Así despiden el 2017 las familias caleñas no católicas

Así despiden el 2017 las familias caleñas no católicas

Diciembre 31, 2017 - 07:45 a.m. Por:
Redacción de El País
Musulmanes

En Cali hay por lo menos 220 seguidores del Islam, la mayoría nacidos en la ciudad. Su mezquita está ubicada en el sur, muy cerca de la Biblioteca Departamental. Allí llevan a cabo la mayoría de sus celebraciones religiosas.

Foto: El País / Jorge Orozco

Centenares de caleños celebraron la llegada de un nuevo año hace mucho: el 21 de septiembre. Ese día se escuchó el toque de un cuerno de carnero – el shofar– y enseguida la comunidad judía de la ciudad acudió a la meditación.

Según el calendario hebreo, lunisolar – que se basa en los ciclos del sol como los de la luna – el 21 de septiembre pasado se inició el año 5.778. Para conmemorarlo se celebró la fiesta del Rosh Hashaná, que traduce algo así como comienzo del año, o cabeza del año.

"Es un día en el que tenemos que estar felices. Acostumbramos a comer cosas dulces como manzanas con miel, para tener un año igualmente dulce y alegre. Comemos además granada, una fruta con muchas semillas, para que el siguiente año tengamos muchos méritos y cumplamos las leyes. En el judaísmo cada ritual tiene un significado", dice el rabino Ishai Harari.

La llegada del nuevo año para la comunidad judía empieza con el rezo en la sinagoga de la ciudad. Allí, entre otras cosas, se hacen bendiciones en público, y enseguida todos se van a casa. Justo antes de la comida, se bendice a cada integrante de la familia para el año “bueno”. Entre los judíos es costumbre desearse un “año bueno”, no un “feliz año”. Es una declaración más integral.

En el comedor generalmente hay frutos como el dátil, que significa buenas señales para el año, o el Silká, para protegerse de los enemigos. Algunos tienen por tradición escribirles cartas a los amigos pidiéndoles perdón por las cosas negativas que pasaron durante el año que termina, y empezar el nuevo con lazos de amistad renovados.

"En Cali lo más bonito es el respeto. Cuando camino en la calle con la Kipá, la pequeña gorra ritual que utilizamos, no me miran distinto. No me miran con ojos hostiles como pasa en otros lugares. Yo soy de México y acá he podido notar que cada persona vive como quiere y según lo que cree. Además las festividades nos unen como pueblo.

Demuestran quiénes somos y a qué pertenecemos. Las festividades nos enlazan con los seres humanos. Nosotros, los judíos en Cali, aunque no seguimos la tradición del árbol de Navidad, por ejemplo, la respetamos", dice Ishai Harari.

En todo caso para él este 31 de diciembre será un día común y corriente. Un domingo más. Lo mismo sucede con los seguidores del Islam en la ciudad, unos 220 según los cálculos de Amer Hassan, quien dirige la mezquita ubicada en la Carrera 24 con Calle Quinta esquina.

Para los musulmanes el nuevo año empezó también el 21 de septiembre y en su calendario corresponde al 1439.

Sin embargo, explica Amer, en la Islam por tradición no se celebra la llegada de un nuevo año. Ese día se recuerda la vida del profeta Mahoma, fundador del Islam.

"Tenemos dos fiestas durante el año: el mes de Ramadán, donde ayunamos, y cuando terminamos el ayuno celebramos la fiesta del desayuno. Es un festejo para agradecerle a Dios, que nos facilitó vivir hasta el mes del Ramadán y ayunar y hacer buenas obras. La otra fiesta se hace después de la peregrinación a la Meca".

"Después de la peregrinación hacemos la fiesta del sacrificio, donde por costumbre el musulmán compra un animal que puede ser un cordero o una res para sacrificarlo y repartir la carne entre las personas necesitadas, sean musulmanes o no. Para nosotros las fechas particulares son esas. No celebramos la Navidad porque consideramos que Jesús fue un profeta enviado por Dios, entre los mejores seres humanos y mensajeros, pero no creemos en su divinidad, y la Navidad se relaciona con ello, el nacimiento del hijo de Dios".

La mayoría de los 220 musulmanes que hay en la ciudad son nacidos en Cali, así que por simple costumbre algunos celebrarán este 31 el fin del año, pero en definitiva aquello nada tiene que ver con la tradición islámica, insiste Amer. Por eso para él, que es árabe, este domingo 31 de diciembre será un día sin ninguna connotación, en el que sin embargo hace una invitación especial.

Musulmanes

"Que los caleños conozcan cómo son nuestros hermanos musulmanes en la vida real y no en el mundo virtual. Si quieren conocernos, los invitamos a nuestra mezquita donde todos son bienvenidos para que nos pregunten qué aprendimos con el Corán. No toleramos la violencia, como lo insinúan algunos noticieros".

