Al son de un bandoneón

Noviembre 04, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co

Este sábado 6 de noviembre se cumplirá en el Teatro Jorge Isaacs el III Festival Internacional de Tango, organizado por Tango Vivo.

Su filosofía es delatarse en público. Hugo lo hace con la fuerza de sus manos al tocar el bandoneón, y Ariel toma la vocería por ambos y con su voz le dan forma al tango. Ellos, dos artistas que rondan la tercera década de la vida y que integran la Orquesta Típica Victoria de Buenos Aires –invitada al III Festival Internacional de Tango que se realizará mañana en el Jorge Isaacs–, aseguran que el tango es el mejor espejo que tiene la vida.Al son de las tonadas propias que emergen del fuelle de un bandoneón, Hugo Satorre y Ariel Varnerin recuerdan que al universo tanguero llegaron por vías muy particulares, pero luego de vivir el ímpetu y la estridencia de las guitarras eléctricas en sus años juveniles.Criado en el mítico barrio de Abasto, en Buenos Aires, Hugo empezó a bailar tango muy joven porque vio en el ritmo la manera más directa de conquistar a una mujer. “Con el tango sólo necesitabas decir ‘¿Bailas?’ y al instante ya estabas abrazando a una mujer, era genial”, cuenta este bandoneonista de 33 años, que un día dejó de tocar la guitarra y el piano para dejarse abrazar por los ritmos de arrabal. “Fue como un amor a primera vista”, dice. En otro punto de la capital federal, en el sector de Vicente López, Ariel encontró su verdadera esencia como cantante en la carátula de un disco. “Un día ví un disco del polaco Goyeneche. Ahí él tenía una cara muy sentimental y una mirada perdida... Luego, cuando por primera vez canté en público un tango, ‘Naranjo en flor’, sentí que estaba en mi lugar”, dice el intérprete de 35 años, formado en un conservatorio y que reconoce hoy que se cansó del rock y lo clásico. Hoy, el lenguaje de Ariel y Hugo es el tango. De hecho, tienen uno para definir la historia de sus vidas o darle melodía a sus pensamientos. “Por su poética –explica Ariel– eligiría ‘El cantor de Buenos Aires’... ‘Soy aquel cantor del arrabal, jilguero criollo que pulsó la humilde musa de percal... Me acuerdo de hace veinte abriles de aquellos bailes a candiles... Cuando de una oreja iba colgao como un hachazo en el costao la mancha roja de un clavel... Muchachos, todo lo ha llevado el almanaque... Todo, todo ya se fue...’”Y aunque Hugo, el bandoneonista, no canta, opta por darle el ritmo a Ariel para que le repase la letra de ‘Garúa’, un tango que le evoca los días grises de invierno en Buenos Aires. “¡Garúa! Solo y triste por la acera va este corazón transido con tristeza de tapera. Sintiendo tu hielo, porque aquella, con su olvido, hoy le ha abierto una gotera. ¡Perdido! Como un duende que en la sombra más la busca y más la nombra... Garúa... tristeza... ¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!”. Pero ellos no se quedan con un solo tema, porque como lo explica Hugo Satorre “lo bueno de los tangos es que tienen esa capacidad de definirte en todos los momentos”. Y, de hecho, han convertido las letras en cómplices de su vida. “Para cada desamor –comenta Ariel Varnerin– encontré un tango y hay temas que sigo cantando y que siguen reflejando a esas mujeres o situaciones vividas”.Y aunque lo de Hugo no es lucirse con la voz, él prefiere “cantar con el bandoneón porque el tango tiene esa capacidad de ser espejo, de mostrarle lo que eres. En el tango puedes encontrarte”.

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