Así es como la minería ilegal perfora los Farallones de Cali: video exclusivo

Así es como la minería ilegal perfora los Farallones de Cali: video exclusivo

Mayo 09, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co I José Luis Carrillo

84 socavones y 300 mineros se devoran el páramo caleño por fiebre del oro.

En las postales turísticas los filudos picos azules de los Farallones de Cali se levantan frondosos. Pero a tres mil metros de altura, al interior de ellos, las montañas azules se convierten en cementerios de árboles: la minería ilegal ha perforado sus entrañas. Los Farallones, idílicos de lejos, dan tristeza al ser vistos de cerca. En ese cerro, bien arriba de Peñas Blancas, los mineros excavan túneles de donde arrancan la roca que es llevada en bultos hasta la maquinaria pesada donde es macerada con una mezcla de agua, cianuro y mercurio. Los desechos de ese proceso caen a los riachuelos que robustecen el cauce del río Cali, del cual se abastece de agua el 25% de la ciudad. La explotación de este material está empujando a que cientos de personas perforen socavones arrasando con hectáreas enteras de bromelias, bejucos y árboles de chusque. El paisaje es devastador. La deforestación se traga la montaña y una avalancha amarilla desdibuja la vegetación. La fiebre por el oro ha llevado hasta esta montaña a 140 mineros, según un censo realizado por Parques Naturales, pero ya estando en el lugar, a golpe de ojo, se pueden contar hasta 300 personas. Los niños también están presentes.Según comentan quienes viven en la zona, puede haber hasta 84 socavones, 8 plantas de tratamiento de material y 10 campamentos de mineros que pueden albergar hasta a 20 personas cada uno.El negocio es rentable, dice Martín Ortiz, un agricultor que se volvió minero para, según él, poder subsistir. “Hay días buenos y malos, pero semanalmente me saco $250.000 y si estoy con la suerte encima me puedo hacer hasta $1.500.000”, dice. Martín trabaja en la mina de Don Simón Bolívar, una de las más grandes de la zona, su contrato de trabajo consiste en dejarle el 70% de lo producido al patrón. “Me parece justo, porque la mina es de él y además me da el hospedaje y la alimentación gratis. También procesa el material y separa el oro de la piedra. Yo me quedó con el 30% y con eso me mantengo”. Éste hombre dice que trabajó legalmente en las minas de Suárez, Cauca, pero afirma que un salario mínimo y las prestaciones legales no se comparan con lo que se gana en las minas del Socorro, en los Farallones. Sandra Hidalgo es otra de las tantas mineras, pero trabaja en el Alto del Buey. Hace dos años ella viajó hasta España a buscar mejor suerte, pero asegura que se devolvió porque le va mejor metida en un mina. “Trabajo todos los días a excepción de los fines de semana y sufro menos que cuando estaba en España”, dice la mujer quien reside en el barrio Mariano Ramos de Cali.María Angélica Burbano vive una situación similar. Ella es cocinera del campamento de Don Zacarías, allí hace de comer diariamente a 40 mineros. “Soy de Tuluá y me gano mensualmente $1.500.000, salario que sería muy difícil de tener trabajando en mi pueblo. Con esa plata estoy parando a mi familia”.Como en todas las zonas mineras del país el valor de las cosas ha tenido una inflación desproporcionada: Por una cajetilla de cigarrillos se ha llegado a pagar hasta $10.000 y una porción de arroz puede costar hasta $5.000.“La verdad es que mucha de la gente de Peñas Blancas obtiene la plata de las minas. Ya sea por ventas de víveres o en mi caso, llevando peso en bestias hasta la mina”, dice Olmedo Jaramillo uno de los 150 arrieros que trabajan en la zona. 250 mil pesos semanales es el ingreso, promedio, de un minero que trabaja en estas minas. Según cuenta el hombre en algún momento los dueños de las minas quisieron traer sus propias mulas y caballos para transportar el material, pero la comunidad opuso resistencia.“Tras de que no son de acá, se llevan el oro y quieren comérsela toda. Nosotros no dejamos”, comenta el arriero, añadiendo que está asustado porque no sabe qué será de su futuro si cierran las minas. Y es que precisamente la semana pasada y luego de cinco años de denuncias de los habitantes de la zona, por fin las autoridades parecen tomar cartas en el asunto. El alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, en compañía de una comitiva de al menos 300 personas, entre fuerza pública y funcionarios, emprendió una expedición para cerrar la minas del Socorro. 12 horas tarda el recorrido a pie desde Peñas Blancas hasta la primera mina en el Alto del Buey.La decisión se dio luego de que la procuradora ambiental interpusiera una tutela en su contra, la cual le exigía preservar la vida de los caleños que consumen agua del río Cali y que estaba siendo afectada con la minería en la parte alta de los Farallones.El mandatario notificó del cierre a los dueños de las minas; sin embargo, ellos se quedaron a 3.200 metros de altura moliendo el material y esperando a que la Fiscalía suba, les incaute las máquinas y meta a los dueños a la cárcel, tal como se los anunció el Alcalde.

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