A la gente no la pueden manejar como mueble viejo: Arzobispo de Cali

Junio 21, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Luz Jenny Aguirre Tobón | Editora de Cali
A la gente no la pueden manejar como mueble viejo: Arzobispo de Cali

Monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali.

Monseñor Darío de Jesús Monsalve, Arzobispo de Cali, habló sobre las tomas a la Catedral y a la Ermita. Dice que lamenta que los templos tengan que ser usados para eso. Afirma que sabe que su posición causa “roncha”.

La Catedral de Cali estuvo durante 24 días en manos de personas relacionadas con el trasporte tradicional y la Ermita cumplió una nueva semana ocupada por  habitantes del jarillón. Monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali,  dice que lamenta que los templos se usen para esto. Pero inmediatamente después viene su crítica y asegura que en ambos temas ha faltado mirada social del Gobierno local. Que sabe que su posición causa “roncha”, que lo que tiene que prevalecer es el diálogo y que no es que se esté metiendo donde no lo han llamado, porque finalmente estos son problemas ciudadanos, asegura.    ¿Cuál es su posición frente a las tomas de estos templos? Lamentar, en primer lugar, que los templos tengamos que utilizarlos para estos fines de protesta, suprimiendo por lo tanto los actos del culto y de reunión espiritual de los fieles. Eso nos desgasta, pero al mismo tiempo nos permite hacer una catequesis a nosotros mismos, porque aprendemos mucho de la gente que viene allí.  Están el mero hecho de no sacarlos a la fuerza y de  reconocer el templo como un espacio de refugio.   Esta gente se asiló pacíficamente allí, cerró las puertas, no los vamos a desalojar a la brava, vamos a escucharlos, a facilitar el diálogo con quienes se sienten vulnerados en sus derechos, vamos a acompañarlos con paciencia.  ¿Qué lectura hace usted de ambas manifestaciones? Por ejemplo, en el  transporte hay un conflicto de intereses muy grave entre el enfoque que le ha dado el Estado a los masivos, el desenfoque que ha tenido con los colectivos y el resultado desastroso de que la ciudadanía tiene que inventarse sus medios de transporte: motocicletas, bicicletas, piratas. La ocupación de la Ermita nos ha llevado a conocer un tema: el Plan Jarillón y Obras Complementarias. Allí hay una situación muy compleja, 17 kilómetros de jarillón con  más de 20.000 personas y unos planes que habría que manejar de una manera mucho más flexible en cuanto a la parte social, humanitaria,  los derechos de la gente a ser escuchada y los derechos adquiridos. Hay gente que tiene derechos de propiedad, de posesión, hay otros que tienen emprendimientos, que dan empleo y hay toda una economía montada desde hace 30 o 40 años. Hay gente que es arrendataria o que es indigente. Eso requiere un tratamiento social y la pregunta es hasta dónde se hizo ese estudio o simplemente son medidas verticalistas, autoritarias.  ¿Qué ha pasado, desde su óptica, con la mirada social? Ha faltado la mirada social sobre estos dos temas de ocupación de iglesias. En la agenda ciudadana de Cali esos dos temas no podrán ser obviados por ningún candidato. Pero en el caso del jarillón hay  un esfuerzo que antes no se había hecho,  por hacer las reubicaciones en otras viviendas, lejos de las zonas de riesgo, ya van 1800 y vienen 300...  El plan debe haber incluido esa parte social, que dudo se haya cumplido de esa forma tan exacta, por lo que estamos escuchando a la gente. Habrá que escuchar a la otra parte, a los que están manejando el plan. A la gente no la pueden manejar como un mueble viejo, venga que lo llevamos para tal parte, que los trasladamos, a veces eso no se puede hacer ni con los animales.  ¿Ya se han sentado a conversar las partes? Se abrió la mesa del jarillón el jueves  y eso es un logro. En su momento, se abrió la mesa con los transportadores de la Catedral  y algo se flexibilizó. Ojalá se cumpla  todo lo que se estipuló en ese convenio. Espero que la mesa de la Ermita funcione.  En estos temas han participado el Observatorio Social y la Vicaría de la Reconcilación. Espero que   no tengamos que ver esas escenas de atropello con retroexcavadoras, gases lacrimógenos, llanto de niños, derribar las cosas a la fuerza y la gente quedar por ahí así. Son escenas dramáticas que hoy en día no tienen ninguna justificación.  ¿Cómo ve al  Municipio frente a estas situaciones? Creo que hay mucha obsesión por sacar adelante el Plan Jarillón y eso puede ser bueno, un celo de ejecución bueno. Pero le falta más esa parte de paciencia y de caminar con la gente. Es que la gente no se opone a salir de allí, saben que deben hacerlo, se oponen es  al procedimiento.  