Así deleitó Diego El Cigala a los caleños en el Teatro Municipal

Así deleitó Diego El Cigala a los caleños en el Teatro Municipal

Septiembre 12, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Pedro Navaja, especial para El País

Lo que empezó como una jornada llena de imprevistos y problemas terminó convertida en la mejor noche del Festival Ajazzgo, que concluyó ayer. Esta es la historia.

Horror. El desastre estaba a punto de ocurrir, y Beatriz Monsalve sentía que el escarabajo negro del horror le oprimía el pecho. Las 1.200 sillas del Teatro Municipal estaban ya ocupadas, pero Diego ‘El Cigala’, la gran estrella de la penúltima noche del Festival Ajazzgo, no aparecía por ningún lado. Afuera, las gotas de la primera lluvia del invierno parecían juntar los elementos del desastre. Quince minutos después de las 8:00 las luces se apagaron y Beatriz Monsalve enfrentó al dragón del horror. Tras los agradecimientos de rigor, soltó la bomba: “El maestro Cigala no está aún en el Teatro, pero sus músicos iniciarán el concierto sin él”. Y ante el coro de inconformismo que se levantó en la tribuna, sólo atinó a empuñar con firmeza el arma del optimismo: “Tranquilos, ahora vamos a tener un concierto de dos horas y media”.En la penumbra, los músicos de El Cigala se dieron a la tarea de aplacar los espíritus. Lo hicieron con un bálsamo de flamenco puro, liderados por la guitarra de Diego del Morao, quien dejó una muestra de ‘Orate’, su primer disco, lanzado a finales del 2010.Pero 58 minutos después Cigala aún no aparecía y la incertidumbre reinaba. Pocos sabían la verdad: su vuelo desde Cartagena había sufrido un retraso de dos horas, el cambio de clima entre Medellín y Barranquilla le había dejado una gripa severa y traía los labios lacerados por el sol y la fiebre. Para completar, el carro en que lo transportaron desde el aeropuerto hasta el Hotel Intercontinental sufrió un pinchazo.Cuando sus músicos subieron al escenario, Cigala apenas iniciaba en el hotel una sesión urgente de acupuntura para reanimarse. Beatriz apeló a su fe católica y a la de otros. Desde la distancia, un viejo amigo y músico cubano, con título de Babalao en la religión Yoruba, también hacía gestión ante los dioses para evitar el desastre.En medio de la lluvia y el trancón Cigala llegó al Teatro Municipal. Como pudo se enfundó en un traje gris, aplacó un ataque súbito de tos, pidió un vaso con jugo de naranja y salió, con su aire de Quijote maltrecho. Rosas rojas llovieron sobre el escenario. Cigala agradeció los aplausos, ofreció excusas, sacó un pañuelo verde de satín, tomó un sorbo de jugo de naranja y convocó al tango: “Canta, garganta con arena, tu voz tiene la pena que Malena no cantó...”Más allá de la tos y el resfriado, más allá de la carrera y la angustia, más allá del tiempo y el espacio, un ‘quejío’ dulce y desgarrado, luminoso y sombrío a la vez, empezó a envolver el Teatro. Sin prisa, pero sin pausa, Cigala soltó uno a uno los cortes de su nuevo disco. Después de ‘Las cuarenta’, ‘El día que me quieras’ y ‘Soledad’, el Municipal ya era un enorme pozo de nostalgia en el que 1.200 almas se ahogaban felices. Pero sólo en ‘Nostalgia’, el cuerpo del ciudadano español Diego Ramón Jiménez Salazar se encontró con el alma de Diego ‘El Cigala’. Esta vez sonrió, enfatizó cada marcación del cajón con palmitas flamencas, se paró de la silla. Ahora sí, Cigala estaba completo en Cali.Por la senda que abrieron violín y piano llegaron ‘Tomo y obligo’, ‘Alfonsina y el mar’ y ‘Sus ojos se cerraron’. Y la hora del tango se cerró con un sentimiento general dibujado en el aire: “Qué ganas de llorar en esta tarde gris…” Pero la nostalgia quería vestirse de bolero, y Cigala soltó lo mejor de su ya legendario repertorio con Bebo Valdés. ‘Corazón loco’ y ‘Veinte años’ fueron sólo el inicio de la comunión entre flamenco, bolero y son cubano. El Municipal se elevó en un coro único para confesar que “en la vida hay amores que nunca pueden olvidarse”, y luego se enrumbó en ritmo de clave con los arreglos magistrales de ‘La bien pagᒠy ‘Dos gardenias’, fusionadas entre la rumba flamenca y la rumba caribeña.Las rosas llovieron nuevamente. Con la garganta y el corazón quebrados, Cigala entregó uno de sus más grandes éxitos. Las ‘Lagrimas negras’ rodaron sobre las mejillas de una Cali que lloró de alegría bajo la lluvia. Poco antes de las 11:00 p.m., y después de entregar tres canciones más, Diego El Cigala se despidió. En la penumbra, Beatriaz Monsalve, directora del Ajazzgo, respiró a salvo del horror. A veces la felicidad viene envuelta en el empaque del desastre. Sólo hay que saberla esperar.

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