50 años golpeando la puerta de los caleños

Junio 26, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
50 años golpeando la puerta de los caleños

Doña Venuss Lian de Cure es suscriptora desde siempre. En el periódico, dice ella con voz dulce y amorosa, ha visto la vida pasar.

El servicio de suscripciones de El País cumple 50 años. Historias de fidelidad.

Salió publicado en la edición de aquel miércoles 22 de junio: “El País inicia desde hoy moderno servicio”. Aunque el anuncio era una novedad, ocupó poco espacio. Ese día noticias más grandes llenaban el periódico: “Espías rusos viajan por América”; “Diez forajidos muertos en Planadas”; “Eisenhower cancela visita al Japón”; “Nueva película de Cantinflas en el Palermo”. Pocos sospecharon que lo que se anunciaba en menos de un octavo de página, casi como un asunto menor, tendría trascendería en el tiempo. Y que sería importante para muchos. Para miles, en realidad. Corría el año de 1960.El artículo, resaltado con un marco de líneas intermitentes, estaba redactado con la sobriedad de un hecho noticioso y no como publicidad; a partir de ese día el diario iniciaba su servicio de suscripción y distribución puerta a puerta y los interesados sólo tendrían que pagar nueve pesos al mes. Para entonces sólo otros dos periódicos en Colombia contaban con el sistema. En verdad sí era una noticia. El texto, metido en la página 25, cerraba con una promesa: “Llegaremos antes de que cante el gallo y antes de que salga el sol, no importa la dirección”. No fue un engaño. Cincuenta años después, El País llega todas las mañanas a casi 30.000 hogares. Contrariando las predicciones fatalistas que hablan del fin de la prensa escrita, que vaticinan tiempos de lectura en computadores y pantallas táctiles, el periódico sigue golpeando la puerta, con el único empeño de contar lo que pasa afuera. El periodismo finalmente es un oficio de tercos y románticos. Cincuenta años después de aquel anuncio, tres suscriptores de distintas épocas cuentan detalles de cómoel periódico ha hecho parte de sus vidas. De cómo esa terquedad de llegar volando envuelto en un rollo, hace que sus días estén completos. Recuerdos de noticias y recortes, guardados bajo la mesa.Martha Cecilia Martin“Soy suscriptora titular hace veinte años, aunque pueden ser más. Mi papá tenía la suscripción y yo la heredé. Él se llamaba Alfredo, tenía un almacén de insumos agrícolas y allá llegaba el periódico. Mejor dicho, yo lo veo desde que tengo uso de memoria. He crecido con él. Como le digo, es como si fuera de la familia. Para mí, por ejemplo, no hay cosa más agradable que abrir la puerta y encontrar el periódico ahí, a los pies, esperándome. A mí me encantan los crucigramas, la cartelera de cines, Nieves, la farándula... Yo me siento con un jugo de naranja y me pongo a leer en el comedor. Ese es mi ritual. Es más, es que la moto del repartidor a veces me sirve de despertador. Uno a las cuatro y media de la mañana lo oye y ya sabe que empezó el día.¿Qué cómo son los días sin periódico? Uy, uno siente que el día está incompleto, como en los primeros de enero. Así me pasó un día en que abrí la puerta y no lo vi. Sentí un vacío, como una cosa rara, pero no me había dado cuenta de que estaba debajo de las gradas”.Gerardo Ramírez Mondragón“Pues sí, uno sabe que todas las noticias que vienen ahí no son buenas, pero ya uno no concibe otra manera de empezar el día que no sea con el periódico y una tasa de café. Yo soy suscriptor hace cinco años. Ahora estoy pensionado y encontré que esa era la mejor manera de informarme. Sí, lo de la suscripción es una cosa reciente, pero yo he seguido el periódico desde hace mucho. Con decirle que yo me acuerdo de haber visto ahí la noticia del primer hombre en la luna. Yo guardé ese recorte durante mucho. Es que ahí uno ha visto la vida. Yo tengo tres hijos, grandes ya. El día en que ellos nacieron guardé la edición de ese día y hace poco se las regalé. Creo que todavía la tienen”.Venuss Lian de Cure“Mis papás eran de Damasco, comerciantes, pero yo nací en Cali hace 81 años. Primero fueron ellos y luego yo. Hemos tenido la suscripción desde que salió el servicio, eso ha sido tradición. Con mi esposo, que en paz descanse, también la tuvimos. Yo lo primero que veo es la página editorial: ahí uno ve cómo está la cosa. Al desayuno, yo empiezo a mirarlo. ¿De qué me acuerdo? Es que ahí ha estado la vida: la muerte de Keneddy, la visita del Papa, la plata que se ha embolatado, la quema de las lomas. Ahí uno se entera hasta de por quién no debe votar... Es una necesidad, es parte de la vida. Uno ya a estas alturas necesita ver si hay una misa de un conocido, si se murió un amigo. Sí, claro, yo he guardado recortes, los he guardado aaaaños: cuando un hijo se ha graduado, cuando se casó la nieta... los he guardado debajo del vidrio de la mesa de noche, en medio del libro que esté leyendo, en un cajón, una mesa... es que es la vida, la vida la que ha estado ahí”.

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