Hay quienes dicen que en la Ermita  hay ‘colados’, gente que llegó recientemente al jarillón o que no es de verdad de esa zona... Es posible que se cuelen, no tendría la manera de asegurar que cada una de las personas que está allí son víctimas de esas situaciones que se están denunciando. Yo mando unos equipos de la pastoral a que hagan los estudios de campo. Lo importante en este caso es que hay una problemática que hay que dialogarla. Siempre he encontrado en el alcalde Guerrero una persona abierta al diálogo. En el caso de la Ermita no pasaron pocos minutos de la toma  y el Alcalde me llamó a decirme cuál era la situación, con una percepción más bien favorable  a la protesta en el sentido de que era  razonable. Tal vez no les habían cumplido a algunos en el tiempo estipulado, pero estamos hablando de mucha gente y las casas no son suficientes. Los riesgos existen, pero estas soluciones que involucran 20.000  personas deben seguir unos pasos y  contar hasta donde más sea posible con la gente. No se debe desestabilizar a nadie y menos violentar a las personas y dejarlas resentidas cada vez más contra el estado y la sociedad. Usted tiene una visión  muy crítica del tema del transporte... En el año que llevo ayudando en este tema, en el que se han hecho más de quince reuniones, hemos podido aprender que  el proceso para cubrir la demanda del transporte en la ciudad a través del masivo no fue tan eficaz. El  masivo quedó corto en cuanto a rutas, frecuencias, hubo épocas en las que en vez de aumentar el número de buses, los guardaron, supuestamente no había plata para sacarlos o había dificultades. Se ha generado un vacío muy grande entre la demanda y la cobertura. Y a los colectivos no siempre les cumplieron en cuanto a pagarles oportunamente la chatarrización. De un plan complementario se habló muchísimo, de un porcentaje de esos masivos que se había dejado para los pequeños transportadores y que no se les dio desde administraciones pasadas, un 15 %. Pero en los cuatro operadores  (dueños de los buses del MÍO) están incluidos por lo menos 2000 pequeños transportadores... No lo sé... Estando todavía la protesta de la Catedral, usted se reunió con Angelino Garzón para hablar de este tema, lo que fue criticado y catalogado como una jugada política... No busqué reunirme con nadie. En esto soy exageradamente independiente, pero no le niego a nadie audiencia. Por ejemplo un día de esta semana en la mañana atendí a Wilson Arias y cuando salía se encontró con Carlos José Holguín y así por el estilo. Hay días en los que llega Luz Elena Azcárate, Angelino Garzón, Piedad Córdoba, etc. Me reúno con todos porque me parece que el que viene a buscarlo a uno tiene algún interés en que uno lo escuche. Angelino me pidió que lo acompañara a la Catedral y le dije que no porque ya eso es otra cosa. Allá fueron varios, como Alexánder López. Hay gente que quiere ayudar. Las lecturas que se puedan dar afuera, las respeto. La gente tiene derecho a pensar, pero también tiene la obligación de saber qué pasó. No cree usted que  pueda estar mandando el mensaje de que a través de las tomas y de las vías de hecho es que se logran las cosas... Lo importante es que los mecanismos de diálogo funcionen siempre y que el Estado sea muy consciente de que cuando nos ocupan un templo no somos nosotros los culpables, como lo han tratado de decir algunos funcionarios: “ah, ustedes lo permitieron”. Es que nosotros no tenemos la guardia Suiza para poner las lanzas para que no se entren. No tenemos modo de atajar, de que no se entren a una eucaristía y se nos queden allí. No tenemos modo de sacarlos y no vamos a meter la fuerza.  Manejamos un protocolo de mucha paciencia.  Ni siquiera les ayudamos humanitariamente. Esto yo creo que puede volverse un círculo vicioso y desde el pasado ha habido esa utilización de los templos. En Medellín tuve 3 o 4 ocupaciones de la iglesia Veracruz de 30 o más días.   La voz del Arzobispo siempre ha sido oída. ¿Es consciente de que en este momento la suya puede resultar muy polémica, especialmente vista desde la Administración local? Sé que son posiciones que pueden generar polémica, roncha en los transportadores masivos, en quienes tienen ese concepto de que el masivo tiene que imperar y no es que esté atajando eso, simplemente estoy manejando una situación que la pusieron en manos mías y de la Arquidiócesis cuando me pidieron esa intermediación y ahora cuando se toman la Catedral. No es iniciativa mía meterme en lo que no me importa, como dicen algunos, es que primero, es de incumbencia  ciudadana, es un tema social y se nos tomaron el  templo. El problema del transporte no es solo de Cali, es algo nacional de la ley de los masivos que dejó muchos vacíos.  El MÍO, desde su nacimiento, se concibió para que funcionara solo, sin transporte tradicional de manera paralela... Un monopolio no se le puede entregar a nadie sin garantizar un equilibrio social. Creo que ahí al Estado se le fue la mano, dándoles a unos empresarios la malla vial y los recursos, no exigiéndoles un servicio que  responda  a la ciudadanía y dejando que una ciudad como Cali se inunde de motocicletas. Esos operadores, con grandes y pequeños transportadores, también están sacando la mano, diciendo que no aguantan más, otra protesta... Es un círculo vicioso grande que se ha creado y la gente, si la respuesta no es eficiente, busca solución a su necesidad. Lo que hay que hacer es pactar muy bien con todos los sectores cómo va a ser la movilidad en Cali a futuro.

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