¡Angustia y emoción en Cañaveralejo!

¡Angustia y emoción en Cañaveralejo!

Diciembre 29, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Por Víctor Diusabá Rojas I Especial para El País
¡Angustia y emoción en Cañaveralejo!

Andy Cartagena, El Juli y Santiago Naranjo se llevaron de a oreja en el traje andaluz, en noche de percances. Encierro de matices de Ernesto Gutiérrez Arango. Lleno en Cañaveralejo.

Andy Cartagena, El Juli y Santiago Naranjo se llevaron de a oreja en el traje andaluz, en noche de percances. Encierro de matices de Ernesto Gutiérrez Arango. Lleno en Cañaveralejo.

Sobre el papel, todo pintaba para un banquete: un cartel que incluía un ramillete de figuras, una ganadería digna del mayor crédito —la de Ernesto Gutiérrez Arango— y el primer gran lleno de la Feria. Pero, paso a paso y novillo a novillo, el festival de la Feria tomó otro rumbo y así los ¡ayes! terminaron por suplir a los ¡oles! Mejor dicho, la emoción terminó viviendo en los terrenos de la angustia.Quizás lo fácil sea decir que la ganadería sacó mal estilo y que por ahí se desfondó la noche. Mitad cierto, mitad mentira. Veamos. Para comenzar, no tuvo el encierro de anoche el comportamiento que corresponde a la tradición de carta casi segura de éxito, como estila la dehesa orgullo de Manizales. Y tampoco hubo en algunos ejemplares la presentación acorde con el toro que exige Cali.Pero no menos evidente es que, como todo en la vida, los encastes tienen tantos atributos como defectos. Y que cuando estos últimos afloran, e incluso se imponen sobre las virtudes, hay que echar mano del conocimiento para convertir las lanzas en arados.Y, en esa medida, a cada uno de los alternantes le tocó en suerte lidiar, que no es otra cosa que preparar para la muerte, con lo que le vino en suerte.Por eso, por ejemplo, Andy Cartagena encontró un ejemplar que se aplomó en los medios y que puso en duda ese tópico según el cual lo que mejor le va al rejoneo es lo de Murube. Antes que claudicar, Andy fue a buscar lo suyo y en esas idas y vueltas adonde el toro se había asentado, logró hacer los puntos para llevarse una oreja.A Julián López le salió un manso, así lo definió él en el callejón y cómo no creerle, y, en uso de esas facultades tan propias en El Juli, cambió los papeles con el novillo: el torero decidió embestir, para asombro del propio animal. Una oreja a ley.El de Manuel Jesús El Cid pintaba para ser el mejor novillo toro de la noche. Claro, la mayoría de los asistentes ni se enteró porque, mala suerte, en ese preciso instante se armó una bronca en sol que concitó toda la atención del público. Entre tanto, Manuel pegaba lances templados y largos, al compás de un ejemplar que metía la cara: Enseguida vino el error que mató una buena posibilidad de echar arriba la noche: una vara prolongada acabó con la ilusión y el animal se paró. Palmas.Vino entonces ese cuarto que dejó una estela de nervios y sustos. Primero trató de saltar al callejón. A continuación, arrolló a Paco Perlaza (conmoción cerebral fue el primer diagnóstico), en un lance, en el que más que vencerse encontró por delante la humanidad del torero. Y a partir de ahí el de Gutiérrez Arango se hizo rey a la defensiva, con la complicidad de un pésimo manejo de la lidia. De hecho, se llevó por delante a José Manuel Rebolledo, quien perdió pie en su cara. Muy valiente, Paco se mantuvo hasta el final y lo despachó, antes de perder el conocimiento en el callejón.Quedaban dos. Uno, el quinto, que topó con un Cayetano Rivera lleno de dudas y temores. En algún momento, el novillo mostró cierta condición, pero como no lo quisieron ver, se marchó inédito. Quién sabe si era más una cosa o la otra.La movilidad del sexto, más en Santacoloma, permitió que la gente sacara todo lo que tenía guardado entre pecho y espalda. La faena de Santiago Naranjo, ganosa antes que nada, encontró eco en los tendidos y de ahí salió una oreja, muestra del cariño por el muchacho que inicia su camino.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad