Artesanías navideñas, regalo de adultos y niños discapacitados para Cali

Diciembre 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País
Artesanías navideñas, regalo de adultos y niños discapacitados para Cali

Las 41 personas que asisten a diario en la actualidad a la Fundación de Personas con Discapacidad Cognitiva, son muy afectivas y cariñosas con su directora, Esperanza Castaño Cano, gestora de la institución.

La Fundación de Personas con Discapacidad Cognitiva, educa para la inclusión de esta población. Artesanías navideñas, su regalo.

"Yo no creía que eran capaces de hacer cosas tan bonitas”. Esta es la frase que casi a diario tiene que escuchar Esperanza Castaño Cano y su equipo de trabajo cuando la gente conoce y mira en detalle las bellísimas  y elaboradas artesanías, esta vez de Navidad,  que hacen niños y adultos de la Fundación de Personas con  Discapacidad Cognitiva, Fundapedco.

La entidad surgió sin querer crear una fundación. Solo que cuando Esperanza era fisioterapeuta del Centro de Salud en Meléndez,  un día llegó  un comunicado de traslado de la unidad de rehabilitación de discapacitados al Hospital Cañaveralejo.

Un sitio muy alejado para la  población discapacitada de Los Chorros, Lourdes, Polvorines y otros barrios del sector de Meléndez, donde el equipo de profesionales de rehabilitación atendía. Eran  familias que   no tenían cómo pagar taxis de ida y vuelta para llevarlos a terapias tres veces por semana al barrio Nacional, donde está el Hospital de Cañaveralejo.

Entonces con sus compañeros pensaron en seguir ofreciendo las terapias  en el sector de Meléndez. “Les propuse a esas familias casémonos: los profesionales donamos nuestro trabajo y ustedes nos apoyan con la logística como el aseo”, dice.

El matrimonio se ofició verbalmente, pero como toda unión, le surgió un problema del tamaño de una casa:  faltaba una sede en el sector para empezar.

Pero cuando alguien quiere servir a otros que lo necesitan, el universo conspira para ayudar. Álvaro Marín, una de las personas que asistía al programa de rehabilitación, le contó que un amigo de él vivía muy agradecido porque Esperanza le había atendido muy bien a un hijo con discapacidad. Y  en retribución  les ofrecía pagar el alquiler de  una casa por un año para que realizaran el proyecto. “Fue como el primer ángel que Dios nos ponía en el camino”, recuerda Esperanza.

Empezaron y las solicitudes para atención abundaban.  El  6,2 % de la población de Cali sufre algún tipo de  discapacidad, según el censo de 2013, señala ella. Y   afecta en su mayoría a familias que viven en la pobreza. Eso equivale a  unas 140.000 personas por lo menos.

[[nid:492957;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/12/fundacion-2-interna.jpg;full;{Con la elaboración de las canastillas con papel periódico reciclado, Fundapedco contribuye a la conservación del medio ambiente.Hroy Chávez l El País}]]

Al año, terminado el subsidio de arriendo del primer benefactor, vino un segundo ángel para favorecerlos.  Se reencontró con Gloria Sanclemente, una amiga de la Asociación Preescolar del Valle, que tenía una casa en Los Chorros, disponible para hacer labor social en el sector. 

Fundapedco se constituyó legalmente en 1999 y trasladó sus terapias a esa nueva sede, donde durante diez años desarrollaron un modelo que les permitió pasar de ofrecer a sus beneficiarios  no solo la rehabilitación, sino  otros programas de educación e inclusión social y laboral.

Estos nuevos avances  desarrollaba en los estudiantes -no son pacientes, aclara Esperanza- habilidades de autonomía, independencia y de comportamiento para incorporarse mejor  a la sociedad. Ahora ya las mamás no tenían que dejar a sus hijos en la casa: ya los podían llevar al supermercado, a la calle o a una fiesta, sin que el niño incomodara a los demás, gracias a los avances en la parte actitudinal.

Agustina, una abuela humilde del barrio Los Chorros, da fe de su gratitud con Fundapedco, porque su hija murió en el parto y le dejó un bebé con tal grado de discapacidad que los médicos le dieron tres meses de vida. Hoy su nieto tiene 17 años y “es mucho el adelanto que él ha tenido, gracias a la doctora que me ha dado la mano”, reconoce la anciana.

“Él no se movía, era como una  gelatina, había que acuñarlo con almohadas”, cuenta empujando la silla de ruedas donde ahora el joven se sostiene erguido gracias a que Agustina no se limitó a las terapias que le hacían en Fundapedco, sino que las intensificó con  el plan casero.

