60 mil piezas arqueológicas fueron encontradas en la Avenida Colombia

Mayo 20, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Rosa Silva I Redacción El País
60 mil piezas arqueológicas fueron encontradas en la Avenida Colombia

Área de excavación. El tramo entre la Calle 11 y la Calle 14 fue en el que más hallazgos se presentaron. Se considera que allí pudo haber estado la antigua Ermita.

Arqueólogos del Inciva han hallado un sin numero de piezas que hoy vuelven a la vida. Botellas y monedas artesanales, hasta restos humanos han sido encontrados.

Cuando los ocho arqueólogos y arquitectos que trabajan extrayendo los hallazgos en la Avenida Colombia dicen que la gente al pasar les tira, desde tomates y frutas, hasta basura e insultos, uno podría pensar que Cali es una ciudad que no tiene memoria. O quizás, que la desinformación frente al tema, centrado más en la discusión por la demora en las obras, es tal, que pocos imaginan que los hallazgos son uno de los mayores referentes de arqueología urbana recientes en el país. Son más de 60.000 las piezas que hoy vuelven a la vida, desde elementos tan sencillos como botellas y monedas artesanales, hasta restos humanos que, aunque a simple vista parecerían basura, esconden la historia de nuestra ciudad. Incluso, el hallazgo es comparado con otros tan importantes como el de las Murallas de Cartagena o el de la Avenida Séptima en Bogotá, según cuenta Luis Francisco López, investigador del Instituto Colombiano de Antropología e Historia. “Novedad” es, para él, lo que representan los elementos de la Avenida Colombia.Por ejemplo, un frasco de cerámica que solía contener ungüento para curar el reumatismo y el lupus. De acuerdo con los grabados en tinta china sobre el recipiente, fue traído a la ciudad desde Londres, donde Thomas Holloway, el primer farmaceuta de la historia, lo fabricó entre 1823 y 1837. Otro hallazgo inesperado fue el de restos humanos: una clave valiosa sobre nuestros antepasados. Aunque inicialmente se pensó que pertenecían a un cementerio, los arqueólogos y otros expertos del Inciva – entidad dedicada a preservar el patrimonio cultural y natural en el Valle – tienen la hipótesis de que son partes de personas fallecidas en el primer Hospital San Juan de Dios, que estuvo ubicado allí, a la altura de la Calle 8, junto al río. Los estudios determinaron que fueron nueve adultos y cuatro adolescentes. Un santo sin cabeza, con un niño entre brazos, es otra de las piezas de mayor valor. Los arqueólogos explican que aún no se sabe qué santo es, o si la cabeza fue arrancada a propósito. Lo que sí aseguran es que la imagen, junto a medallas y elementos religiosos, da indicios de la vida en la Antigua Iglesia Ermita antes del siglo XIX.Mientras una de las teorías apunta a que los muros que se encontraron bajo tierra en este sector corresponden a la antigua Ermita, otra señala que pertenecieron a casas de la época, igualmente relacionadas con la iglesia, habitadas por sacerdotes o familias de renombre (ver imagen principal). Uno de los detalles interesantes de estos muros es que eran cubiertos de cal para combatir plagas como la nigua. Además, su parte más antigua está hecha de sillares o rocas labradas a mano, mientras que la más reciente se hizo con ladrillo prensado, lo que muestra la evolución arquitectónica a través del tiempo. De estos sillares se han retirado dos mil piezas, que serán reubicadas en el sector. Otro de los aspectos que más ha sorprendido a los arqueólogos es la preocupación por la higiene que evidencian varias piezas que datan del siglo XIX. Cepillos de dientes hechos en hueso de animal – probablemente búfalo o res – y que en su momento tuvieron cerdas de fibras naturales como pelo, al igual que prótesis dentales, son algunas pruebas de que la higiene era un símbolo de estatus en la época. La mayor parte de las piezas encontradas corresponde a loza. Pedazos de vajilla que, curiosamente, también hablan de historia. Un fragmento de un plato pintado a mano, del tamaño de una nuez, es uno de los más valiosos. Corresponde a una vajilla de la penúltima dinastía China, la Ming, que data de entre 1580 y 1636. Cuentan los expertos que puede haber llegado hasta acá tras las expediciones europeas a Asia. Otras piezas dan cuenta de las primeras muestras de contrabando, porque fueron traídas “desde algunos países con los que en esa época no había intercambio comercial”.Un fragmento más de vajilla corresponde a la celebración del centenario de la Independencia. Los arqueólogos así lo determinaron, con asesoría de historiadores, ya que el plato tiene grabado el escudo de Colombia y en él, la cabeza del cóndor mira a la izquierda. Desde 1949 se estableció que el ave siempre debía mirar a la derecha.Otros elementos curiosos han sido un bombillo, que referencia el principio de la electricidad en la ciudad; zapatos, tanto de hombre como de mujer, hechos en cuero, puntudos y con tacón de madera, denotando que el buen vestir y la moda ya eran una preocupación para nuestros ancestros; muñecas de cerámica, utilizadas como adorno, además de cucharas, tenedores, monedas y manijas de cobre, que según los arqueólogos evidencian que las personas que vivían en el sector eran adineradas, pues “el cobre y la cerámica eran materiales costosos”. Es que la zona ha sido una mina de objetos históricos. La causa es que está al lado del río y la basura se utilizaba como una forma de relleno para prevenir las inundaciones del afluente, además de que los patios traseros de las casas, que daban al río, eran los botaderos de los hogares.Por esto, tal vez, los arqueólogos soñaron con un museo al aire libre en la Avenida Colombia. Narran que, si se hubiera pensado en la parte arqueológica para los diseños de la Megaobra, se habría podido crear un espacio turístico único en el mundo. Sin embargo, lo importante ahora es lo que arrojarán los estudios de estos objetos, que ya van en un 30%. Ya lo decía el filósofo francés, Pierre Teilhard de Chardin: “el pasado me ha revelado la estructura del futuro”.

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