali y Colombia. También tengo la visa. Acabo de regresar de Miami, donde estuve en una competencia en Sábado Gigante, el programa de Don Francisco y Univisión, y gané el primer puesto. Ahora necesito que una compañía me apoye con un patrocinio para participar en las olimpiadas de artistas. No es mucho dinero, supongo. ¿Y te imaginas la publicidad que puedo hacer allá, en pleno Hollywood, ante jurados como Cirque Du Soleil, Americas Got Talent, Millenium Dance Complex, Disney Auditions, todos cazatalentos?” Ahora, mira fijamente hacia el frente. No parpadea. IIEl maniquí humano nació el 27 de mayo de hace 39 años, en Cali. Su nombre de pila es Jimmy Enrique González Fernández y siempre ha vivido en el mismo barrio de calles estrechas, San Luis, a la salida de la ciudad, por el norte. Desde los 9 años trabaja. En ese entonces vendía periódicos, buñuelos, cargaba mercados en los móviles. Eran los trabajos más accesibles para un niño. La economía de sus padres no era tan estable como para pasarse en casa viendo televisión. Su mamá, Mary Fernández, era estilista. Su papá, William González, trabajaba en oficios varios y con él la relación no fue buena. A veces llegaba a casa ebrio y violento. Jimmy se prometió que nunca sería como su padre. En su tiempo libre, después de trabajar y estudiar, se dedicaba al arte. Bailaba breakdance, hacía beatboxing, una forma de percusión vocal que se basa en la habilidad de hacer sonidos musicales con la boca. Lo de convertirse en maniquí resultó de una casualidad. A los 21 años, Jimmy era modelo. Quizá eso de cargar mercados fue lo que hizo que tuviera un cuerpo atlético. Su novia Andrea dice que además él tiene algo vital para ese oficio: vanidad. Junto a su cama hay un espejo de pared, de hecho, y en su mesa de noche no hay espacio para más tarros de cremas, lociones, polvos, talcos. Sobre la pared también hay un afiche gigante del maniquí humano en una presentación. A los 21 años Jimmy desfilaba en pasarelas, centros comerciales, discotecas. Hasta que la administradora de una agencia de modelaje le dijo que necesitaba un show de un maniquí humano para una feria de calzado. - ¿Sabés quién lo puede hacer? Lo necesito urgente. Jimmy no tenía idea qué era un show de maniquí humano, mucho menos quién lo pudiera hacer. Sin embargo preguntó: ¿cuánto pagan? - $400 mil por hora.Los ojos de Jimmy parecían platos. Como modelo, apenas ganaba $40, $70 mil, o le pagaban con ropa. “Yo puedo hacer el show”, dijo enseguida con miedo. La feria de calzado se realizó en el Club San Fernando. Jimmy se maquilló con una mascarilla color oro. Se sentó tras una vitrina, sosteniendo unos zapatos. Y empezó a entrar la gente, la mayoría empresarios. Pasaban, miraban con indiferencia los zapatos que sostenía, seguían de largo. Jimmy se angustió. Pensó que a nadie le había gustado lo que estaba haciendo. “Ni siquiera me van a pagar”, supuso. Decidió pararse. Una mujer gritó con histeria. Jimmy también estaba aterrado. De inmediato los que habían pasado de largo se devolvieron. ¿Es de verdad?, preguntaban. El gerente de la feria lo mandó a llamar. Se quería tomar una foto con él y felicitarlo. Después recibió su pago. Jimmy decidió ese día convertirse para siempre en un maniquí. Ya conoce casi toda Colombia haciendo presentaciones – solo este mes firmó 16 contratos – ya fue finalista en un reality de televisión: ‘Colombia tiene talento’. Tardó meses perfeccionando su personaje después de aquella feria de calzado. Se iba para los almacenes a mirar los maniquíes. Y ensayaba frente a su espejo. Pasaba tiempo mirándose sin parpadear. Puede lograrlo por tres horas sin que se le irriten los ojos. También tomaba una bocanada de aire para soltarla poco a poco. Así, en la vitrina, se da la sensación de que no hay movimiento. Un maniquí entrena su respiración trotando. Aunque Jimmy no solo posa en una vitrina. Hace shows musicales, cuenta historias en tarima. Sobre la paz, sobre el aborto, sobre el medio ambiente, sobre la humanidad y sus líos. Un maniquí, por definición, muestra algo o sirve de modelo para corregir imperfecciones. El maniquí humano intenta, en el fondo de todo, corregir lo que hizo su padre, ser lo opuesto a ese hombre violento, a veces indiferente a los demás. Jimmy quiere transmitirle mensajes positivos a la gente, alegrarle la vida así sea por un rato, no importa si son niños o viejos, ricos o pobres.El martes pasado, en el Centro Comercial Centenario, posó tras una vitrina, bailó en los pasillos: una anciana en silla de ruedas aplaudía feliz, una niña le decía a su madre que no se quería ir, un señora sorprendida preguntaba si era un robot, gente que parecía de afán se detenía en seco ante su espectáculo, sacaba su celular, se tomaba el tiempo de tomarle una foto. Todos sonreían. El maniquí humano es capaz de convertir en niños a gente que a simple vista es muy adulta. III“Cuando Jimmy González está actuando, deja de ser humano. Tiene un talento increíble y por eso lo elegimos”. En el teléfono está Luis Ariel Duque, director en Colombia de World Championships of Performing Arts, las Olimpiadas Mundiales de Arte y Talento que se celebrarán en Los Ángeles, California. Luis Ariel, que nació en Bogotá y toca el saxofón, ganó la competencia en 2011. Esta vez por Colombia irán ocho artistas entre cantantes, actores, bailarines, músicos, modelos y la categoría en la que entra el maniquí humano: artistas de variedad. En total participan 2.000 artistas de 60 países, que compiten por medallas de oro, plata y bronce. El maniquí humano ensaya a diario, frente a su espejo, y no solo el idioma. De poder asistir a las olimpiadas, tendrá cinco salidas, cada una de un minuto y ya se imagina la medalla. “No solo quiero ir y ganar una medalla para también conseguir un contrato, que un cazatalentos me brinde una oportunidad en el cine, por ejemplo. Quiero ir para, también, sentir la felicidad de haber hecho algo por mi país”. En un maletín, carga la propuesta que le está dejando a los empresarios para que lo patrocinen a cambio de publicidad para sus compañías en las ruedas de prensa que debe ofrecer a los periodistas de todo el mundo que cubrirán las Olimpiadas. Mientras lo hace, Jimmy camina raudo. Para caminar junto a él hay que dar zancadas largas o incluso trotar para no quedarse rezagado. El maniquí humano está apurado.

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