¿A dónde van a parar los objetos abandonados en buses y estaciones del MÍO?

Agosto 19, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

El sistema de transporte masivo de Cali tiene una oficina donde llegan todas las cosas abandonadas en los buses y estaciones. Historias de olvidos y encuentros.

Si usted es Rosa Elena Peña Peña sepa que por alguna razón su cédula de ciudadanía se separó de usted, viajó sola en un bus del MÍO y sobrevivió a los pisotones, maletines ajenos, manos inquietas, así como a los niños juguetones. Su documento llegó a la Oficina de Objetos Perdidos del masivo, que queda en el Centro de Información, Capacitación y Atención al Cliente, Cicac, en la Estación Cañaveralejo (frente a Cosmocentro). Muy seguramente la llevó un conductor, que como todos, al final de su recorrido, debe hacer una inspección de cada uno de los rincones del vehículo para recoger los artículos olvidados por los viajeros. Si su pérdida fue hace menos de un mes, su cédula, Rosa Elena, estará haciéndole compañía a otras 85 identificaciones (cédulas, licencias de conducción y tarjetas de identidad) que se han encontrado en el MÍO durante ese tiempo. Y es que contrario a lo que podría imaginarse, muchas de las cosas que se quedan en los 700 buses del sistema no caen en el ‘Triángulo de las Bermudas’.Prueba de ello son las cajas llenas de historias olvidadas que reposan en el Cicac, muchas de las cuales permanecen largos días cerradas, sin que nadie acuda en la búsqueda del bien extraviado. Con lo que más descuidados son los viajeros es con sus billeteras. Con escudo del América, de florecitas, en cuero, de tejido de la abuela, entre todas hacen un arrume de 101 de estos objetos. La mayoría, el 55%, son de hombres. A la pregunta de si estos accesorios llegan con dinero, Diego Ospina, profesional de Control de Estaciones, contesta con un rápido “sí”. Claro, no ocurre en todos los casos, pero dice que es la mayoría. Llegan en las más variadas cuantías, las cuales son separadas de la cartera, registradas en una minuta e integradas al sistema de recaudo del MÍO hasta tanto llegue su dueño y con una descripción detallada de la billetera recupere sus pertenencias. Los que menos suerte tienen de reencontrarse con su objeto amado son quienes extraviaron un celular. Hoy no hay uno sólo en este despacho, que concentra todas las cosas perdidas que son recuperadas en el sistema de transporte. Casi nunca llega un aparato de esos, confiesan quienes se ocupan de esta oficina.Y si de rarezas se trata, desde hace un par de semanas espera por su dueño en este lugar una organeta de un metro de largo que tal vez le servía a un niño o un joven para entretenerse. Comparte estantería con un tren grande de juguete, un casco de motociclista y varias sombrillas. Damaris Cuéllar, quien atiende en esta oficina, recuerda que en mayo pasado, por el Día de la Madre, una mujer vino a buscar un juego de cucharones nuevos que perdió en un bus el 23 de diciembre anterior. Se presentó con factura y todo, acreditando su compra. Recuperó los ayudantes de cocina y, muy probablemente, el regalo para mamá. La encargada de atención al cliente añade que en el MÍO terminan paseando solitarios casi todos los días viandas con almuerzos que después de una larga jornada de abandono acaban por no alimentar a nadie. Un buen número de recipientes de plástico para guardar el arroz y sus acompañantes da testimonio de ello. Bueno, explica José Antonio, guarda de seguridad del masivo, también hay historias con finales felices. Como la de una señora que se bajó en la estación Estadio y olvidó que dejó la torta de cumpleaños de su hija en la silla de al lado. Entonces emprendió una persecución parada tras parada, apoyada en los radios de los vigilantes, hasta que en la estación Universidades, en Ciudad Jardín, recuperó el pastel sano y salvo. También está el caso de Juan Manuel, quien cuenta que rastreó su billetera hasta el Cicac pese a que era barata y sólo tenía dos mil pesos. Todo porque en su bolsillo secreto guardaba el número telefónico de la chica a la que por fin había decidido invitar a salir. La buena noticia es que recuperó la cartera con el número y logró la cita.Menos suerte han tenido cerca de 300 llaves que nunca volvieron a abrir alguna puerta y permanecen guardadas en una bolsa, así como sacos, blusas, jeans, zapatos, gorras, agendas y una cobija.Si usted es la abogada Ángela María Celis Llanos le convendría saber que su tarjeta profesional pasa los días en la oficina de Objetos Perdidos del MÍO. Le hace compañía a la tarjeta débito de Marleyby Burbano y al certificado electoral del 2011 de Alejandra Bedoya.Dense una pasada por la estación Cañaveralejo, no todo está perdido.

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