Los budistas en Cali tampoco festejan el fin de año este 31 de diciembre, dice Liliam Echeverry, la encargada de las comunicaciones en el Centro Budismo Camino del Diamante, donde se practica budismo laico vajrayana del linaje Karma Kagyu, una de las principales y antiguas escuelas del Tíbet. Y en el Tíbet el calendario es lunar.

"Por lo tanto, para nosotros los budistas de Cali empieza el 16 de febrero del 2018 y será el año del Perro de Tierra. Pero este 31 nos conectamos por Internet con el Lama Ole Ole Nydahl, que estará en Londres, y a las 12:00 de la noche en Inglaterra hacemos con él la Promesa del Bodhisattva, que es el compromiso de trabajar para alcanzar la iluminación con el propósito de beneficiar a los demás seres. Luego nos deseamos el feliz año, hacemos buenos deseos y compartimos un rato con los amigos. Enseguida nos vamos a estar con nuestras familias. Pero en el budismo, por lo menos en occidente, no hay rituales para recibir un nuevo año".

En el caso de los Testigos de Jehová, consideran las fiestas de fin de año como paganas, así que ni de fundas despedirán el año de alguna manera.

Y por otra parte hay ateos confesos a quienes sin embargo les encanta la Navidad y despedir el año. Uno de ellos es un escritor reconocido: Héctor Abad Faciolince.

"La Navidad, para mí, si bien es una festividad de origen religioso, es una fiesta familiar. En este sentido, en Navidad me comporto como un 'no creyente practicante'. En mi casa los niños, por tradición, aprenden a leer en público leyendo la novena. Así aprendí yo, así aprendieron mis hijos, así aprenden hoy los bisnietos de mi madre".

"La Navidad para nosotros es la gran fiesta del año: nos juntamos casi 40 personas en una misma finca, hacemos coplas, leemos la novena frente al pesebre. Renovamos los lazos familiares, conversamos, jugamos, nos abrazamos, peleamos, nos perdonamos".

"El 25, día de Navidad, además, cumplió años mi madre (92 esta vez). Por eso ella se llama María Cecilia Ana de la Natividad de Jesús. Celebramos, pues, dos nacimientos. Y yo creo que los voy a seguir celebrando hasta que me muera".

Aunque yo no creo en Jesús como Dios, sí creo que el cristianismo le dio ideas maravillosas a la humanidad: la de querer al prójimo, la de creer que todos los hombres pueden ser hermanos. Celebrar el nacimiento de un hombre bueno, como lo fue Jesús, no es contradictorio para un ateo como yo".

¿Por qué el año finaliza el 31 de diciembre?

Se cree que la primera celebración del año nuevo ocurrió en la Antigua Babilonia, hace 4000 años. El año nuevo en Babilonia comenzaba con la primera luna nueva, después del primer día de primavera.

En diferentes culturas el nuevo año coincidía con el inicio de una cosecha o el florecimiento de las plantas. Sin embargo, el 31 de diciembre y el 1 de enero no tienen ninguna relación con la agricultura y sus ciclos.

Lo que sucede es que el 31 de diciembre es la última noche del año en el calendario gregoriano, utilizado actualmente en la mayoría del mundo. El calendario está comprendido entre el 1 de enero hasta el 31 de diciembre, y es por ello que la mayoría del planeta despide el año en este día.

Por cierto: el calendario gregoriano se llama así por el Papa Gregorio XIII. Este calendario se diseñó para que el calendario civil coincidiera con el litúrgico.

Una de las tradiciones más arraigadas en Colombia es comer 12 uvas con cada campanada a las 12:00 de la noche. En teoría, aquello trae buena suerte para el nuevo año. Esta es una práctica que viene de España y que se ha extendido a gran parte de América. Hay varias teorías sobre su origen.

Una de ellas indica que todo empezó para ridiculizar a las aristocracia, que bebía champaña acompañada con uvas. Otra teoría asegura que fue una manera de vender las cosechas extraordinarias de uvas.

En diferentes culturas los rituales son una manera de garantizar la prosperidad en el nuevo año. Por ello en Colombia se cree que tener lentejas en los bolsillos a las 12 de la noche, o dólares en la billetera, es una manera de atraer la riqueza y la prosperidad.

El color amarillo se relaciona con el sol, que a su vez representa eternidad y energía. Es por ello que es tan común que los colombianos acostumbren a utilizar interiores amarillos para recibir el nuevo año.

Quemar el año viejo, un muñeco hecho con ropa vieja, cartón, paja, y repleto de pólvora, es considerado un ritual de purificación para alejar la mala suerte, las noticias negativas, o los personajes que hicieron daño durante el año que termina.

Los agüeros en fin de año corresponden a una creencia de tiempos antiquísimos: que el destino de una persona depende en gran medida de factores externos: los dioses, los astros, los ciclos de la naturaleza, etc.

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