“A los niños hay que leerles en voz alta hasta que lo pidan”: experto en lectura en primera infancia

“A los niños hay que leerles en voz alta hasta que lo pidan”: experto en lectura en primera infancia

Agosto 03, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Paola Andrea Gómez P. | Jefe de Información de El País
“A los niños hay que leerles en voz alta hasta que lo pidan”: experto en lectura en primera infancia

Evelio Cabrejo Parra, licenciado en Filología e Idiomas de la Universidad Nacional, doctor en Lingüística y master en Filosofía y Sicología de la Universidad de la Sorbona.

Evelio Cabrejo, lingüista experto en lectura en la primera infancia, dice que más que preocuparnos por listas de libros, nos ocupemos de la forma como usamos el lenguaje para no hacer daño.

Estudiar la primera infancia es una prioridad actual  en el mundo entero. “Y yo sospecho que eso pasa porque hay un desconcierto de nosotros como adultos frente  a los adolescentes. Los adolescentes se nos escaparon y eso es un fenómeno universal. En todos los congresos que voy por el mundo veo eso. Y entonces venimos a ver cómo no perder esta generación”. Lea también: Ocho estrategias para incentivar la lectura en los niños

  Quien así se expresa es Evelio Cabrejo Parra, licenciado en Filología e Idiomas de la Universidad Nacional,  doctor en Lingüística y master en Filosofía y Sicología de la Universidad de la Sorbona, París, donde también ha sido docente.

Cabrejo, director del Observatorio de Lectura y Primera Infancia, del  programa de Acciones Culturales Contra Exclusiones y Segregaciones, Acces, es un defensor de la lectura en voz alta, de la relación íntima que con ella se establece entre padres e hijos y de cómo hacer para que los niños se enamoren de sus cuentos y arrullos, como una manera de evitar la desersión de la escuela. 

Este boyacense, que vive en París, vino a Cali al II Encuentro Internacional de Espacios para la Lectura y Acceso a la Información y la Cultura, organizado por  la Red de Bibliotecas y Biliotec. 

Leí en un texto suyo una frase que decía: “el primer libro de un bebé es el rostro de su madre y la voz de sus padres”. ¿Cómo es eso?

Eso que pareciera como un poco poético tiene una realidad muy profunda. La voz se empieza a construir desde el vientre de la madre. El feto ya desde el cuarto mes, empieza a escuchar la voz de la madre, el ritmo cardiaco. Entonces cuando nace se aferra a la voz de la madre y la reconoce. Pero es necesario que escuche otras voces, la del padre. Porque la voz del padre, la voz del otro, le permite crear un espacio de pensamiento. El bebé es muy sensible a la entonación de la voz, con ella construye significados. Y científicamente  al analizar la voz uno descubre todo lo que ocurre en la intimidad de su psiquis: la alegría,  la tristeza, los celos, la ironía…

La voz es un espacio muy especial para poner en escena todo lo que ocurre en la parte invisible de la psiquis y el bebé es muy sensible a eso. El bebé es un sicoanalista en estado puro y es capaz de entender lo que se pasa en su interior, por su tono y su rostro. 

Usted ha dicho, además, que el hombre no inventó el libro por azar si no porque todos llevamos un libro adentro...

Siempre he tratado de que mi experiencia deje no libros grandes pero sí esas frasecitas. Desde el nacimiento, el ser humano está escribiendo  en su psiquis. Todo lo que recibe del mundo exterior, del social y de su mundo íntimo. Tres mundos al tiempo, que son inagotables. Son  trazas de memoria que se escribe desde el nacimiento. Todo deja huella en la psiquis y crea la memoria del niño.

 Los libros son una proyección del libro interno. Todos los libros que el hombre va a coger entre las manos fueron posibles  porque su primer libro lo lleva dentro de sí. La literatura es el amor, la alegría, el odio, el abandono.  Hay cosas que están ahí siempre, en la psiquis y uno no las quisiera leer. Leyendo el libro físico las  lee de una manera distinta.

¿Y cómo es eso de que no leemos textos a los niños para que se conviertan en buenos lectores? ¿ Entonces para qué les leemos? 

Lo hacemos para que creen significado, para que empiecen a comprender la vida. La lectura va más allá de los textos escritos. Estamos leyendo permanentemente sin darnos cuenta. Y la lectura hace parte de ese proceso de construir significados. Eso está ligado a la facultad del lenguaje. Siempre se está leyendo, traduciendo, interpretando. Son procesos constitutivos del sujeto humano.

Usted vino a Cali para hablar de  los espacios de lectura en voz alta, ¿por qué esta es necesaria? 

Porque  un niño que tiene un medio social donde hay libros y periódicos, cuando llega a la escuela ya sabe que en los textos hay significado, que en los libros hay historias. Y más, cuando se adquiere con esas prácticas familiares leyendo en voz alta. Pero cuando no ha tenido eso llega a la escuela abre el libro y se convierte en algo angustioso y empieza a cerrarse. Esos niños  abandonan las escuelas.  

