Actualizado en 2008-01-20 23:47:22 / Por Alda Mera
Después de conocer las pruebas de la infamia que están viviendo los secuestrados de las Farc en las selvas colombianas, no queda sino un solo clamor: libertad sin condiciones para todos los que viven ese calvario.
La sociedad colombiana, que sólo se une cuando juega la Selección Colombia, esta vez está unidas en un clamor nacional: exigirles a los secuestradores, que son los verdaderos causantes de este calvario, que los liberen sin tener porqué someterlos a la espera infinita de un chantaje humanitario.
Si la guerrilla pide un acuerdo humanitario, que sean humanitarios de una vez y liberen a estos seres que llevan diez años sufriendo los oprobios de este cruce de cuentas que ha sido la historia colombiana en los últimos 50 años.
Bien claro le ha quedado al país y al mundo entero que con la liberación de Clara Rojas y Consuelo de Perdomo sólo buscaban ganar indulgencias ante la comunidad internacional para ver si les cambiaban el ‘mote’ de terroristas que ellos mismos bien se han ganado por el de angelitos fritos como lo ha propuesto nuestro mal vecino Hugo Chávez.
Qué pena, pero hasta la misma oposición en Colombia, hasta los miembros del Polo Democrático, el partido más representativo de la izquierda en el país, ha tomado gran distancia de la guerrilla por sus sucios e inhumanos métodos de guerra y ha rechazado tajantemente tal solicitud. Es claro que no hay que ser uribista a ultranza para rechazar las acciones de las Farc.
Crece cada día más el número de colombianos deseosos de gritar que las Farc no son representativos del pueblo como ellos dicen llamarse, que no queremos que nos representen ni hagan nada en nuestro nombre y que mientras estén sembrando los caminos de minas y las selvas de sangre de compatriotas no queremos que luchen a nuestro favor ni nada de esas mentiras con las que justifican sus malas acciones.
Aleluya por movimientos como el surgido desde Facebook para liderar una marcha de ciudadanos el 4 de febrero, no importa la filiación política, el credo religioso, o la condición social, sino que como ciudadanos y como seres humanos rechazamos la barbarie ‘farcrisea’.
Otro movimiento que demuestra este consenso nacional de reclamar a nuestros secuestrados sin condiciones, es el de los guerrilleros que están en las cárceles del país y han renunciado a entrar en el chantaje humanitario; por el contrario, quieren pedirle perdón a la sociedad por el daño que han causado y reinsertarse en la sociedad con una familia.
En su gran mayoría ellos han aceptado que ingresaron a esas filas por la necesidad o por la ingenuidad de creer en la redención de la lucha armada cuando eran unos niños de 12 o 14 años.
Más de 600 guerrilleros que purgan sus penas no quieren volver al monte, no desean volver a empuñar el fusil, renuncian a formar parte de la máquina de la guerra para ingresar a las filas de la vida. Bienvenidos sean y que la sociedad les brinde todas las garantías porque todos tenemos derecho a estar equivocados, pero al corregir el rumbo, se les perdona sus actos y así hasta al Mono Jojoy se le perdona la vida. A pesar de todo.
Recordemos, nuestro propósito como colombianos es gritar todos los días a viva voz ante el mundo que les reclamamos a las Farc (ellos se los llevaron y ellos los tienen) la liberación de todos nuestros secuestrados, sin condiciones, así como los hicieron cautivos en las sangrientas tomas de Miraflores, Patascoy demás.
Finalmente, sólo ovejas descarriadas como Piedad Córdoba siguen aplaudiendo la verborrea chavista en aras de robar pantalla, su deporte preferido. Ya la vimos metiéndoles el codo a las recién liberadas Clara Rojas y Consuelo de Perdomo cuando se bajaron del avión para quedar en primer plano ella y no perderse ni un segundo de ese baño de popularidad. Y si el programa del secuestro está al aire desde hace casi diez años, porqué ahora apenas se le ocurrió participar en él para compartir el dolor de los familiares y los secuestrados.
A Piedacita solo me resta decirle que si le gusta tanto el rojo chavista, pues que se vaya de primera dama a Venezuela y tome la sudadera rojo chillón como uniforme. Pero si comparte tanto el discurso de las Farc, que no se limite a posar con la gorra para las cámaras de prensa y televisión, sino que se ponga las botas y el camuflado y se vaya para el monte. Pero eso sí, que lleve suficientes dotaciones de pestañas postizas porque por allá no venden de eso.