El Editorial
Cita con la libertad
Julio 20 de 2008
De nuevo, los colombianos saldrán hoy a la calle en forma masiva para decirle Basta Ya al secuestro. Y para reclamar la libertad de quienes, ya sea por aparentes razones políticas o por mero interés económico, son víctimas de uno de los peores crímenes contra la humanidad.
El 4 de febrero pasado, millones de personas formaron verdaderos ríos humanos en todas las ciudades del país y en muchas partes del mundo, demostrando el rechazo a las Farc y sus métodos atroces para captar la atención y lograr reconocimientos políticos. Fue un momento histórico, donde se expresó de manera nunca registrada en Colombia la solidaridad con las víctimas del plagio y sus familias. Que esa movilización produjo efectos entre quienes cometen tales horrores, lo demostraron después quienes fueron liberados o rescatados de las manos de sus victimarios.
Ahora, la cita es para reclamar de nuevo la libertad de todos los secuestrados, sin distingo alguno. En la selva aún quedan 25 soldados y policías, algunos de los cuales cumplen diez años de cautiverio, porque sus plagiarios los consideran un elemento de negociación. Esos colombianos necesitan que la sociedad y el mundo vuelvan a reclamar su libertad, haciéndole entender a las Farc que su chantaje con la vida de esas personas es inaceptable. Y que es innecesario, porque siempre existirán caminos para entablar una negociación, ninguno de los cuales puede incluir el poner en riesgo las vidas de sus víctimas y la tranquilidad de sus familias.
Pero también hay que reclamar la libertad de aquellos que están en poder del ELN, de la delincuencia común o de los grupos que sucedieron a las mal llamadas Autodefensas. Sin entrar en consideraciones sobre la motivación económica o política del secuestro, lo que la Nación quiere decir es que ya no acepta ese comercio con la vida. Que rechaza la amenaza a la libertad y a la vida para conseguir dividendos de cualquier especie.
Ya son muchos años en los cuales Colombia ha padecido las atrocidades de ese infernal negocio. Por eso, después de un doloroso proceso a través del cual debió tomar conciencia de los horrores del secuestro y del daño que le ha causado, ahora se pone de nuevo en pie para demostrar su rechazo y exigir el fin del chantaje. Nada justifica entonces que quienes explotan la tenebrosa industria persistan en sus crímenes. Y que alguien la considere válida como medio para conseguir reconocimientos políticos o concesiones imposibles de otorgar si se persiste en el menosprecio por uno de los atributos principales del ser humano.
Por eso hay que cumplir hoy la cita con la libertad en las calles de Colombia y de muchas ciudades del mundo. Al final de la marcha, miles de artistas en todo el país y en muchos lugares del planeta se unirán a los manifestantes para cantar su solidaridad con quienes han padecido el yugo de un secuestro. Para pedir la liberación de los que aún soportan sus cadenas y para rendir un homenaje a los que ya no regresarán con vida. Es el mensaje que deben entender aquellos que aún persisten en utilizar la vida de sus semejantes para imponer sus oscuras ambiciones.