En Francia, un grupo siquiatras, pediatras y sicoanalistas  le propusieron al  Ministerio de Educación que apoyara llevar los libros a esos lugares donde no los había e introducir la lectura en altavoz. Entonces formamos profesionales y los llevamos con los libros a esos sitios. Y eso se replica en la familia, porque cuando usted lee un libro le cuenta una historia y se crea una relación; eso crea una intimidad y el niño sabe que se está leyendo para él. La lectura en alta voz le permite descubrir las palabras.

¿Hasta cuándo es ideal leerle en voz alta a un niño?

Hasta que el niño lo pida. Cuando  usted empieza a leerle, él empieza a comprender las cosas. Y aún cuando el niño sabe leer, todavía pide que le lea, como cuando le da el seno, es alimentarse con otras cosas, ocuparse de él.   

La lectura individual en voz alta es una condición para construir el sujeto. Y uno sabe que cuando el ser humano construye un significado el sujeto emerge, construye su significado.

¿Cómo hacer en un mundo de videoconsolas, tabletas y smartphones para motivar la lectura en los niños?

Estamos viviendo un momento difícil. Lo digital es irreversible. Cuando se inventó la literatura estaba más localizada. La Biblia estaba prohibida. A Garcilaso De La Vega lo condenaron en Roma por haber traducido la biblia  y a los seis años de condenarlo el Papa se dio cuenta que haber traducido la biblia era bueno y le dijo al Rey de España: ‘perdóneme’. Y Garcilaso cuando salió de la cárcel retomó su escritura, olvidando los años perdidos así: ‘Como decíamos ayer...’

Hoy la gente no quiere cultura y se la quieren dar. Es irreversible y eso nos hace sufrir. Y una cultura no se construye de una generación, se necesitan al menos dos generaciones para que empiece a funcionar. Los pequeños y adolescentes están fuera y eso nos angustia. Los adolescentes se nos escaparon. Por eso nos ocupamos de la primera infancia. 

Uno percibe, también, que los niños están engomados con lo electrónico para jugar, más no para leer…

Hace dos meses hicimos un coloquio con el Ministerio de Cultura de París  llamado ‘La tableta y los bebés’. Fue más bien una discusión, porque todavía no estamos preparados para decir cosas interesantes sobre el tema, apenas una apreciación personal. Lo que hice fue cuestionar cómo lo digital introduce un movimiento y el libro, en cambio, sugiere un movimiento. ¿Qué es mejor? Defendí lo digital. Algunos dicen que lo digital hace trabajar mucho más la mente.

¿Qué libros se pueden recomendar para iniciar al niño en la lectura?

El mismo libro nunca es recibido de la misma manera por distintas personas. Lo importante es que en los primeros años los padres les transmitan los cantos, los arrullos y el patrimonio que nos transmitieron a nosotros.

 Tengo  nostalgia por La Pobre Viejecita, porque me la leyeron de pequeño y luego veo que tiene todas las formas de negación de la lengua, imposibles de explicar lingüísticamente ‘érase una viejecita que no tenía nada si no...’ 

Mi abuela me cantaba los pollitos. En una ronda tan pequeña está toda la lengua presente, además la poesía, la repetición de las sílabas. Es bueno que los papás tengan la disposición para transmitir esa cultura, esa tradición.

¿Y cómo hacer con unos  papás que  tienen cada vez menos tiempo para leerle y cantarle a sus hijos?  

No hay qué culpabilizar a la mujer o al hombre que trabaja. Mucho más grave es que no nos demos cuenta que a veces utilizamos el lenguaje para expresar  la agresividad más que el amor y se pierde la función del lenguaje, que es una relación profunda de psiquis a psiquis. Sócrates decía que las faltas de lenguaje no son las de la gramática si no cuando pensamos en el lenguaje para hacerle daño a los demás. Y le hacemos mal a nuestros hijos con frases que se nos escapan. La pregunta que deberíamos hacernos más bien es cómo usar el lenguaje sin hacerle daño a los demás.

¿Qué consejo le daría usted a los padres que están en esa inducción a la cultura y la literatura en los niños?

Freud decía que había tres cosas imposibles: educar, psicoanalizar y hacer la política. Educar porque finalmente la construcción de un individuo que sea medianamente interesante implica que haya una parte de su piel en el proceso de socialización. Las represiones producen efectos que no nos dejan en paz. 

  Démosles a los niños elementos culturales para que tenga un filtro interno. Y démosles mucha literatura, porque la literatura es el pulmón de la psiquis, es el amor, el odio, la vida, el abandono, la muerte. La literatura es una experiencia humana que está a disposición de los adultos y niños para que construyamos nuestra propia experiencia humana.

De Cero a siempre ”Creo que  iniciativas  como ‘de cero a siempre’, ‘leer es mi cuento’ y ‘la fiesta de la lectura’  son muy útiles y se ven los avances”. ”Yo agregaría  que no es solo de cero a siempre. Porque los niños que reciben  alimento síquico de sus padres les transmitirán también eso a sus hijos. Y la estrategia se  transforma de cero para siempre”, explica el lingüista Evelio Cabrejo.  

 

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