La Fundación cada mes capacita a padres y  madres y otros familiares para que aprendan a realizar las terapias en casa y así lograr mayores y mejores progresos  en sus hijos. “El propósito es educar integralmente a esta población para incluirlas socialmente como personas productivas”, explica Esperanza.

Fue cuando apareció un tercer ángel de la guarda: una representante en Colombia de la Fundación Liliane Fonds, una entidad holandesa que les ayuda a pagar parte de los terapeutas, cuenta Esperanza, directora  de Fundapedco.

Esto les permitió segmentar sus servicios en tres niveles:  el terapéutico, el pedagógico y el de habilidades para la vida. En el primer nivel se realizan todas las terapias para ganar movilidad y autonomía.

En el segundo, las actividades terapéuticas le permiten al estudiante ser autosuficiente en su autocuidado: que pueda  ir al baño, vestirse, peinarse,  lavarse los dientes, etc. y que sepa comportarse socialmente para que  no sea percibido como un estorbo para la sociedad y la familia.

Cuando cumple estas dos etapas, pasa a talleres de formación vocacional en la elaboración de artesanías. Por ejemplo, en esta temporada decembrina, los estudiantes de Fundapedco se dedicaron a elaborar canastillas de papel periódico.

En una especie de maquila, unos cortan el papel, otros lo enrollan con ayuda de un pitillo, otros lo aplanchan con una maquinita especial para eso, otros van trenzando las tiritas y  dan forma a estas canastas que muchas empresas compraron para entregar sus anchetas de Navidad.

Y cada que alguien las aprecia, Esperanza vuelve a escuchar la frase de marras: “Yo no creía que eran capaces de hacer cosas tan bonitas”.

Pero también elaboran faroles para el alumbrado navideño, tablas de cocina (para picar), cuadros, servilleteros, portavinos y otros objetos decorativos, con lindas formas y colores  con la técnica de resinado, bajo la orientación de Damaris Arroyo, docente de nivel III o formación vocacional, quien les enseña los procesos y les asigna las tareas según las destrezas de cada uno.

Gustan tanto los artículos elaborados por los estudiantes, que fueron invitados por el Centro Comercial Jardín Plaza para exponer sus artesanías en una muestra artesanal, de igual a igual con las de artesanos  que no padecen  ninguna discapacidad.

Recientemente se apareció otro ángel: la Fundación Sonreír, que les facilitó una casa en el barrio Tequendama, para una sede más amplia y cómoda para los estudiantes. 

Sandra Burbano, docente del nivel II, cuenta que cuando recién los estudiantes ingresan, sufren de mucha  timidez. No hablan, no se relacionan con los demás, incluso una niña que se metía debajo de la mesa y ahora es de las más sociables del grupo.

Otro joven no pronunciaba palabra y ahora ya expresa sus ideas o emociones. Ellos van mejorando su comunicación, su lenguaje, su grado de atención y de concentración y  mediante el baile, adquieren mucha coordinación motriz, complementa Liz  Bustamente, docente del nivel I.

Docentes que también son como ángeles que día a día van guiando a los estudiantes en su proceso de aprendizaje. Y los hay también de empresas como  la Fundación Éxito que hace diez años les dona el almuerzo para 35 alumnos. Sí, porque Fundapedco les ofrece desayuno, almuerzo y refrigerio, considerando que vienen de familias de muy escasos ingresos y cuyas madres no pueden trabajar porque tienen que cuidar al discapacitado.

Datos de interés

Entre los benefactores de Fundepedco, están el grupo voluntario: Josefina Puccini, Adriana Álvarez, Martha Gil, Esperanza Castaño y Carlos Andréa Ocampo, un joven con discapacidad que atiende la recepción.

Particulares y empresas privadas: Fundación Liliane Fonds de Holanda, Fundación Éxito, Centro Comercial Jardín Plaza, Fundación Sonreír, Spataro Nápoli, Polideportivo Lourdes, Fundación Jera, Grupo B.A.S.E., Caja del Amor, Pollos El Galpón, Colegio Americano, Familia Marín, Familia Sejnaui Hoyos y personas anónima.

La Fundación Vatia les apoya en todo lo relacionado con el servicio de energía y mantenimiento eléctrico.

Una familia paga $70.000 al mes para recibir todas las terapias necesarias para el alumno y recibir desayuno, almuerzo y refrigerio.

Algunas familias que no pueden pagar este valor, lo cambian por trabajo en oficios varios, como aseo.

Y así, ya ha ido formando un séquito de ángeles que apoyan su misión. Empresas privadas y personas particulares  con una nueva visión que en vez de exclamar “yo no creía que eran capaces de hacer cosas tan hermosas”, se suman para hacer  realidad el eslogan que Esperanza eligió para la fundación: la discapacidad no es una incapacidad.

www.facebook.com/Fundapedco

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