Así es el drama de vivir en los barrios de Cali que están rodeados por obras 'eternas'

Julio 01, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Así es el drama de vivir en los barrios de Cali que están rodeados por obras 'eternas'

Los negocios que se encuentran rodeados por obras inconclusas, han tenido que recurrir a estrategias como las ofertas y los saldos para seguir funcionando. Sin embargo, algunos deben reubicarse o cerrar.

Inseguridad, polvo, malos olores y pérdidas económicas para los negocios, son algunos de los males que sufren los caleños que viven en barrios de la ciudad donde las obras de infraestructura se han demorado más de lo presupuestado.

Desde la óptica femenina, que el barrio donde se reside, trabaje o estudie esté en obra puede ser un verdadero drama: Si hace mucho sol, las sandalias se llenan de polvo y los pies se ensucian. Si llueve, entonces los tacones se quedan clavados en los andenes artesanales. Y aunque parezca una situación graciosa, el peligro puede ser inminente no sólo para las mujeres sino para toda la comunidad de las zonas que están siendo intervenidas.El drama también es visual: Las calles revueltas con sus tuberías expuestas, recubiertas de lona verde que impide ver al otro lado, restaurantes, bares, tiendas de ropa, de muebles, de antigüedades cerrados. Edificios cubiertos con letreros de ‘Se vende’, ‘Se alquila’. Negocios ofreciendo 30%, 50% y hasta 70% de descuentos en sus productos sin lograr el objetivo, porque los establecimientos permanecen vacíos.Malaki Ghattas, propietaria del restaurante Litani (Granada), tuvo una luxación de tobillo hace más de seis meses cuando intentaba llegar a su negocio. Para ese entonces, la Calle 16, entre avenidas Octava y Novena Norte, estaba en obra, se adelantaba la reposición de redes subterráneas y la peatonalización de parte del barrio.La libanesa tenía que utilizar puentes improvisados hechos con tablas y retazos de cemento. Fue entonces cuando un día, en medio del afán, puso su pie en el lugar que no era. Esa situación, cuenta, fue lo de menos.“A pesar de mi lesión, me podía mover. Lo grave es que las obras nos mantuvieron aislados casi seis meses. En diciembre terminaron los trabajos en la Calle 16 y logramos un respiro y reponernos económicamente. Pero ahora, estamos otra vez encerrados porque nos dejaron sin salida por la obra que se adelanta en la Octava Norte”, explica.Otros sufrimientosMalaki no es la única que sufre. Jaider González es celador en el edificio de oficinas para abogados que hay en la Avenida Octava Norte con Calle 16. El hombre cuenta que de las quince oficinas que hay en la torre, solamente siete están ocupadas. El resto tienen letreros en sus ventanas promocionando la renta. Jaider dice que si la situación sigue así, ya le anunciaron que se quedará sin empleo. Señala que aunque los visitantes al edificio cuentan con un andén sobre la Avenida Octava para estacionar sus vehículos, muchos se aburren de dar tantas vueltas para llegar. “Además, hay gente a la que le da miedo dejar el carro en la calle. Aquí tenemos parqueadero en el sótano, pero está bloqueado por la lona verde que recubre la obra”, explica el celador.Para los residentes también hay molestias. Julián Llanos vive en inmediaciones de la Iglesia de Fátima, también en Granada. Enumera sin vacilar los problemas que genera vivir en un barrio que está en obra.“Hay que dar hasta cuatro y cinco vueltas para poder llegar a la casa, porque un día está cerrada una calle y al otro día otra; los restaurantes que antes visitaba ya están cerrados porque los trabajos prolongados hicieron que sus dueños quebraran; las paredes de la casa están cuarteadas por la constante vibración que produce la maquinaria pesada; el polvo hace que la casa mantenga sucia casi todo el tiempo y mi niña permanece con enfermedades respiratorias por cuenta del polvo y los olores fétidos como consecuencia de las alcantarillas abiertas”.Más al norte de Cali, justo en el barrio La Flora, hay otro tipo de dramas. Como por ejemplo, el de Julio Durán, a quien la jornada de trabajo lo obliga a llegar a su vivienda pasada la media noche. El ingeniero se está quedando en un edificio de apartamentos sobre la Avenida Tercera Norte con Calle 54 Norte, justo donde se construye un carril exclusivo para el MÍO, que conectará la Estación Sameco con la Estación Álamos.Dice que afortunadamente el acceso al garaje del edificio no lo cerraron, pero sí hay una lona que impide el paso directo. “Uno tiene que bajarse del carro, correr la lona y volver a subirse para llevar el carro adentro, luego salir y poner la lona en su lugar. La semana pasada haciendo esa maniobra unos tipos me iban a atracar. Por fortuna fui más rápido que ellos y logré entrar a la casa”, relata Durán.Ricardo Cutiva, administrador del edificio donde vive Durán, se queja porque según él, los contratistas indicaron que la obra duraría tres meses y “ese tiempo se duplicó hace rato”. Señala que esa situación ha repercutido en la clientela y en sus finanzas. “Antes los apartamentos los alquilábamos mínimo en $800.000, pero ahora con esta crisis, los estamos rentando hasta por la mitad de ese valor con tal de que la gente se quede”, dice. Agrega que de los 25 apartamentos que hay en el edificio, solamente la tercera parte está ocupada.Pero conseguir que pavimenten la calle que durante años estuvo averiada, que cerca de su casa se construya una estación del MÍO, que amplíen la vía frente a su sitio de residencia para convertirla en una avenida implica sacrificios.Marcela Jaramillo vive en el edificio Kryzia, en la Calle 14 con Carrera 100, donde se adelanta una obra complementaria del Sistema de Transporte Masivo. Dice que “hay gente que es muy intransigente. Si a uno le van a arreglar la calle, sabe que eso se lleva su tiempo y toda obra trae consigo polvo, ruido y otros inconvenientes. Uno se lo puede aguantar para luego ver un resultado favorable”.Igual piensa su vecino Carlos Andrés Saldarriaga, quien dice que por ahora lo único malo que ha visto en su calle es exceso de polvo y ruido, pero que “eso es normal en cualquier obra. No habría otra forma de hacerlas. Si queremos beneficios, entonces tenemos que poner un poco de nuestra parte”.

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